Por: Juan Antonio Lugo Machado / Diana Isabel Espinoza Morales / Erick Reymel Escamilla Isiordia / Mérida P. Baltazar Beltran

Abrimos el teléfono para revisar un mensaje y, casi sin darnos cuenta, han pasado veinte o treinta minutos. Vemos una noticia, después un video, luego una recomendación y enseguida aparece algo nuevo. A esta acción de deslizar continuamente el dedo por una pantalla se le conoce como scrolling. Cuando el contenido parece no terminar, hablamos de desplazamiento o scroll infinito.

Esta forma de navegar puede ser entretenida y también útil para informarnos. El problema comienza cuando dejamos de decidir cuánto tiempo permaneceremos conectados, posponemos otras actividades o terminamos más ansiosos, cansados o distraídos. La evidencia científica no demuestra que deslizar la pantalla “destruya” el cerebro. Sin embargo, sí indica que el uso repetitivo de contenidos breves, cambiantes y negativos puede relacionarse con dificultades de atención y menor bienestar emocional (Barton & Smyth, 2025; Satici et al., 2023).

¿Por qué cuesta tanto detenerse?

Muchas plataformas presentan una cadena continua de publicaciones y videos, sin una página final que nos indique que es momento de parar. Cada movimiento puede mostrar algo diferente: una noticia importante, un video gracioso o una publicación que despierta curiosidad. Como no sabemos qué aparecerá después, sentimos el impulso de revisar “solo una más”.

No es correcto explicar todo diciendo que somos “adictos a la dopamina”. La dopamina participa en el aprendizaje, la motivación y la búsqueda de recompensas, pero no es una sustancia mala ni una explicación completa. En este comportamiento también intervienen el diseño de las aplicaciones, las notificaciones, el hábito, el aburrimiento, el miedo a perderse algo y nuestro estado emocional.

Los investigadores describen el doomscrolling como la búsqueda o revisión persistente de noticias negativas sobre crisis, desastres o tragedias. Este hábito se relaciona con la vigilancia constante en línea, el uso problemático de redes sociales, el miedo a perderse información y la ansiedad (Sharma et al., 2022).

¿Qué pasa con nuestra atención?

La atención es limitada. Cuando pasamos rápidamente de un video a otro, nuestra mente debe abandonar un tema y adaptarse al siguiente. Ese cambio continuo no significa que perdamos para siempre la capacidad de concentrarnos, pero puede dificultar que mantengamos una meta activa mientras consumimos contenido.

En un estudio experimental, cambiar rápidamente entre videos cortos perjudicó la memoria prospectiva, es decir, la capacidad de recordar que debemos realizar una acción más adelante, como enviar un mensaje, apagar el horno o entregar una tarea (Barton & Smyth, 2025). Otro estudio encontró que una mayor tendencia al uso problemático de videos cortos se relacionó con menor autocontrol y cambios en el control de la atención; sin embargo, por su diseño, no permite asegurar que los videos sean la única causa (Yan et al., 2024).

Incluso la presencia del teléfono durante una tarea ha producido resultados diferentes entre estudios. Algunas investigaciones encontraron menor rendimiento atencional cuando el aparato estaba cerca, mientras que una réplica no confirmó ese efecto (Ruiz Pardo & Minda, 2022; Skowronek et al., 2023). Por eso, la conclusión prudente es que el impacto depende de la persona, la tarea, las notificaciones y la forma de uso.

Cuando las malas noticias no terminan

Nuestro cerebro suele prestar especial atención a aquello que podría representar una amenaza. Un experimento realizado en 17 países mostró que, en promedio, las personas reaccionan con mayor intensidad a noticias negativas que a positivas, aunque existen diferencias importantes entre individuos (Soroka et al., 2019). Esta tendencia puede ayudarnos a comprender por qué una noticia preocupante atrae otra y por qué sentimos que debemos seguir buscando información.

El doomscrolling puede iniciar con una intención razonable: queremos entender qué ocurre y sentir que tenemos mayor control. Pero revisar una y otra vez información angustiante no siempre tranquiliza. Estudios con adultos y estudiantes universitarios han encontrado asociaciones entre doomscrolling, malestar psicológico, menor bienestar y ansiedad existencial (Satici et al., 2023; Shabahang et al., 2024). Esto significa que ambos fenómenos aparecen juntos; no prueba, por sí solo, que uno cause directamente al otro.

La señal más útil es observar cómo terminamos después de usar la pantalla. Si comenzamos buscando información y acabamos irritables, preocupados, agotados o con dificultad para dormir, es momento de poner un límite.

Señales de que el scrolling está ocupando demasiado espacio

Podemos prestar atención a las siguientes señales:

• Perdemos con frecuencia la noción del tiempo mientras deslizamos la pantalla.

