Apuntes desde mi cuaderno
POR: JORGE TADEO VARGAS
Al momento de contabilizar los residuos –basura- que se producen, aquellos que son la merma de artículos/productos que no fueron consumidos y que pasan de los supermercados, tianguis, centros comerciales directamente a la basura. Es decir. Todo aquello que por diversos motivos no se vendió no se guarda en una bodega, termina ya sea en un confinamiento de residuos peligrosos cuando estos son electrodomésticos, pantallas, computadoras, celulares y un largo etcétera. Cuando es comida esta termina en rellenos sanitarios o basureros controlados. Aquí es donde quiero poner mayor atención, no solo porque es una insensatez tirar comida en buen estado, sino porque la merma va más allá de lo que no se vende, sino también está dentro de lo que el capitalismo llama “control de calidad” es decir si algo no cumple con los estándares de venta, se desecha.
Pero previo a hablar de la comida que termina en la basura antes de llegar a la venta, van algunos datos que son importantes de tener en mente. Más del diecinueve por ciento de la comida pasa de los estantes y refrigeradores –no solo de las tiendas sino también de los restaurantes y hogares- a la basura, lo que nos dice que estamos desperdiciando casi el veinte por ciento de lo que se produce o de lo que pasa el control de calidad para el consumo.
El trece por ciento se pierde entre la cosecha y el comprador minorista. No todo aquello que se compra termina en estantes y refrigeradores, mucho de ellos terminan antes en la basura. En promedio en México cada habitante desecha alrededor de ciento cincuenta y cuatro kilos de basura al año, lo que nos arroja más de veinte millones de toneladas de basura orgánica que terminara en la basura contaminando y produciendo metano, que es uno de los Gases de Efecto Invernadero más agresivos. Estos datos son importantes para entender dónde está el problema con estos residuos. Entenderlo desde su raíz, que es la agricultura hasta su disposición que es incorrecta.
Esto tiene una solución muy práctica, pero que dentro del modelo/sistema actual es poco probable que se ponga en práctica. Gente con hambre y supermercados llenos, es una forma de control societal, pero si estamos tirando el veinte por ciento de la comida, mientras millones pasan hambre algo no cuadra del todo en la ecuación. Vivimos en un sistema extractivo, lineal, injusto y criminal que está acabando de a poco con las comunidades más vulneradas y con la naturaleza.
Ahora bien; dicho esto me quiero centrar en aquello que por distintos motivos no cumplen el control de calidad y que ni siquiera llegan a considerarse como merma de productos/comida. Es decir, se quedan como merma de la producción. Hace unos años, trabajando con pepenadores/recicladores en el relleno sanitario de Gómez Palacio Durango, que pertenece a la región lagunera donde las empresas Lala y Chilchota tienen sus fábricas de queso, me tocó ver camiones –decenas de ellos- que llegaban a tirar cajas de quesos empacados que no cumplían con el control de calidad, por lo tanto, no podían salir a la venta. Con lxs compas comí algunos y me llevé a casa varios más ¿La razón por la que los habían desechado? Mal empaque, no eran uniformes por lo tanto no eran “atractivos” a la vista, el sabor y la calidad no demeritaban, solo era como se veían. Lxs pepenadores/recicladores recuperan algunos para el consumo familiar y la venta de boca en boca, pero la cantidad sobrepasa cualquier actividad que quieran hacer con ellos.
De igual forma Jamie Oliver, el reconocido chef de televisión y activista por la comida saludable, produjo y condujo un programa de televisión llamado Figth Food el cual tenía como objetivo poner en evidencia la cantidad –toneladas- de comida que no llegaba a comercializarse solo porque no cumplía con los estándares para eso. Su iniciativa fue buen y aunque duro una sola temporada, al menos trato de incidir más allá. Lamentablemente no tuvo la repercusión, el programa fue cancelado y no sé si Oliver mantiene como costumbre comprar aquello que se desecha, apoyando con esto a los agricultores locales de su natal Clavering.
Si ustedes viven en México, saben de los tianguis que se instalan un par de días de la semana en los barrios. Esta es una costumbre centenaria y que se pueden instalar en los barrios residenciales de clase media y alta como en los polígonos de las zonas industriales. La diferencia de lo que se vende tanto en uno como en otro, no es mucha. Son puestos de verduras, frutas, carnes, huevo, queso y por supuesto puestos de comida.
La diferencia podría están en el precio, pero va más allá. Hace un par de meses me cambie de un departamento en un dúplex dentro de uno de los polígonos industriales más grandes de la ciudad en la que vivo. Ahora estoy viviendo en un barrio histórico de clase media/alta, donde igual se instala un tianguis los martes, jueves y domingos y la gente del barrio va a comprar su comida. Algo importante si pensamos que es una alternativa a los supermercados transnacionales.
También hay una diferencia entre los ´productos. Por ejemplo, en el tianguis del polígono, la fruta y la verdura a comprar en su mayoría es de la merma que no pasa el control de calidad, por lo tanto, no cumple con los estándares para ser “comercializado” excepto en los polígonos donde la clase trabajadora no tiene un poder adquisitivo alto, así que la diferencia es pagar diez pesos por una bolsa con tres pimientos morrón (rojo, verde y naranja) que no se ven “bonitos” a pagar cuarenta por uno que si cumple con esos estándares o pagar diez pesos por una bolsa de jitomate que no se venderá en ninguna tienda y su destino era/es terminar en la basura o veinticinco por un kilo que al final sirve para lo mismo. Al final todo se decide en los estándares de belleza que dicta el sistema. Incluso en la comida. La obsolescencia percibida haciendo lo suyo.
Desde aquí es importante tener en cuenta dos cosas: el sistema alimentario depende por completo del sistema agrícola, sin embargo este último, como muchos de los procesos del modelo de producción-consumo, son invisibles para el consumidor. Tan es así que si le preguntamos a cualquier persona en la calle, cual es la forma en que funciona la agricultura para llevar nuestros alimentos a la mesa nos dirían lo siguiente: los agricultores cultivan alimentos, los venden a los consumidores y los consumidores les pagan dinero a los agricultores, quienes luego utilizan ese dinero para cultivar más alimento, obviando que hay varios actores entre los agricultores y los consumidores: restaurantes, supermercados, comedores escolares, etc. Todos ellos forman parte del sistema alimentario. Si son realmente competentes, quienes se dedican al sistema alimentario podrían incluso añadir a algunos actores que a menudo se pasan por alto, como las propias empresas de alimentos e ingredientes e instituciones como hospitales y sistemas penitenciarios.
Incluir el sistema agrícola en la discusión de lo que pasa – y cómo se integra – con el sistema alimentario. No solo por lo obvio que es el cómo estamos produciendo, sino por la larga lista de actores que están involucrados en todo este proceso y el cómo este es parte del modelo de producción-consumo lineal y extractivo.
La necesidad de ir reconociendo la agricultura y la alimentación como parte de un mismo sistema es vital para ir avanzado en prácticas distintas, tanto de cultivo, como de alimentación. Prácticas que se basen en enfoques de salud ambiental, ecosistemas sanos, agroecología y cooperativas de consumo y de producción.
Desde el (auto) exilio en los bosques de Klatch City
Profesor, traductor, escritor, exactivista, anarquista y panadero casero.




