El costo mensual de la canasta alimentaria utilizada para medir la pobreza extrema por ingresos aumentó durante agosto y llegó a 2 mil 562.58 pesos por persona en las zonas urbanas del país, informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

En las localidades rurales, la cantidad necesaria para adquirir esa misma canasta fue de mil 910.78 pesos mensuales por persona.

En comparación con agosto de 2025, el costo de los alimentos aumentó 4.5% en las ciudades y 3.2% en las zonas rurales. La inflación general anual se ubicó alrededor de 3.3%, por lo que el encarecimiento de la alimentación urbana volvió a superar el promedio nacional.

Respecto de julio, la canasta alimentaria aumentó 0.7% en el ámbito urbano y 0.8% en el rural, después de tres meses en los que su crecimiento había mostrado una moderación.

Entre los productos que más contribuyeron al incremento estuvieron la cebolla, el limón y el huevo blanco y rojo. La cebolla y el limón tuvieron una incidencia mayor en la canasta urbana, mientras que el huevo influyó especialmente en el resultado rural.

La medición representa el valor monetario mensual de un conjunto de alimentos considerados indispensables para cubrir requerimientos nutricionales mínimos. La cantidad es individual: no corresponde al gasto total de una familia ni incluye vivienda, transporte, vestido, educación, salud y otros servicios.

Por esa razón, una persona con ingresos inferiores a mil 910.78 pesos mensuales en una localidad rural o a 2 mil 562.58 pesos en una zona urbana se encuentra por debajo de la línea de pobreza extrema por ingresos, aun cuando destinara todo su dinero a comprar alimentos.

El INEGI también calcula la línea de pobreza por ingresos, que añade bienes y servicios no alimentarios. Durante agosto, ese indicador aumentó 3.6% anual en zonas rurales y 3.9% en las urbanas, también por encima de la inflación general.

Los alimentos fueron el componente que más contribuyó al incremento, seguidos por los gastos relacionados con educación, cultura y recreación, así como ropa, calzado y accesorios.

El indicador no describe cuánto gasta realmente cada hogar ni establece que esa cantidad garantice una alimentación adecuada en todos los casos. Su función es fijar un umbral estadístico para determinar si los ingresos de una persona son suficientes para adquirir la canasta alimentaria utilizada en la medición oficial de la pobreza.