• Intentamos detenernos, pero continuamos viendo publicaciones o videos.

• Interrumpimos el estudio, el trabajo o una conversación para revisar el teléfono.

• Nos acostamos más tarde por permanecer en redes sociales.

• Terminamos más ansiosos, tristes, enojados o mentalmente agotados.

• Dejamos de realizar actividades importantes, como convivir, hacer ejercicio o descansar.

Presentar una de estas conductas de manera ocasional no significa tener una enfermedad. Lo importante es identificar si el patrón se repite y si afecta nuestra vida diaria.

¿Cómo recuperar el control?

No es necesario abandonar la tecnología. Podemos usarla de una manera más consciente con acciones sencillas:

• Decidir antes de abrir una aplicación cuánto tiempo la utilizaremos.

• Activar un temporizador o los límites de uso del teléfono.

• Desactivar notificaciones que no sean necesarias.

• Evitar el teléfono durante comidas, conversaciones y momentos de estudio.

• Dejar el aparato fuera del alcance cuando una tarea requiera concentración.

• Consultar noticias en horarios definidos y en fuentes confiables, en vez de revisarlas durante todo el día.

• Evitar contenido angustiante y videos cortos antes de dormir.

• Sustituir parte del scrolling por actividades con un final claro: leer algunas páginas, caminar, conversar, cocinar o escuchar una canción completa.

Una estrategia práctica consiste en hacer una pausa y preguntarnos: “¿Qué vine a buscar?”, “¿ya lo encontré?” y “¿cómo me siento ahora?”. Estas preguntas devuelven intención a una conducta que con frecuencia realizamos en automático.

¿Cuándo conviene pedir ayuda?

Es recomendable hablar con un profesional de la salud si el uso del teléfono interfiere de forma persistente con el sueño, el trabajo, la escuela o las relaciones; si provoca ansiedad intensa; o si se utiliza como única forma de escapar de tristeza, soledad o preocupación. Buscar apoyo no significa que la tecnología sea enemiga, sino que necesitamos recuperar el equilibrio.

Un mensaje para nuestra comunidad

El scrolling no es solo mover el dedo: también organiza nuestro tiempo y dirige nuestra atención. Las plataformas pueden ofrecernos información, entretenimiento y contacto con otras personas, pero no siempre incluyen una señal natural para detenernos.

Cuidar nuestra mente no exige rechazar las pantallas. Exige usarlas con propósito. Poner límites, elegir mejor el contenido y reservar momentos sin teléfono puede ayudarnos a recuperar algo muy valioso: la capacidad de decidir dónde colocamos nuestra atención.

Referencias

Barton, N., & Smyth, M. (2025). Context-switching in short-form videos: What is the impact on prospective memory? Memory, 33(7), 788–801. https://doi.org/10.1080/09658211.2025.2521076

Ruiz Pardo, A. C., & Minda, J. P. (2022). Reexamining the “brain drain” effect: A replication of Ward et al. (2017). Acta Psychologica, 230, 103717. https://doi.org/10.1016/j.actpsy.2022.103717

Satici, S. A., Gocet Tekin, E., Deniz, M. E., & Satici, B. (2023). Doomscrolling Scale: Its association with personality traits, psychological distress, social media use, and wellbeing. Applied Research in Quality of Life, 18, 833–847. https://doi.org/10.1007/s11482-022-10110-7

Shabahang, R., Hwang, H., Thomas, E. F., Aruguete, M. S., McCutcheon, L. E., Orosz, G., Hossein Khanzadeh, A. A., Mokhtari Chirani, B., & Zsila, Á. (2024). Doomscrolling evokes existential anxiety and fosters pessimism about human nature? Evidence from Iran and the United States. Computers in Human Behavior Reports, 15, 100438. https://doi.org/10.1016/j.chbr.2024.100438

Sharma, B., Lee, S. S., & Johnson, B. K. (2022). The dark at the end of the tunnel: Doomscrolling on social media newsfeeds. Technology, Mind, and Behavior, 3(1), Article 4. https://doi.org/10.1037/tmb0000059

Skowronek, J., Seifert, A., & Lindberg, S. (2023). The mere presence of a smartphone reduces basal attentional performance. Scientific Reports, 13, 9363. https://doi.org/10.1038/s41598-023-36256-4

Soroka, S., Fournier, P., & Nir, L. (2019). Cross-national evidence of a negativity bias in psychophysiological reactions to news. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 116(38), 18888–18892. https://doi.org/10.1073/pnas.1908369116

Yan, T., Su, C., Xue, W., Hu, Y., & Su, Y. (2024). Mobile phone short video use negatively impacts attention functions: An EEG study. Frontiers in Human Neuroscience, 18, 1383913. https://doi.org/10.3389/fnhum.2024.1383913