Cada domingo estaré subiendo un capitulo de mi novela Un lugar en el Apocalipsis. Esto con el propósito de que no se quede guardada en mi laptop y más gente la pueda leer.

JORGE TADEO

Me estaba preparando para este momento desde los doce años que vi en la televisión Dawn of the Dead. Sabía que el momento llegaría, solo era cuestión de esperar. No importa en qué situación, el día llegaría y yo estaría listo. Estaría preparado.

Eso no quería decir que saldría a la calle a hacerme el héroe. No, estaba preparado para sobrevivir. Cuando el día llegara yo estaría listo para hacerle frente.

En la adolescencia comencé a preparar la casa de mis padres para cuando el momento llegara. Solo era cuestión de ir haciendo unas remodelaciones. La fui convirtiendo en un búnker donde podía sembrar mis alimentos, tenía una cabra para la leche, gallinas, paneles solares, energía biomecánica. Había leído todos los manuales de supervivencia que pude conseguir. Cuando el apocalipsis llegara no me tomaría desprevenido.

No me malentiendan, no soy de esos locos conspiranoicos que van por la vida prediciendo el fin del mundo en cada contingencia que nos ocurre. Ellos ven señales en lo que la mayor parte de las veces son simples fenómenos naturales o acciones mal planeadas por los humanos. Tampoco soy de esos colapsistas que se preparan para el nuevo orden mundial construyendo refugios, guardando armas, aprendiendo tácticas militares, preparándose para una inexistente guerra. Lo mío tiene fundamentos científicos, se basa en hechos.

Esto no es solo de novelas y películas distópicas. Me mantengo al día leyendo noticias de todo el mundo, a las que nadie presta atención por andar con prisas; las que hablan de hechos increíbles pero que están ocurriendo. La mayoría las descarto, pero en algunas encuentro pistas.

Para la mayoría de las personas metidas en sus vidas, en sus quehaceres, en su actuar de manual del buen ciudadano que consume y muere, las películas, las novelas, las series apocalípticas y distópicas son meramente ficción. No es así: son advertencias de lo que va a pasar, y un guión de lo que no tenemos que hacer. Lamentablemente pocas personas lo ven, pocas se están preparando para lo que viene.

Identifiqué las señales casi un año antes de que el gobierno se diera cuenta de lo que se venía e iniciara su campaña de odio contra lo diferente para ocultar su doctrina del shock. Me aseguré de estar preparado para lo que se venía. Revisé que mi dotación de comida enlatada fuera suficiente, tenía semillas para los cultivos de dos estaciones, lo que me sirve para guardar más semillas. Las gallinas están sanas, nada de qué preocuparse.

Además, tengo un rifle de asalto, tres pistolas y municiones suficientes. Aunque espero no tener que usarlas, estoy preparado si la situación lo amerita. También tengo algunas armas blancas, cuchillos, machetes, hachas para cuando la situación se salga de total control. Estoy listo para lo que se viene. Lo estoy desde los doce años.

Veo noticias todo el día. Aunque esté haciendo otra cosa, los canales de los noticieros están siempre prendidos en la pantalla y en la computadora. Leo y escucho noticias de lo que sucede en todo el mundo.

Hace un par de meses que se declaró una pandemia global. Han dictado una cuarentena disfrazada de distanciamiento social que poco a poco se va convirtiendo en un estado de sitio, donde los sospechosos de estar contagiados son puestos en centros médicos de vigilancia; claro, así les llaman a sus campos de concentración para controlar a la población.

Han sido inteligentes. Con toda la paranoia, el miedo, la segregación que ya existía antes de esto les ha permitido a los medios de comunicación crear toda una historia alrededor. Las redes sociales se alimentan de eso. Se convierten en juez y parte.

El miedo se va volviendo cada vez más fuerte, desconfiamos del vecino, del que pasa a nuestro lado. Han hecho muy bien su trabajo. Cuando llegue el apocalipsis, los ricos y los poderosos ya habrán logrado tener sus espacios amurallados y listos para sobrevivir. Los demás nos mataremos entre nosotros, lo haremos incluso después de muertos.

