El aumento del precio de la energía amenaza con encarecer los alimentos, frenar la reducción de las tasas de interés y debilitar el crecimiento regional. Aunque algunos exportadores de hidrocarburos pueden beneficiarse, la mayoría de los países de la región afrontará pérdidas.

Las hostilidades entre Estados Unidos e Irán amenazan con prolongar durante todo 2026 sus efectos sobre las economías de América Latina y el Caribe, incluso si las partes vuelven a la mesa de negociaciones, advirtió este viernes la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Un nuevo informe del organismo señala que el precio promedio del petróleo será este año entre un 20% y un 25% más alto que en 2025, con consecuencias que se extenderán desde las cuentas públicas y el comercio hasta el bolsillo de los hogares.

El conflicto ha encarecido los combustibles, los fertilizantes y el transporte internacional, mientras aumenta la incertidumbre financiera y reduce el margen de los bancos centrales para seguir bajando las tasas de interés.

“Las hostilidades vuelven a poner de manifiesto la magnitud de la interdependencia de la economía mundial y la rapidez con que las disrupciones y los choques se transmiten entre países y regiones”, afirmó el secretario ejecutivo de la CEPAL, José Manuel Salazar-Xirinachs.

El impacto, sin embargo, no será igual para todos. Dependerá de si cada país importa o exporta energía, de su estructura productiva y de su exposición a los mercados internacionales.

El estudio se publica en un momento de renovada incertidumbre. Tras el entendimiento alcanzado en junio para suspender los ataques y negociar un acuerdo definitivo, Estados Unidos e Irán volvieron a intercambiar ataques esta semana y el presidente estadounidense declaró terminado el alto el fuego.

Vista aérea de un gran buque de carga navegando sobre el agua azul del océano, dejando una estela blanca detrás de él.
OMI Un buque cisterna transporta petróleo por el mar.

El impacto ya está en marcha

La CEPAL advierte que aunque haya una eventual reducción de las hostilidades no se produciría una normalización inmediata.

La actividad productiva en los países del golfo Pérsico, el tránsito por el estrecho de Ormuz y las cadenas de suministro tardarán en recuperarse, mientras persistan los riesgos de seguridad, los costos logísticos y las elevadas primas de seguro marítimo.

Además, una parte del choque ya se trasladó a los mercados entre marzo y junio.

En abril, el petróleo Brent promedió 120 dólares por barril, casi un 70% más que antes del comienzo de las hostilidades. Los fertilizantes subieron un 44% y la urea, uno de los insumos agrícolas más utilizados, se encareció un 82%.

La gasolina, el diésel y el combustible de aviación registraron aumentos de entre el 64% y el 74%.

Otros efectos aparecerán con retraso. El encarecimiento de los fertilizantes y la energía puede tardar meses en trasladarse a las cosechas, el transporte y los precios de los alimentos.

Iler Cambronne, un haitiano que cultiva plátanos y plátanos de plátanos, se encuentra en su plantación sosteniendo un gran grupo de plátanos verdes. Es un participante del Programa de Alimentos Escolares caseros del PMA en Haití.
© WFP/Pedro Rodrigues Pequeño agricultor de Gonaives, Haití, en su campo de plátanos.

Beneficios para pocos, mayores costos para la mayoría

Los países que exportan más petróleo y gas de lo que importan pueden obtener mayores ingresos externos y fiscales. Entre ellos figuran Guyana, Venezuela, Trinidad y Tabago, Colombia, Brasil y Ecuador.

En el escenario base del informe, con precios energéticos un 25% superiores a los de 2025, la balanza comercial de América Latina y el Caribe mejoraría apenas 0,05 puntos porcentuales del producto interno bruto.

Ese promedio, sin embargo, oculta fuertes diferencias. La mayoría de las economías regionales son importadoras netas de energía y deberán pagar más por sus compras externas.

Centroamérica, Haití y la República Dominicana registrarían un deterioro conjunto equivalente a 0,9 puntos porcentuales del PIB. En los países caribeños que no exportan hidrocarburos, la pérdida sería de 0,5 puntos.

Incluso en América del Sur, donde el resultado agregado sería positivo, países como Chile y Perú enfrentarían una factura energética más elevada.

Una joven guatemalteca vestida con ropa tradicional sostiene hierbas en un jardín de la aldea.
© UNICEF/ Anderson Flores Para los hogares, el efecto más inmediato del conflicto en Irán será la pérdida de poder adquisitivo

Más inflación, crédito más caro y menos crecimiento

La CEPAL identifica seis vías por las que el conflicto repercute en América Latina y el Caribe: el comercio, las finanzas públicas, la inflación, el menor crecimiento mundial, el encarecimiento del crédito y las decisiones de los bancos centrales sobre las tasas de interés.

Para los hogares, el efecto más inmediato será la pérdida de poder adquisitivo. Los combustibles más caros elevan directamente el gasto familiar y aumentan el costo de trasladar y distribuir prácticamente todos los bienes.

La presión sobre los fertilizantes añade riesgos para la seguridad alimentaria. Los países del Golfo concentran alrededor del 34% de las exportaciones mundiales de urea y cerca del 20% de otros fertilizantes esenciales. Una menor disponibilidad o precios más altos pueden reducir su uso, afectar los rendimientos agrícolas y encarecer posteriormente los alimentos.

La inflación también puede obligar a los bancos centrales de la región a reducir las tasas de interés más lentamente de lo previsto, debilitando la inversión y el consumo.

Al mismo tiempo, unas tasas elevadas durante más tiempo en las economías avanzadas encarecerían el financiamiento externo. La incertidumbre geopolítica puede además fortalecer el dólar, presionar las monedas latinoamericanas y aumentar el costo de las importaciones y de la deuda denominada en esa divisa.

América Latina y el Caribe está menos expuesta directamente al golfo Pérsico que Asia o Europa y genera más del 64% de su electricidad con fuentes renovables. Sin embargo, esas ventajas no bastan para aislarla de un choque global que seguirá repercutiendo en los precios, el crédito y la actividad económica durante el resto del año.


Fuente: ONU