La creciente popularidad de vitaminas, minerales, proteínas y productos que prometen mejorar nuestra salud plantea una pregunta necesaria: ¿los consumimos porque realmente los necesitamos o porque nos han convencido de que los necesitamos?
Por Diana Isabel Espinoza Morales
Vivimos en una sociedad en la que parece que estar saludable ya no es suficiente. Ahora también necesitamos tomar vitaminas para fortalecer nuestras defensas, antioxidantes para retrasar el envejecimiento, proteínas para mejorar nuestra condición física y una variedad de productos que prometen aumentar nuestra energía, concentración y bienestar.
Basta con ingresar a una red social, visitar una farmacia o recorrer los pasillos de un supermercado para encontrar productos que prometen ayudarnos a vivir mejor. El mensaje parece sencillo: si queremos estar más saludables, necesitamos consumir algo adicional.
Pero ¿en qué momento comenzamos a creer que nuestro organismo requiere suplementos, incluso cuando no existe una deficiencia nutricional o una condición médica que justifique su consumo?
Una práctica cada vez más habitual
El uso de suplementos alimenticios es un fenómeno ampliamente extendido. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Estados Unidos (NHANES), durante 2017-2018, el 57.6% de los adultos de 20 años o más declaró haber consumido al menos un suplemento alimenticio durante los 30 días anteriores. Entre las mujeres, esta proporción alcanzó el 63.8% y entre los hombres, el 50.8% (1).
En México también existen investigaciones que permiten dimensionar este fenómeno. Un estudio publicado en 2020 en la Revista Médica del Instituto Mexicano del Seguro Social, realizado en 800 personas que acudían a gimnasios de Tamaulipas, encontró que aproximadamente ocho de cada diez consumían suplementos nutricionales. Lo particularmente interesante es que el 43% señaló haber recibido la recomendación de un entrenador o instructor, mientras que el 23.8% la recibió de amigos o familiares y el 19.8% decidió consumirlos por cuenta propia (2). Estos resultados, aunque no representan a toda la población mexicana ni permiten afirmar que los suplementos se consumieran sin necesidad, nos invitan a reflexionar sobre quién orienta nuestras decisiones relacionadas con la salud y qué lugar ocupa la evidencia científica en ellas.
Es importante señalar que consumir suplementos no es necesariamente incorrecto. Existen circunstancias en las que representan una intervención útil e incluso indispensable. El problema comienza cuando su consumo se vuelve rutinario, sin considerar las necesidades nutricionales individuales, los posibles efectos adversos o la evidencia científica que respalda sus beneficios (3).
Lo natural no siempre es inofensivo
Uno de los errores más frecuentes es considerar que, por tratarse de vitaminas, minerales o productos naturales, su consumo está libre de riesgos.
Determinados suplementos pueden producir efectos adversos, interactuar con medicamentos o representar riesgos para personas con ciertas enfermedades (3,4). Por ejemplo, el consumo excesivo de vitamina A puede ocasionar toxicidad, mientras que el exceso de hierro puede provocar alteraciones gastrointestinales y daño orgánico. Incluso algunos suplementos herbales también pueden modificar la eficacia de tratamientos farmacológicos (3-5).
Esto no significa que todos los suplementos sean peligrosos. Significa que sus efectos dependen de la sustancia, la dosis, la duración del consumo y las condiciones individuales. Existe una diferencia importante entre que un producto se comercialice libremente y que su uso sea apropiado para todas las personas. Que algo sea natural no significa que sea inocuo. Y que pueda comprarse sin receta no significa que nuestro organismo lo necesite.
Por ello, antes de comenzar a consumir cualquier suplemento alimenticio, deberíamos preguntarnos si realmente lo necesitamos y consultar con nuestro médico o profesional de la nutrición, quien podrá valorar nuestras condiciones de salud, hábitos alimenticios y posibles deficiencias nutricionales para determinar si su consumo está justificado.
