Por Axel Chávez
Una comunidad indígena en Durango ahorca a dos personas a quienes acusa de hechicería; cuando han muerto, incinera los cadáveres, cuyos restos se pierden entre fuego y leña. Es 1984. Dos años antes, en Campeche, una mujer dijo haber tenido una revelación: debía construir un arca para salvarse de un torrente de agua que caería del cielo para acabar con la humanidad; sus vecinos la acusaban de practicar brujería.
Aquel 1982 fue el mismo año en el que, en una reunión de directivos del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) en Villahermosa, Tabasco, se tocó un tema preocupante: una “bruja” pretendía hacer “un trabajo” para quitarle la vida a un senador.
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No son relatos de ficción: la Dirección Federal de Seguridad (DFS), el órgano de espionaje del régimen priista, documentó los casos tras la vigilancia a un sector que llamó la atención de la cúpula: “Brujos”; también, otras historias las conocieron de manera circunstancial, en el seguimiento cotidiano hacia sus objetivos y en los territorios de interés.
Los documentos se encuentran en el Archivo General de la Nación (AGN) como parte de la historia del México moderno del siglo XX, pero en el acervo de lo que fue la antigua cárcel de Lecumberri también se encuentran historias de juicios que terminaron en condenas por presunta hechicería; entonces, la Inquisición ordenó alguno de dos: el castigo o el destierro.
Cenizas en el umbral
Matilde Díaz Rangel y Alejandro Barraza fueron colgados del cuello hasta la muerte. Ocurrió en la plaza principal de una comunidad que se regía por sus tradiciones y tenía sus propias autoridades.
En el poblado rural donde vivían los acusaron de practicar brujería, porque supuestos designios ocultos habían cobrado vidas de indígenas. Luego el fuego consumió sus cuerpos en el panteón, ante la mirada de comuneros que veían la piel, la carne y los huesos consumirse hasta ser cenizas. La llama después se perdió entre la tierra.
Esta trama de asesinatos por supuesta hechicería fue documentada por los agentes de la Federal de Seguridad en diferentes informes, además de crear ficheros con los nombres de los implicados.
DIAZ Rangel, FLORENTINO 010-020-017
20 Dic.84
Mezquital, Dgo. -Ayer 30 indígenas Tepehuana de la Comunidad de la Guacamaya de este Mpio. ahoracaron en la plaza principal a dos personas por ordenes de este dirigente llamado “El Gobernador” incinerándolos en el panteón del lugar, acusados de brujería y hechicería; por lo que fue detenido por la Pol. Jud. Del Edo. uno de los accisos es su hermana de nombre Matilde, mismos apellidos.-Pmmc
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CONSEJO SUPREMO TEPEHUANO EN 010-020-017
DURANGO 20 Dic.84
Mezquital, Dgo. -El Lic. JOSE DURAN VALENZUELA, Jefe de la Pol. Jud. del Edo. informó que ayer en la comunidad indígena de la Guacamaya de este Mpio., un grupo de 30 indígenas ahorcaron en la plaza del lugar a Matilde Díaz Rangel de 44 años y Alejandro Barraza N. de 55 años, ante la presencia y complacencia de 300 indígenas, posteriormente en el panteón del lugar fueron incinerados, estos asesinatos fueron llevados a cabo por instrucciones de FLORENTINO DIAZ RANGEL, llamado “Gobernador” de esa comunidad, porque los occisos realizaban actos de brujería, hechizos, homicidios en perjuicio de los indígenas de la región; la mujer asesinada es hermanda del mencionado dirigente DIAZ RANGEL; elementos de la Pol. Jud. del Edo. detuvieron en la madrugada a 22 indígenas encabezados por DIAZ RANGEL, los cuales fueron trasladados a las oficinas de la corporación en la Cd. de Durango, para investigar y deslindar responsabilidades. -Pmmc
Dos informes más, cada uno con el nombre de las víctimas, narra la misma historia. Aunque con palabras inexpresivas, sin atmósfera ni sensorialidad, los archivos dan cuenta del doble homicidio. Como si fuera sobre una lápida, o parte de un epitafio, los agentes de la DFS –corporación inmersa en múltiples violaciones a derechos humanos, desapariciones forzadas y posibles asesinatos extrajudiciales– colocaron tanto en la ficha de Matilde como en la de Alejandro una sigla del latín: “R.I.P.”, el «Requiescat in pace», que en español se traduce como «Descanse en paz».
Como Noé
El capítulo 6 del libro de Génesis dice que al ver la malicia de quienes habían poblado la tierra, y porque todo designio de sus pensamientos era de continuo solamente el mal, Jehová –del hebreo Yhwh– decidió traer sobre la faz de la tierra con un diluvio a toda la creación, “desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo”. Sólo una familia sobreviviría, la de Noé, quien debía construir un arca de madera de Gopher, con aposentos para resguardar una pareja de cada especie animal.
