Texto publicado en colaboración con el área de Difusión del Colegio de Sonora.

Por Dr. José Manuel Moreno Vega*

Abordar la crisis actual en Ceuta requiere una ojeada por la historia colonial de Sahara Occidental, un territorio de la costa atlántica del noroeste de África, árido y escasamente poblado, pero con uno de los yacimientos de fosfatos más grandes del mundo, necesarios para producir fertilizantes. España ocupó el Sahara Occidental en 1884 y, para 1958 le otorgó el grado de provincia.

Sin embargo, en 1975, tuvo que ceder el control administrativo a Marruecos y a Mauritania tras la llamada Marcha Verde, conformada por 350,000 civiles que entraron pacíficamente a ese territorio por órdenes marroquíes. Bajo una dictadura franquista moribunda, España además se enfrentaba a la presión del movimiento de liberación nacional del pueblo saharaui (Frente Polisario) y de la comunidad internacional. Y, en 1976, tras la retirada española, Marruecos ocupó el Sahara Occidental sin el consentimiento de los saharauis.

Actualmente, los saharauis siguen luchando por su independencia y controlan el oriente de Sahara Occidental, que comprende el 20% del territorio. Marruecos controla el occidente y la costa, que cubren el 80%, aunque lo reclama en su totalidad y trata a los saharauis como ciudadanos marroquíes, sin importar que gran parte de ellos rechazan esa nacionalidad, reclaman su independencia y se exilian en Argelia.

La ONU considera a Sahara Occidental como un territorio pendiente de descolonización y a los saharauis como una población en disputa de soberanía. Irónicamente, Marruecos fue el primer país del mundo en reconocer la independencia estadounidense hace casi 250 años y, Estados Unidos le regresó el favor mediante los Acuerdos de Abraham en 2020, reconociendo oficialmente la soberanía marroquí sobre Sahara Occidental. Israel hizo lo mismo en 2023.

Marruecos es el portero de Europa, pues colabora con España para salvaguardar las únicas fronteras exteriores terrestres de la Unión Europea en el continente africano, que se encuentran en Ceuta y Melilla. Esta responsabilidad, sin embargo, la cumple a cambio de respaldo económico desde Bruselas y de respaldo político desde Madrid, particularmente en relación con el reclamo territorial que tiene sobre Sahara Occidental.

Marruecos funciona como filtro para frenar la migración de sus connacionales y el avance de migrantes subsaharianos en tránsito hacia España. Rabat tiene la llave hacia Europa y, ocasionalmente abre el cerco cuando percibe el incumplimiento de sus intereses políticos.

En 2021, Brahim Ghali, líder del Frente Polisario fue autorizado a ingresar a España para tratarse de COVID-19, lo que generó tensiones diplomáticas con el Rey de Marruecos, quien decidió presionar políticamente a España, relajando los controles migratorios hacia Ceuta y Melilla, con lo cual entraron temporalmente caravanas de miles de personas a los enclaves españoles, generando una crisis migratoria y agotando la infraestructura de las dos ciudades autónomas.

Para limar las asperezas, España dio un giro en 2022, apoyando el plan de autonomía marroquí sobre Sahara Occidental, sin darle pleno reconocimiento de soberanía a Marruecos sobre ese territorio. Pero este giro produjo distanciamiento diplomático entre España y Argelia.

Argelia y Marruecos son adversarios geopolíticos al competir por el control hegemónico sobre el Magreb, pero particularmente porque Argelia apoya la lucha de los saharauis por su soberanía. No obstante, el presidente de España, Pedro Sánchez, acaba de firmar un acuerdo con el gobierno de Argelia para estrechar lazos diplomáticos y aumentar las importaciones de gas desde Argelia a España.

La reconciliación entre España y Argelia, sin embargo, ha generado tensiones entre Madrid y Rabat, las cuales se han exacerbado con las iniciativas parlamentarias que promueven la nacionalización española de los saharauis nacidos durante la ocupación española. De aprobarse esta medida, esos saharauis podrían pasar la ciudadanía española a sus hijos, lo que va contra las políticas de Marruecos en Sahara Occidental. A la sombra de estos acontecimientos, el portero de Europa volvió a abrir el cerco.

*Egresado de la maestría en Ciencias Sociales de El Colegio de Sonora y actualmente es investigador posdoctoral en esta institución.