El papel de las redes sociales
Otro aspecto que merece nuestra atención es la manera en que tomamos decisiones relacionadas con la salud. Actualmente, es posible que una recomendación sobre vitaminas, suplementos o productos para mejorar el rendimiento físico llegue primero a través de un video en redes sociales que mediante una consulta con un profesional de la salud.
Las plataformas digitales permiten difundir información valiosa, pero también mensajes publicitarios, testimonios personales y afirmaciones que no siempre cuentan con respaldo científico suficiente.
Una persona puede afirmar que determinado producto le ayudó a tener más energía, mejorar su concentración o sentirse mejor. Sin embargo, una experiencia individual no demuestra que el producto sea eficaz ni que sus resultados puedan reproducirse en otras personas.
La evidencia científica requiere investigaciones rigurosas que permitan distinguir entre efectos reales, coincidencias, expectativas personales y otros factores que pueden explicar una mejoría. Quizá uno de los mayores desafíos de nuestra época no sea la falta de información, sino nuestra capacidad para distinguir entre información confiable, publicidad y opiniones personales.
Una reflexión final
No pretendo afirmar que los suplementos alimenticios sean innecesarios para todas las personas. Existen condiciones médicas, etapas de la vida y deficiencias nutricionales en las que su utilización está plenamente justificada (3).
Lo que considero preocupante es que estemos normalizando su consumo sin cuestionar su verdadera necesidad. Quizá debamos preguntarnos por qué estamos tan dispuestos a comprar productos que prometen mejorar nuestra salud, pero no siempre mostramos la misma disposición para modificar nuestros hábitos y adoptar medidas preventivas que requieren constancia y responsabilidad, tales como mantener una dieta balanceada y realizar ejercicio físico.
Cuidar nuestra salud implica algo más que consumir vitaminas, minerales o suplementos alimenticios. También significa desarrollar pensamiento crítico, cuestionar las afirmaciones comerciales y tomar decisiones sustentadas en conocimiento científico.
Antes de consumir un suplemento alimenticio, deberíamos hacernos una pregunta sencilla: ¿realmente lo necesito? No se trata de rechazar estos productos, sino de reconocer que su consumo debe responder a una necesidad individual y no solamente a una recomendación comercial, una tendencia en redes sociales o la creencia de que consumir más siempre es mejor. Consultar con un profesional de la salud puede ayudarnos a tomar decisiones informadas y evitar riesgos innecesarios.
Referencias
1. Mishra S, Stierman B, Gahche JJ, Potischman N. Dietary supplement use among adults: United States, 2017–2018. NCHS Data Brief. 2021;(399):1-8. doi:10.15620/cdc:101131.
2. Alejo-Hernández AA, Montiel-Ruiz RM, Roa-Coria JE, Perales-Torres AL, Castillo-Ruiz O. Consumo de suplementos nutricionales en personas que se ejercitan en gimnasios del norte de México. Rev Med Inst Mex Seguro Soc. 2020;58(6):650-656.
3. National Institutes of Health, Office of Dietary Supplements. Dietary supplements: what you need to know [Internet]. Bethesda (MD): National Institutes of Health. Disponible en: https://ods.od.nih.gov/pubs/DS_WhatYouNeedToKnow.pdf
4. National Center for Complementary and Integrative Health. Uso adecuado de los suplementos dietéticos [Internet]. Bethesda (MD): National Institutes of Health. Disponible en: https://www.nccih.nih.gov/health/espanol/uso-adecuado-de-los-suplementos-dieteticos
5. National Center for Complementary and Integrative Health. Conozca la ciencia: cómo pueden interactuar los medicamentos y los suplementos [Internet]. Bethesda (MD): National Institutes of Health. Disponible en: https://www.nccih.nih.gov/health/espanol/conozca-la-ciencia/interaccion-de-medicamentos-y-suplemento