Así como en la historia de Noé, pero en la región suroeste del país, en la península de Yucatán, María Regina Pérez de Conde llamó la atención de la DFS porque construía un armatoste de madera y pregonaba la llegada de un cataclismo. Sin embargo, para sobrevivir a él había que reservar un lugar en el habitáculo de palo, leño y fuste que ella erigía. Con un precio: diez mil pesos.
Fue el año de la devaluación de la moneda nacional al fin del sexenio de José López Portillo, quien prometió que defendería el peso “como un perro”, pero el tipo de cambio pasó de 22.69 pesos a 70.00 pesos por un dólar. Sin embargo, aún con la devaluación, el costo por cada espacio para sobrevivir al fin de la era equivalía a 142 dólares, cuando el salario mínimo en México para entonces era 244.83 pesos; es decir, 3.5 dólares.
La historia fue incluida en un fichero denominado “B R U J O S.”, en el que la Federal de Seguridad incluyó tres actualizaciones.
La primera es un reporte del 12 de noviembre de 1980 con el folio 025-033-001. En éste, los agentes de la policía política relatan que dos personas detenidas en Culiacán, Diego Alemán Noriega y Roberto Herrera Osuna, confesaron que en marzo de 1979 en San Ignacio, Sinaloa, asesinaron de cinco balazos a José Vizcarra N. El argumento que dieron para quitarle la vida fue “por brujo”.
La segunda actualización en el fichero es la historia del arca de María Regina, con folio 004-012-004, fechada el 26 de mayo de 1982:
Campeche, Camp. -En el domicilio particular de AUREA BOBADILLA VDA. DE CAMBRANIZ, vive MARIA REGINA PEREZ DE CONDE, la cual se dedica a la hechicería, diciendo ser enviada de dios, quien le indicó que se va a cabar el mundo el próximo 23 de febrero de 1893 por lo que ha iniciado una construcción de una especie de Arca, donde se refugiarán los que no quieren perecer., PEREZ DE CONDE ha elaborado boletos para abordar dicha nave cuyo valor es de $10,000.00, los que han adquirido diferentes personas, tal es el caso de MANUEL AGUILAR ex-Comisariado Ejidal del Poblado Sascalum, por lo que hay descontento entre los vecinos del lugar ya que se queman grandes cantidades de huevo cuyo olor afecta a los mismos, quienes han manifestado que si no interviene las autoridades ellos quemarían la citada nave.—-mmg
Historias de una gran inundación, similares a la narrada en el libro de Génesis, también aparecen en otras culturas y civilizaciones antiguas alrededor del mundo, con elementos comunes como un diluvio catastrófico o por castigo divino, la supervivencia de un grupo reducido de personas y seres vivos, así como la reconstrucción de la vida tras la hecatombe, entre éstas la epopeya babilónica de Gilgamesh (circa 2100 a.C.), que relata la historia de Utnapishtim, quien recibe la orden divina de construir un barco para salvar a su familia, animales y plantas de un diluvio enviado por los dioses para destruir la humanidad.
En la mitología hindú, Manu, el primer hombre, es advertido por un pez que se identifica como el dios Vishnu en su avatar Matsya sobre un diluvio inminente. Manu construye un barco y, guiado por el pez, sobrevive al diluvio, convirtiéndose en el progenitor de una nueva humanidad, mientras que la mitología sumeria, Ziusudra fue un hombre advertido por el dios Enki sobre un diluvio, y también construye un barco para salvarse.

Imagen ilustrativa de un archivo de la DSF tomada de la página de la AGN
Pero en 1982 el diluvio advertido por María Regina Pérez de Conde no llegó y ella fue detenida el 28 de mayo por la Policía Judicial del estado, “en virtud de dedicarse a la hechicería, ya que durante sus ritos quemaba gran cantidad de huevo”, reportaron luego los agentes de la DFS asignados a Sinaloa en un adendum a la ficha 004-012-004.
Periódicos de la época también documentaron la historia, con una gráfica del “arca” en construcción, a la que luego, cuando Pérez de Conde fue detenida, llamaron “La nave del olvido”, igual que el sencillo homónimo del segundo álbum de estudio (1970) de José José.
Pero de “La nave del olvido” de María Regina permanecía en el sitio donde habría de llegar la tormenta y luego el cataclismo. Al interior del lugar, por la custodia policial, no se permitía la entrada a desconocidos. En los archivos de espionaje no hay continuidad de la trama ni del destino de la supuesta “hechicera”; así, con ese mote, la describieron en los documentos que elaboraron los agentes.
