La captura del presidente de Venezuela Nicolás Maduro a través de un operativo militar ordenado por el mandatario Donald Trump ha desvelado en nuestro país la faz más recalcitrante de la derecha, la ultraderecha, la oposición política y los detractores del partido en el poder. Su discurso ideológico ha demostrado que no solo quieren recuperar el poder y los privilegios que usufructuaron durante décadas, sino también que tienen en la mira suprimir algunos de los derechos económicos, sociales y culturales que fueron obtenidos a través de demandas enarboladas por los movimientos sociales.
El discurso de odio hacia todas las posturas de izquierda y las conquistas de los grupos históricamente vulnerables, mujeres, comunidad LGBTQ+, indígenas, adultos mayores, etcétera, tienen su asidero en las declaraciones y las acciones de la administración trumpista, en su delirio los panegiristas consideran que, con la ayuda y la presión directa o indirecta del gobierno norteamericano, tomarán por asalto el poder. No son pocos los que se solazan con reeditar en México una Noche de los Cuchillos Largos (en la que Hitler, en 1934, eliminó a todos sus adversarios dentro y fuera del Partido Nazi).
Algunos de los bloques opositores incluso alientan al gobierno norteamericano para que intervenga militarmente en México. Esos vendepatrias -no merecen otro apelativo- han demostrado que son incapaces de cambiar el estado de las cosas por medio de la participación política. Muchos están convencidos que a través de las redes sociales pueden encabezar la rebelión que restablezca sus privilegios y fueros.
La postura de la derecha, la ultraderecha, la oposición política y los detractores del partido en el poder, demuestra una repetición de patrones (la historia es cíclica), es decir su postura se asemeja a la que asumieron los conservadores que en el Siglo XIX ante su incapacidad para arrebatarles el poder a los liberales, impulsaron la intervención francesa en México, para instaurar en el poder a Maximiliano de Habsburgo, con la expectativa de recuperar los privilegios abolidos por el gobierno de Benito Juárez.
El nuevo impulso de la Doctrina Monroe -rebautizada como Don-roe por el actual presidente de los Estados Unidos de América- de manera particular en México puede llevar a un cierre de filas para defender la nación, lo cual es muy diferente a respaldar al partido en el poder. Es claro, que la salvaguarda de la soberanía nacional nada tiene que ver con la defensa de la clase política o la clase gobernante; a estas alturas pocas personas estarían interesadas en apoyar al grupo de funcionarios y políticos del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) y partidos aliados sobre los cuales pesan fundadas presunciones de su actividad corrupta.
De agudizarse la política intervencionista norteamericana, lo que estará en juego serán los derechos que en los últimos años ha conquistado la clase social históricamente sojuzgada, así como la soberanía nacional y sus recursos naturales.
Aquellos que hoy decretan la extinción de la izquierda (no propiamente partidista) y el movimiento social corren el riesgo de que su vaticinio choque con la determinación de la mayoría de la sociedad mexicana de resguardar las conquistas sociales que no fueron una concesión graciosa, sino que la anteceden la lucha de generaciones de ciudadanos que ofrendaron incluso su vida para cambiar las condiciones de injusticia y explotación.
El rápido desarrollo de los acontecimientos en Venezuela, incluso la determinación de Donald Trump de no imponer en el poder a los opositores del régimen que encabezaba Nicolás Maduro, demuestra que cualquier análisis sobre el curso que seguirá la política exterior norteamericana puede resultar apresurado. Debemos tener presente la frase celebre del expresidente norteamericano John Quincy Adams (1967-1848), «Estados Unidos no tiene amistades permanentes, sino intereses permanentes”.
Comportamiento judicial
La maniobra militar que derivó en la captura del presidente Nicolas Maduro, mostró en México la beligerancia, el resentimiento y el pensamiento reaccionario de muchos ex juzgadores (Jueces y Magistrados) del Poder Judicial de la Federación, esos que se siguen autonombrando los guardianes de la legalidad y que día a día en las redes sociales exigen el respeto a la Constitución y los tratados internacionales, paradójicamente ignoraron o justificaron hasta la ignominia la flagrante violación del derecho internacional.
El discurso de los ex juzgadores los ha mostrado tal y como siempre han sido: personas clasistas, reaccionarias, conservadoras y demagogas, más cerca de los intereses de la ultraderecha y de las elites económicas que del pueblo que afirman protegían con su labor jurisdiccional.
La incongruencia de esos ex juzgadores ha sido desproporcionada, por un lado, pues, no han tenido reparo en señalar que con su labor jurisdiccional ”siempre protegieron los derechos humanos de los gobernados”, y por otra parte públicamente ensalzan las acciones de Donald Trump, Javier Milei, Nayib Bukele, etcétera, que se han distinguido por violar de manera flagrante los derechos humanos.
Afortunadamente, también hubo ex juzgadores que abiertamente condenaron la violación del derecho internacional, haciendo más patente la miseria moral de sus ex compañeros.
Bastaron unos cuantos meses para que los ex jueces y magistrados que hoy alaban la política intervencionista y el discurso de la ultraderecha demostraran que lo único que siempre los motivó fueron los privilegios económicos y el poder que detentaban, canonjías que perdieron a raíz de la Reforma Judicial. Han mostrado su conciencia de clase (privilegiada), también, su falta de memoria histórica.

Leonel Rivero
Abogado, Coordinador general de Defensa Estratégica en Derechos Humanos A.C.
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Fuente:Desinformemonos.org





