LUIS ENRIQUE ORTIZ

Pasadas las primeras espectaculares 72 horas del segundo gobierno de Donald Trump el peso se fortalece, las cifras de inflación -en Mexico- son alentadoras y por si fuera poco el SAT reporta superávit fiscal, lo cual sumado a otros indicadores como empleo, Inversión Extranjera Directa (IED), remesas y reservas internacionales, hacen inferir que la economía de México va muy bien.

Si bien es cierto el peso ha venido cayendo más o menos de manera “suave” desde octubre, la moneda mexicana ha logrado resistir los procesos de fortalecimiento que ha experimentado el dólar en especial los ocurridos en torno a la elección de Trump y su faraónica toma de posición el pasado 20 de enero.

Un dólar estadounidense llegó a costar $20.83 el 16 de enero, pero si quien lo compró lo quisiera vender el precio promedio al que podría hacerlo hoy sería de 20.41, cual es una pérdida para la divisa gringa y una ganancia para el peso.

No sólo eso, habría que destacar que por más que sea una tendencia nada descartable, el dólar no ha siquiera rasgado la barrera sicológica de los 21 varos.

Así, con la “impunidad” que le dan las cifras que expresan múltiples hechos, la compañera presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, puede y debe presumir que no sólo hay estabilidad cambiaria y de precios, sino un país que sana a la vez que crece y poco a poco entra más al ancho aro del desarrollo.

Al parecer el mercado no tomó muy en serio las amenazas de Trump contra México de tipo arancelaria, humanitarias, migratorias y de militarización fronteriza, por lo que la estrella de nuestra comandanta en jefa de las Fuerzas Armadas, seguirá brillando y con un nivel de aprobación que duplica el del presidente Donald Trump.

Los llamados a la calma que estuvo haciendo desde noviembre -la presidenta- no sólo era los obligados de todo gobierno soberano que no se rinde ante el pánico de la percepción manipulada, sino con la certeza de que en el fondo Donald Trump sabe que cumplir al pie de la letra todas sus promesas, en especial las relacionadas con México, puede tener consecuencias devastadoras para la economía estadounidense.

La solidez de la economía mexicana, encabezado por una mujer que no se deja intimidar por el hombre más poderoso del mundo, está insertada en la médula espinal de la economía más grande del planeta, por cierto la que más consume y más contamina.

Más allá de que ya no llegan caravanas de migrantes a la frontera norte de México y que el número de deportaciones es menor en este momento que con presidentes como Barack Obama, por ejemplo, la cosa es más cabrona: el 80% de los mexicanos en Estados Unidos son residentes o ciudadanos por nacimiento o naturalización y la mayor parte del 20% restante, tienen algún tipo de permiso o visado que ampara su legal estatus en el país vecino.

Pero eso es lo de menos, si las personas de origen latino que viven en Estados Unidos fuesen un país serían el Producto Interno Bruto número cinco a nivel global sólo por debajo de Estados Unidos, China, Japón y Alemania y por encima de India, Reino Unido y Francia.

La población con origen al sur del Río Bravo, consume el 45% de las casas nuevas que se construyen al año en EEUU. Sostienen en gran parte al básico mercado inmobiliario de este país, pese a ser sólo el 19.5% de su población.

La cosa tal vez no sería tan relevante para México, si no fuera porque el 60% de ese universo en crecimiento es de origen mexicano.

La población latina en Estados Unidos es parte no sólo de su tejido social, sino que ya es parte del ADN capitalista del imperio.

Tal vez el miedo de Trump y demás supremacistas xenófobos, es que mientras la tasa de crecimiento de la población anglosajona es cada vez más lenta, los latinos tienen familias con más hijos, son muy estudiosos y altamente emprendedores.

El pánico no es a que le quiten a los “weros” trabajos de lava platos, jardineros o albañiles y similares, sino a que al envejecer y morir los descendientes del “Baby Boom”, más que por China, sean desplazados por aquellos originarios de países que hace no mucho fueron considerados colonias.

Salud.

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