Alejandro Valenzuela/Vícam Switch
Después de 31 años de sostener la tesis del asesino solitario, la FGR detuvo otra vez (la primera fue en 1994) a José Antonio Sánchez Ortega, acusado de ser el segundo tirador en el asesinato de Luis Donaldo Colosio. Antes de que quieran desempolvar el misterioso caso de quién le quemó las patas a Cuauhtémoc, quiero recordar tres historias de estrambótico y cómico misterio policiaco, empezando por una relacionada con aquel asesinato.
PRIMERA HISTORIA. LOS CRUCES DEL DESTINO
Todavía hoy existen unas cuantas personas que me dicen “Colosio” porque se decía, en aquellos tiempos, que el asesinado candidato del PRI a la presidencia de la república y yo teníamos un parecido físico.
El día que mataron a Colosio, circunstancialmente estuve en el aeropuerto de Tijuana casi al mismo tiempo que el candidato. Siendo coordinador de la Maestría en Economía Aplicada de El Colegio de la Frontera Norte, en Tijuana, fui enviado al sureste mexicano a promover los programas de posgrado que ofrece la institución.
Después de recorrer universidades, institutos y centros de investigación científica, decidí extender mi estancia en San Cristóbal de las Casas por un día para ir a conocer a los personajes del momento: los milicianos del EZLN, que tres meses antes se habían levantado en armas contra el estado mexicano. Hasta pensé que podría platicar con el subcomandante Marcos. Tomé un taxi y emprendí el recorrido rumbo a Ocosingo, ubicado a unos 60 kilómetro hacia el sureste de donde me encontraba. Cruzamos sin problemas los primeros dos retenes, pero fue imposible franquear el tercero, mucho más numeroso y armando. Los guerrilleros, que se cubrían el rostro con pasamontañas, me regresaron por donde había llegado.
Aquel fatídico 23 de marzo, caminé por los pasillos del aeropuerto de Tijuana asombrado por el despliegue policiaco-militar. En esos momentos ignoraba que llegaría un personaje de ese calibre, pero tampoco me detuve a preguntar. Tenía prisa de llegar a mi casa. Salí de la terminal aérea, tomé un taxi y fue el taxista el que me informó que estaban esperando al candidato del PRI. En la ciudad, normalmente fea pero atractiva, se percibía cierto ambiente festivo. Pequeños grupos de personas se dirigía, ataviados de banderas, hacía donde supuse que sería el mitin. Cuando el taxista me dejó en mi casa, en Playas de Tijuana, me dijo: “Creo que por esta vez sí vale la pena votar por el PRI”.
Estábamos comiendo cuando tocaron a la puerta como la toca alguien que lo hace con desesperación. Era nuestro vecino, un chaparrito no muy simpático, que venía a informarnos que en la televisión estaban transmitiendo la noticia del atentado… Nos quedamos como congelados. Nuestro vecino hasta lloró. Días después nos enteramos de que aquellas lágrimas se debían a que se habían derrumbado sus sueños de grandeza porque, según él, llegado el nuevo gobierno sería llamado para ocupar un importante puesto.
Nos prendimos de la televisión hasta pasadas las 19 horas, en que Talina Fernández le anunció a Jacobo Zabludovsky la muerte del candidato. Esa noche nos fuimos a dormir con el ánimo apachurrado por este México nuestro que no había registrado un hecho así desde el 17 de julio de 1928, cuando León Toral asesinó a Álvaro Obregón, en La Bombilla, allá en el barrio de Chimalistac de la Ciudad de México.
Al día siguiente empezaron los rumores. Se dijo que al gobernador de Sonora le habían prestado tantito al asesino para hacerlo confesar; que en un taller mecánico de San Antonio de los Buenos, barrio al oeste de Tijuana, habían encontrado muerto a otro Mario Aburto; que había un segundo tirador, que era el Sánchez Ortega que ahora han vuelto a detener; que se había tratado de un complot tramado en las más altas esferas del poder y hasta había quienes especulaban con un mensaje cifrado, decían, de la canción “Ay, la culebra”, que ambientaba el mitin de Lomas Taurinas.
