España.- Sabías que Pepe Álvarez, secretario general de la UGT, asistió el 6 de julio al Congreso Nacional del Partido Popular para apoyar a Alberto Núñez Feijóo, el mismo que ha recortado derechos laborales allí donde gobierna.
No es una broma. No es una infiltración. No es un gesto de sabotaje. Es una reverencia. Un brindis. Un apretón de manos enmoquetado mientras millones de trabajadoras y trabajadores luchan por no ser desahuciados, despedidos, empobrecidos.
UGT no ha acudido al Congreso del PP como invitada incómoda: Ha ido como cómplice de un proyecto económico y político que ha devastado lo público, protegido al empresariado más depredador y despreciado cada Huelga, cada movilización, cada derecho conquistado.
La clase trabajadora observa, una vez más, cómo la estructura sindical que debería defenderla se convierte en una prolongación del poder que la oprime.
No hablamos solo de una foto: hablamos de una traición histórica. De una de esas imágenes que no deberían olvidarse jamás. UGT, el sindicato que se niega a movilizarse contra el PSOE, ahora se abraza al PP. Ni siquiera disimulan. Asisten encantados. Y se presentan como parte de ese “clima de diálogo” que Feijóo promueve mientras pacta con la ultraderecha y veta leyes laborales progresistas.
Pepe Álvarez ha decidido inmortalizarse junto al rostro amable del capital. En Ifema, ese templo de ferias empresariales y contratos públicos, el sindicalismo de partido se exhibe sin pudor. Feijóo sonríe. La CEOE respira tranquila. Y la clase trabajadora observa, una vez más, cómo la estructura sindical que debería defenderla se convierte en una prolongación del poder que la oprime.
DEL MOVIMIENTO OBRERO A LA FOTO OFICIAL
UGT y CCOO, con matices y diferencias, llevan años desplazándose del sindicalismo de base hacia el sindicalismo de despacho. No es nuevo, pero esta vez han cruzado una línea que ya no permite excusas: cuando el secretario general de la UGT acude al congreso de un partido neoliberal y autoritario como el PP, se sitúa en el otro lado de la barricada.
La explicación oficial es que se trata de un gesto de “reciprocidad”. Feijóo, en 2023, asistió al congreso de UGT y ahora es Pepe Álvarez quien devuelve el favor. Pero las favores entre el patrón y quien dice representar al obrero son el certificado de defunción de cualquier independencia sindical. La UGT no se planta ante los recortes del PP. Se hace fotos con sus autores.
El sindicalismo no puede compartir mesa ni discurso con quien defiende las reformas laborales de Rajoy, los contratos basura y los convenios a la baja
Mientras tanto, el PP ha incrementado las subvenciones a UGT y CCOO en 2024, a pesar de romper con Vox en algunas comunidades. Como si de un chantaje encubierto se tratara, la financiación pública sirve para engrasar un sindicalismo domesticado que no molesta, que no interrumpe, que no incomoda. Un sindicalismo que gestiona los silencios y calla las derrotas.
La clase trabajadora no necesita a alguien que negocie su derrota, sino a alguien que luche por su dignidad. Pero el sindicalismo de salón ha convertido cada huelga en una nota de prensa, cada conflicto en una mesa de negociación sin dientes, cada ataque patronal en una “discrepancia técnica”.
El sindicalismo de clase, el que nace en la fábrica, en el tajo, en la escuela pública o en el hospital precarizado, no puede compartir mesa ni discurso con quien defiende las reformas laborales de Rajoy, los contratos basura y los convenios a la baja. No puede. No debe. Y si lo hace, ha dejado de ser parte de la clase trabajadora para convertirse en una muleta del sistema.
Hoy, 6 de julio de 2025, Pepe Álvarez ha cruzado el Rubicón de la traición. Con él, arrastra a una organización que fue parte de la historia del movimiento obrero en el Estado español y que ahora desfila por las alfombras rojas del poder, ajena a la precariedad, a los desahucios, a los contratos por horas.
Si sigues afiliado a este sindicato vendido a la patronal, a la derecha y al corrupto régimen del 78, no eres víctima: eres cómplice. No hay neutralidad en una foto como esta. Y quien sonríe junto al verdugo, ha olvidado el nombre de las y los asesinados.
Publicado originalmente en Spanish Revolution.

