Redacción.-
Después de décadas de esfuerzos para rescatarlo de la extinción, el lobo mexicano vuelve a estar en el centro de una disputa en Estados Unidos. El presidente Donald Trump ordenó revisar las protecciones federales de esta especie y del lobo gris, una medida que podría abrir la puerta a reducirlas o eliminarlas.
Durante un acto en la Casa Blanca, Trump defendió que los ganaderos puedan proteger su ganado y llegó a afirmar que, bajo las nuevas medidas, podrían disparar contra los lobos. La orden, sin embargo, inicia un proceso de revisión de hasta 90 días y no significa que todos los lobos mexicanos puedan ser cazados de manera inmediata.
La decisión toca directamente la historia reciente de una de las especies más amenazadas de Norteamérica. El lobo mexicano fue prácticamente eliminado de la naturaleza durante el siglo XX por campañas de exterminio y conflictos con la ganadería. En 1976 fue incluido en la lista federal de especies en peligro y poco después comenzó un programa binacional de reproducción en cautiverio entre México y Estados Unidos.
El esfuerzo permitió que en 1998 fueran liberados los primeros 11 ejemplares criados en cautiverio en Arizona y Nuevo México, después de más de tres décadas de ausencia de esos territorios. Desde entonces, organizaciones conservacionistas, gobiernos, comunidades indígenas y agencias de ambos países han trabajado en reproducción, reintroducción, vigilancia genética y reducción de conflictos con productores.
El avance ha sido considerable: la población silvestre en Estados Unidos pasó de apenas cuatro lobos registrados en 1998 a un mínimo estimado de 319 al cierre de 2025. Incluso el Servicio de Pesca y Vida Silvestre reconoce que la población estadounidense ha superado varios objetivos intermedios de recuperación.
Pero el lobo mexicano todavía no está recuperado. Los criterios federales para retirarlo de la protección contemplan poblaciones estables, crecimiento sostenido y diversidad genética, tanto en Estados Unidos como en México. La propia estrategia de recuperación advierte que amenazas como la mortalidad causada por humanos, el reducido tamaño de la población y la pérdida de diversidad genética siguen presentes.
Así, el decreto de Trump vuelve a poner en juego el equilibrio entre la protección de una especie que estuvo al borde de desaparecer y las demandas de los productores ganaderos que enfrentan ataques al ganado.
Para el lobo mexicano, cuya recuperación tomó décadas y requirió una estrecha colaboración entre México y Estados Unidos, la nueva batalla apenas comienza.