De pronto me asaltó la inquietud. Si había dos Aburtos y el complot venía de muy arriba, quizá allá en las alturas, como en el cuento titulado “el guion cinematográfico” de Ibargüengoitia (que al charro, al perro y al caballo le añadieron un extraterrestre para darle interés a la película), necesiten dos Colosios para darle nuevo interés a ese ya viejo asesinato. Me estremecí…
SEGUNDA HISTORIA. LOS DEMONIOS ANDAN SUELTOS
En septiembre de 1994 fue asesinado José Francisco Ruiz Massieu, secretario general del Partido Revolucionario Institucional. En la misma escena del crimen fue atrapado el asesino material, Daniel Aguilar Treviño, que confesó que había sido contratado por dos diputados federales, uno de ellos llamado Manuel Muñoz Rocha.
El presidente de la república, Carlos Salinas de Gortari, nombró a Mario Ruiz Massieu, hermano del asesinado (ambos cuñados del presidente), como procurador especial del caso. El hermado fue investido de todos los poderes. Tanto así que, uno de esos días aciagos, un comando de la policía federal entró a la sede del PRI con despliegue de violencia, hubo algunos disparos y salió de allí llevando lo que parecía un detenido encapuchado pero que después se supo que era un monigote. Luego, Mario acusó de complicidad a un anciano senador (de cuyo nombre no puedo acordarme) a quien, de la pura impresión al verse involucrado, le dio un infarto en plena sesión del Congreso… Mario Ruiz Massieu justificó el ambiente en el que se desarrollaba la investigación con una frase un tanto misteriosa: “Los demonios andan sueltos, y van ganando”.
Manuel Muñoz Rocha desapareció en cuanto su nombre empezó a circular en los medios de comunicación. Lo buscaron, dijeron entonces, hasta por debajo de las piedras, pero no lo encontraron.
En esos tiempos sucedió el cambio de gobierno. Ernesto Zedillo nombró a Pablo Chapa Bezanilla como procurador de la república. Para entonces se descubrió que Mario Ruiz Massieu no era lo que decía ser, se le descubrió la típica corrupción y hasta se insinuó complicidad en el asesinato de su hermano. Huyó a los Estados Unidos, fue puesto tras las rejas en espera de ser extraditado a México, pero se suicidó en su celda.
Chapa Bezanilla emprendió una frenética investigación para localizar a Muñoz Rocha. El sagaz procurador contrató a Francisca Zetina, conocida como la Paca, una famosa adivina que vivía en un barrio de Iztapalapa. Después de unos pases de manos sobre su bola de cristal (aquí las fuentes son meramente especulativas), la Paca dijo que “veía” un cadáver en una finca grande y lujosa llamada El Encanto, ubicada en el lujoso sur de la Ciudad de México. Casualmente, esa finca era propiedad de Raúl Salinas de Gortari, ex poderoso hermano del expresidente.
(Como nota al margen, el llamado “hermano incómodo”, en aquellos tiempos le prestó, así, como quien ve cuánto trae en la cartera, 20 millones de dólares al actual dueño de la televisión azteca para que comprara esa empresa que entonces era propiedad del gobierno).
Pues ahí van en medio de un aparatoso despliegue policiaco a allanar la finca El Encanto. En las noticias veíamos que escarbaban aquí y allá, pero no cejaron en el empeño hasta que la Paca, parada en medio del jardín, vestida con una gran bata floreada y un turbante, señaló con el dedo un punto del suelo.
Allí, en ese punto, encontraron un esqueleto. Expectación total. Las cámaras enfocaron al muerto y la sonriente calavera ocupó toda la pantalla de la televisión. Chapa Bezanilla declaró a los medios que, por fin, gracias a la sagacidad de la procuraduría (de él, quería decir) fue encontrado el cadáver de Muñoz Rocha.
Como la prensa siempre ha tenido ese afán malsano de echarle a perder al gobierno las buenas noticias, pronto se supo que el esqueleto encontrado no era de Muñoz Rocha, sino del suegro de la Paca, que había sido desenterrado de un panteón de Iztapalapa para ser enterrado subrepticiamente en El Encanto para ser encontrado cuando lo buscaran.
De todas maneras (los designios de la justicia mexicana siempre han sido misteriosos e infinitos) Raúl Salinas fue a la cárcel, la Paca se perdió en la bruma de la indiferencia pública, el pistolero fue sentenciado a 50 años de prisión y poco a poquito la justicia mexicana se fue olvidando del asunto. De Muñoz Rocha, nuca más se supo nada.
Continuará…
Publicado originalmente en: https://www.facebook.com/alejandro.valenzuela.7921