El temor desde el poder
En política también hay sincretismo religioso. En Los brujos del poder (Grijalbo, 2008), José Gil Olmos narra pasajes como cuando a los 27 años Francisco I. Madero tuvo contacto con varios “espíritus” que lo guiaron durante el movimiento político que detonó en la Revolución, y le hablaban de la importancia que él tendría para la historia del país. Eran principios de 1900 y uno de esos “espíritus” llevaba el nombre de un hermano de Madero que murió en un incendio a los cuatro años, Raúl.
La DFS igualmente legó esbozos sobre esta sinergia en la segunda mitad del siglo pasado.
De la vigilancia que el régimen priista hizo al Partido Socialista de los Trabajadores (PST), en Tabasco dejó una ficha del 4 de junio de 1982 (024-037-018) en la que uno de los líderes del instituto político afirmó que tenía conocimiento de que “el candidato a Senador suplente de la República por el PRI, SALVADOR CAMELO SOLER, había entregado $40,000.00 a una señora que se dice bruja y que vive en la Col. Talmuté, de apellido García, para que le haga una brujería al candidato propietarios a Senador por el PRI, Lic. HUMBERTO HERNANDEZ HADDAT, para que pronto muera y él ocupe su lugar”.
Se emitieron dos reportes sobre este asunto, sin aportar más información.
Camilo Soler fue autor de obras como Tabasco. La historia y el mito 1923 – 1935, y Somos Mestizos. Él mismo fue objeto de seguimiento de la DFS, que dejó informes sobre supuesta invasión de tierras con fines políticos y de buscar la “Dirección de Ferrería” en el gobierno federal (Comisión Fideicomisaria de Metales no Ferrosos), porque cuando Ruiz Cortines ocupó tal cargo “por una ventana le pasaban costales de dinero”.
En tanto, la carrera política de Hernández Haddad siguió con el PRI y sobrevivió a la caída del otrora partido hegemónico. El 1 de diciembre de 2018 el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador lo nombró subsecretario de Turismo, y el 29 de abril de 2024 el Senado ratificó su nombramiento como cónsul general de México en Austin, Texas.
La DFS también siguió a personas y agrupaciones presuntamente asociadas al ocultismo, brujería o satanismo; incluso, en uno de sus apuntes incluyó algo sobre lo que definía como un credo nuevo, supuestamente descubierto: “la mayoría de la gente relaciona satanás o demonios con excesos y crímenes, viviendo con demagogia que es utilizada por los periodistas y las religiones”, para luego capturar estas palabras: “en el pasado, algunos crímenes se llevaron a cabo en nombre de Dios, y que ahora han cambiado de bando”.
De los archivos se pueden extraer microhistorias como la de un hombre que se encontraba en la esquina Ángela Peralta y Avenida Juárez, en la Ciudad de México el primero de julio de 1983, cuando llegaron su amigo y otra persona para ofrecerle “curarlo del mal físico que padece”. Dice que se dedicaban a la brujería y le pidieron dinero para ocho cirios; le contaron que en Catemaco, Veracruz, eran muy conocidos. No quiso, pero le pidieron para los refrescos. Cuando estaban en ello, una niña “de escasos dos años” se acercó y rondaba entre ellos. El primer hombre preguntó si acaso estaría extraviada, pero el amigo le contestó que no, que ayer estuvo con ella y se la había ido a dejar a la mamá, sin decir quién era la mamá. La niña se fue y apareció tres minutos más tarde; veía que se metía entre las piernas del amigo con mucha confianza. “Decídete a que te cure”, le dijo por última vez, y se fue con la menor sin terminarse el refresco. Eso narró, pero resultó que el hombre siempre estuvo solo, que actuaba sin compañía.
Para Gil Olmos, quien ha indagado en el ocultismo, el poder y el pensamiento mágico, premisas de las que derivaron obras como Los brujos del poder, Santos populares y El pastor de masas, “nada es casual, todo es causal”, y en una sociedad en crisis constante, como el México desde antes de la Revolución, lo que no está en crisis es la fe, que es inversamente proporcional al vacío social.
Brujos y brujas en la Inquisición
Uno de los casos más documentados entre los de herejía, apostasía, hechicería, supersticiones o brujería llevados por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en la Nueva España, en la época Virreinal, fue el proceso inquisitorial por el delito de hechicería contra Josepha [Josefa] o Josefa Ramos, de San Joseph, mestiza, natural de Valladolid [hoy Morelia] y conocida como la chupa ratones.
A finales de los años 1600 fue acusada de llevar a cabo maleficios con asistencia de los demonios. En el proceso hubo referencia a otras brujas y endemoniadas de Querétaro, una de ellas “enamorada del demonio”.
