#DíasdelFuturo Pasado 100
Por Jorge Tadeo Vargas
Marcelo Ebrard presentó en la COP 27, que se celebra en Egipto esta semana, el programa federal para la mitigación de Gases de Efecto Invernadero (GEI), con el cual asegura que van a lograr la reducción del treinta y cinco por ciento de estas emisiones. Pasaron de argumentar que sería un veintidós a un treinta y ahora aumentaron cinco por ciento más en menos de un mes. Todo un logro en papel, que no tiene pies ni cabeza en la práctica, ni siquiera un fundamento científico.
Hace un par de semanas en esta misma columna hable de como este programa no solo no es realista, sino que puede ir en prejuicio de la naturaleza por los impactos que se darán, al ser un proyecto sin enfoque ecosistémico, que solo busca pintarse de verde para continuar mercantilizando la naturaleza. Por lo que no voy a escribir más al respecto. [i]
En la presentación del programa, Ebrard, se hizo “acompañar” de John Kerry, quien es el responsable del gobierno estadunidense para los temas relacionados con el clima. El cual también acompañó al presidente López Obrador hace unas semanas cuando presentó el mismo programa en la ciudad de Hermosillo -alias Ankh-Morpork-. Para muchos analistas, esto es una buena noticia y ven con buenos ojos que los dos gobiernos estén “colaborando” en el tema del cambio climático, y claro si lo ven desde el punto de vista económico pueden tener razón, es una buena oportunidad de negocios, claro la historia nos dice que quienes saldrán ganando de las negociaciones será el gobierno de Estados Unidos.
Pero entonces si lo vemos desde ahí, desde lo que tenemos enfrente, lo que nos está tocando la puerta, con esta colaboración es la entrada del nuevo colonialismo, ahora disfrazado de verde, enmarcado en el Green New Deal que es la punta de lanza de la política exterior y climática propuesta por Joe Biden, que si además lo sumamos a la victoria conseguida por el partido demócrata hace unos días, el panorama se presenta desolador, aunque el gobierno federal y estatal -en el caso de Sonora- lo presenten como una gran oportunidad de desarrollo, que sabemos lo que significa, a mayor desarrollo económico capitalista, es mayor devastación socio-ambiental, mayores emergencias socio-ecológicas, más privatización y perdida de ecosistemas.
Es importante entender que, para el gobierno estadunidense México es estratégico, en el objetivo trazado del Green New Deal, no solo por lo que significa el Litio, en los nuevos planes de colonialismo verde, sino también en lo que respecta a los planes del gobierno mexicano y su transición energética enfocada en granjas solares en la frontera, como la base de esta transición. Aquí el Plan Sonora es fundamental para que se logre todo lo que se está articulando.
El Plan Sonora consiste básicamente en convertir miles de hectáreas -inútiles desde el punto de vista económico pero importantísimas, desde el ecológico, tomando en cuenta que vivimos en un desierto- y convertirlas en las llamadas “granjas solares” que no son más que miles de paneles solares ocupando territorios para producir energía de forma centralizada y en megaproyecto. Dos de las formas más agresivas, extractivas y privatizadores de producir energía. De esta forma es en la que pretenden comenzar la transición del uso de combustibles fósiles a los llamados renovables. Al menos eso es lo que aseguran los armadores del programa de la cuarta transformación, donde obviamente también aseguran lograran la reducción de emisiones de GEI a la atmósfera. Una clara salida de final de tubería que no contabiliza ni la extracción de los materiales para la producción de los paneles solares, o del material para la distribución, no contabiliza la pérdida de ecosistemas que son espacios vitales para adaptarnos al cambio climático, ni se refiere a los desplazados, ni para que o quién se usará la energía obtenida.
Este plan, no está encaminado a que la transición energética se de en forma justa, de acuerdo con las necesidades del Estado de Sonora en general y de las comunidades vulneradas y la naturaleza que se verán más afectadas por las miles de hectáreas que se utilizarán en la construcción de las granjas solares propuestas, ni hablar de la cantidad de dinero que se necesita para megaproyectos de este tamaño. Es un plan que no busca atender las necesidades reales de las comunidades -llámense municipios o poblaciones- que no parte de un enfoque ecosistémico -urgentísimo para cualquier proyecto actual- sino que busca mantener en primer plano las necesidades del sistema, que es mercantilizar todo a su alrededor. El Plan Sonora generará una serie de costos socio-ambientales que no verán reflejados esa reducción de emisiones de GEI de la que tanto habla el gobierno federal y que ha presentado en Egipto con bombo y platillo para beneplácito de investigadores y activistas que por alguna extraña razón ya festejan este “compromiso” que no es ni vinculante y que no es más que una falsa solución a una problemática real de crisis climática que se traduce en crisis socio-ecológica.
Pensar que este plan -a decir verdad, todo el programa contra el cambio climático, mal nombre, por cierto- es un avance ante la crisis climática y que con esto se logrará reducir un mínimo (dejen de pensar en el treinta y cinco por ciento, ese ni soñando) es por lo menos ingenuo, peor aún viendo la postura de muchos investigadores o activistas, directores de ONGs transnacionales, donde raya en la complicidad ya sea por omisión o por ignorancia.
Hay que entender que estamos ante la encrucijada de adaptarnos, lo cual se presenta de dos formas, o nos adaptamos a la forma salvaje, que significa este capitalismo tardío, llamado neofeudalismo, con todo lo que eso conlleva, o buscamos formas más solidarias de pasar la transición, con mucha cooperación, mutualismo, apoyo mutuo. Definitivamente no hay un planeta B, como dicen las consignas, pero si tenemos dos opciones ante, no el fin de la humanidad, sino de un cambio de sistema socio-económico. Está en nosotros que tipo de organización civilizatoria queremos a corto, mediano y largo plazo.
Noviembre, 2022
Desde la frontera con Elisyum
Jorge Tadeo Vargas, escritor, ensayista, anarquista, a veces activista, pero sobre todo panadero casero y padre de Ximena. Está construyendo su caja de herramientas para la supervivencia
[i] https://liberaradio.com/la-falsa-politica-climatica-de-la-4t/
Foto principal tomada de https://www.pv-magazine-mexico.com/