Voy a la revisión médica, más para analizar el comportamiento de los demás que por necesidad. Al inicio de todo esto pagué una pequeña fortuna para que me dieran certificados médicos que avalan mi buena salud, aunque no sea verdad. Maravillosa corrupción que todo lo permite.

De las veinte personas que estamos en la sala de espera, solo cuatro regresamos a casa. Los demás son llevados a los centros médicos. El contagio está en la fase tres, lo que sigue será mucho peor que lo que hemos vivido a la fecha. El apocalipsis se acerca.

Los militares han tomado el control de la vida en las calles. He tomado la decisión de recluirme en casa y fortalecer las defensas, tanto de mi búnker como las personales.

Hace más de una semana que no para de llover. Pasamos de tener tormentas por más de una hora a pequeños aguaceros. Puede ser bueno para mis cultivos, los protejo con lonas para que no se dañen por el agua. La cosecha de agua será muy buena este año.

Para los militares que nos gobiernan también son buenos tiempos. Las redadas de todas aquellas personas que consideran posibles agentes de contagio ya se hacen sin pruebas médicas. Los detienen en el instante y los aíslan. En mi cuadra se han llevado a dos familias vecinas. Aunque tengo un poco de miedo de que me quieran llevar, sé que no pasará, me gasté todo mi dinero y la herencia de mis padres para garantizar que no seré tocado por nadie.

No importa lo que los militares hagan, su estrategia es equivocada y el virus se propaga cada vez más. La ciudad está infectada. Ya no hay vuelta atrás, hemos perdido la guerra. Ellos son quienes se quedarán con la tierra. Ya estamos muertos.

Desde hace un mes no tenemos comunicación de ningún tipo. Los satélites siguen en el espacio, pero ya nadie los controla. Los países más desarrollados fueron los primeros en caer. Gracias a la radio de onda corta estoy comunicado con otras personas que como yo se prepararon para estos días. #BacktotheBasic, un radicalista de Santiago de Chile me dice que todo el mundo colapsó, los gobiernos nacionales no existen. Menos las relaciones globales. Esta es la idea que se tiene a forma de teoría de la conspiración, la realidad es que se sigue creyendo en los gobiernos y estos siguen teniendo un peso importante para la búsqueda de soluciones globales.

La sociedad tal como la conocemos está perdida. Lo sé y me pregunto por qué sigo resistiendo, por qué mantengo mi huerto, a mis gallinas, por qué me siento a platicar con mis perras Muffin y Villa todas las tardes mientras comemos manzanas de mi árbol. Lo hago por puro instinto de supervivencia. Nada más. No hay otra razón.

Dejo fuera de mi casa una caja con víveres para los supervivientes que pasan por aquí. No les abro cuando tocan y a los últimos que intentaron entrar a la fuerza les disparé. No maté a nadie, solo lo hice para asustarlos, aunque a veces pienso que debí hacerlo y ahorrarles lo que viene. Los víveres cada vez duran más tiempo antes de que se los lleven, los últimos los metí podridos a la casa, nadie se los llevó. Ahora solo pasan sonámbulos, ellos no comen, solo caminan, como dormidos, como aquellas personas que veía en los centros comerciales pegados a sus smartphones. Hace mucho que están muertos, aunque sigan caminando.

Al final, los años de preparación no sirven de nada. He pasado toda mi vida solo o al menos eso pensaba porque esta soledad no tiene comparación, es el silencio del fin de la humanidad, el terrorífico sonido de la nada. No soporto este silencio donde encuentro la más profunda tristeza; y no, ni la música, ni las películas, ni cualquier sonido artificial me ayuda a alejarla de mí. Solo son un recordatorio de lo que perdí. Ya no queda más fuera, por lo tanto, ya no queda más adentro.

No sé si quedan más humanos. Supongo que sí, que habrá algunas comunas bien atrincheradas sobreviviendo. Yo a más de un año de que comenzó todo esto aún no me acostumbro a estar solo. A vivir en silencio, a platicar con mis perras.

Mi estrategia funciona, mi preparación para el apocalipsis desde los doce años que vi Dawn of the Dead en la televisión funciona. Sigo vivo. Sobreviví al fin del mundo, pero ¿para qué? ¿Con qué objetivo?

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