Las testificaciones del último caso se llevaron a cabo ante el comisario del Santo Oficio de la Inquisición en la Ciudad de Santiago de Queretaro [Querétaro], don Joseph de Frias [Frías], entre ellas: Diego de Nabarilo, soltero, español, vecino y mercader de la ciudad de Santiago de Querétaro; Ana de la Cruz, doncella, hija de Francisca de Velasco y vecina de la misma ciudad, al igual que Agustín de los Reyes, quien también testificó contra “la Ramos”, una india Catalina conocida como la mexicana y Francisca Mexia [Mejía], “cuyos actos de hechicería fueron el uso de hierbas y maleficios, como el que presenció Ana de la Cruz en casa de Francisca Mexia [Mejía], quien asistiera en un exorcismo a una mujer que le creció el estómago de manera sobrenatural y se dijo que tenía dentro un demonio”.
Para Josefa, el Tribunal ordenó un embargo de bienes, pero no tenía ninguno. Fue presa en las cárceles secretas de la Inquisición de la Nueva España y sentenciada al destierro de Querétaro por una década. El primer antecedente del caso es un oficio de 1686, pero después llegó al arzobispado de México.
Los archivos del Fondo Inquisición –conformado por mil 773 volúmenes que datan de 1522 a 1819– muestran que las acusaciones sobre supuestas prácticas ocultas alcanzaron a cientos de personas, principalmente mujeres.
Los documentos resguardan declaraciones como la de Francisca de León en contra de una difunta, “María”, mulata por prácticas de hechicería, porque “le dijo a otra mujer que con unos gusanos hechos polvo se los daba a su marido, y aun y cuando fuera adúltera ante los ojos él no se daría cuenta” (Villa de Valles, Zacatecas, 1686), o la denuncia de Antonio de Rosas, “gentil hombre de cámara, servidor del conde de Baños en contra de Isabel de Bustamante, dueña de la marqueza de Leyva por hechicería”, pues “vieron que traía muñecas, envoltorios de cabellos y otras cosas” (Ciudad de México, 1665).
Así, las acusaciones recurren: “Denuncia de fray Mathías de Reuta, confesor del convento de Guastepe (sic) por aviso de Lucas Amora, sobre las relaciones ilícitas que tenía Joseph Montemayor con María de los Ángeles, mulata, por darle algunos hechizos para ganar en el juego (Sin lugar exacto de expedición, 1672); “Declaración de Fernando Centeno, regidor y vecino de Campeche, por la cual dice que el capitán Francisco de Olano le dijo que estando preocupado por la elección de Alcalde, María de Salas, mulata venida de Cartagena, le dijo que no le faltaría ni un voto; la acusa de hechicera” (Campeche, 1639).
En 1642 llegó al Tribunal del Santo Oficio la denuncia del padre Juan Ortiz contra doña Leonor Enríquez de Montalvo, “por dar de beber peyote a una persona para que encontrara una recua que había perdido”, se refería a un conjunto de animales de carga que le servían para trajinar que no encontraba. El delito imputado: hechicería.
En 1643 llegó una carta de Joaquín de Buenaventura, un religioso de las villas de Salaya, al Tribunal. El hombre avisaba de María de Aguilar, “sobre unas hechiceras y brujos, dirigidas por una mulata, y que con sus hechizos ya habían matado a varias personas”, mientras que en 1700 en Agualulcos el comisariato del Santo Oficio en Tabasco recibió la denuncia de Catalina de [en esta parte el documento original está roto], mujer de Joseph Beltrán, en contra de Ana “Dientes”, por hechicería, “ya que la denunciante está enferma de ‘sus partes ocultas’ y ningún remedio le aprovecha”.
Para que hubiera un o una presunta culpable, eran necesarios testigos, que no necesariamente tenían que probar sus dichos, por ello entre los expedientes abundan las testificaciones, como las dirigidas contra Juan de Llanes por hechicería, porque “usó tortolillas para que la mujer no fuera celosa” (San Felipe y Santiago; Sinaloa, 1627); de Dominga, mulata, esclava de Alonso Bibas, “contra sí, por usar polvos para amansar a su ama” y cometer “hechicería” (Tepeaca, 1626); de María Meléndez “contra sí misma por intentar quitarse verrugas con hechicería” (Tepeaca, 1626), o de Margarita de Tovar contra Isabel Gutiérrez “por querer lavar a su hermana difunta”, y de una mulata llamada María de San Blas contra Antonia, esclava, “por hechicerías para que los hombres la quisieran” (Villa de Santa Fe Guanajuato, 1660).
*Las erratas en ortografía, puntuación y coherencia textual incluidas en las fichas son parte de la escritura original.
Publicado originalmente en http://LadoB





