Por: Ismael Ángel.

Nadie lo tome a mal ni se malinterprete el título, en realidad disfruté mucho el concierto de los Caifanes anoche en el Teatro del Pueblo de la Expogan Sonora 2023. Y eso porque, entre otras cosas, fue un verdadero concierto (tocaron dos horas y media) y no una presentación por cumplir con el requisito. Veamos.

Debió ser en el lejano 2002 (después de la pandemia todo parece más lejano) cuando Jaguares se presentó en ese mismo foro. Era cuando Saúl Hernández venía recuperándose de sus problemas en la garganta y se pedía a los asistentes no fumar. Entre el polvo de la Expo y el mismo humo del escenario, no se entendía aquello, pero bueno. En esa ocasión tocaron, si no mal recuerdo, menos de la hora.

En esta ocasión yo honestamente pensé que sería igual… de haber sabido nos llevamos lonche. Ya en serio, escuchar en vivo a una de las bandas más importantes de rock mexicano por más de dos horas es un lujo, sobre todo a quienes éramos adolescentes en el período de mayor creatividad de este ensamble, desde 1987 a 1994, más o menos.

“Bienvenido a tu ritual, raza…”

Así de generosos, ante miles de varias edades, dieron un repaso a canciones de los primeros álbumes, tocaron casi todos sus éxitos comerciales, interpretaron algunas de Jaguares e incluso se aventaron “Heridos y “Solo eres tú”, el único material nuevo que han sacado como banda desde “El Nervio del Volcán”, el segundo apenas el año pasado, temas que poca gente conoce y que no han tenido relevancia en la época del Tik-tok. Nadie las cantamos, pues, se hizo el silencio entre gritos de: “toquen la negra tomasa…”

Por otro lado la presencia de los músicos en el escenario es contundente. Tienen muchos años haciendo esto y se nota, pero sorprende gratamente que aún disfrutan cada canción, cada interpretación, cada complicidad musical. Las sonrisas entre ellos, la forma de cómo se comunican entre sí envuelve al público en ese ambiente de buena vibra y buen rockanrol mexica. Esto es más notorio, como es comprensible, entre los tres miembros originales, Saúl, Alfonso y Diego, aunque también se extiende hacia Marco Rentería, bajo, y Rodrigo Baills, guitarra.

Y aquí menciono el mayor “pero” del show: por más buenos que sean estos músicos, el hecho de que no toquen los arreglos tal cómo los hemos escuchado por años rompe un poco (o un mucho, según cada quién) el hechizo caifanesco. Quizá con el argumento de que bajo y guitarra no hagan un cover de las originales, sino que las “interpreten” o alguna otra razón, el caso es que se queda uno esperando ciertas partes de los solos de Marcovich (así es, ni modo), o aquellos remates inolvidables de Sabo.

No se le resta el más mínimo talento a los refuerzos, pero hay algo en el sonido Caifán que falta. Solo un ejemplo: la versión de “Afuera” se escucha muy bien, más fresca y liviana. Todo va bien hasta que el guitarrista empieza a tocar un solo de blues y hard rock cuando el solo original es un casi-ritual basado en música prehispánica. Ni un guiño, ninguna leve paráfrasis musical. Nada. No, pos cómo.

Otra parte que quizá quede a deber, aunque ya no es novedad y la verdad a nadie parece importarle, es la falta de potencia vocal de Saúl. Ya se sabe y se entiende, después de sus problemas con la garganta. El grupo basa, pues, el éxito de sus presentaciones en vivo en su presencia, su excelente ejecución, su conecte completo con la audiencia y en las mismas canciones que escribieron hace décadas. La rola tocada grabada más recientemente, aparte de las ya mencionadas, fue el cover de Juan Gabriel “Te lo pido por favor”, del 2002.

Destaca también el paréntesis que hacen de sus canciones para dejar ver el video completo del tema “Canción sin miedo” de Vivir Quintana, que se ha convertido en un himno contra la violencia de género. Antes, Saúl externó un posicionamiento político contra el feminicidio y contra la impunidad que domina en el país en el tema: “mientras el número de muertes sube, hay un Estado que está perdido, discutiendo tonterías”, dijo, palabras más palabras menos. Ni cuando pedían justicia por los 43 de Ayotzinapa, y luego tocaban la de “Antes de que nos olviden”, habían expresado una posición política tan clara.

Para terminar, no quiero dejar de reiterar la entrega en el escenario de estos roqueros que ya le rascan a los 60 años. Alfonso toca la batería con tanta pasión y conecte con las rolas, como si no hubiera inventado esos ritmos que dieron fundamento al sonido del rock mexicano hace 35 años.

Así pues el concierto, que empezó a las 9.40 pm y terminó a las 12.10 am, y que dejó  a los teloneros Delorean (que curiosamente tocarían después) sin poder pisar el escenario, pues de aquí a que el staff de Caifas sacaron sus instrumentos y equipo, se hizo demasiado tarde.

Las que más prendieron: Los dioses ocultos, Viento, Detrás de los cerros, Aviéntame, Nos vamos juntos, Quisiera ser alcohol y La negra Tomasa. Faltantes: Amárrate una escoba y vuela lejos, Sombras en tiempos perdidos, Antes de que nos olviden.

Foto y video: Libera Radio.