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Jorge Tadeo Vargas

Me cuesta definir a Alain por lo que estudió. No solo es un ingeniero ambiental, no solo es un ingeniero en sistemas. Es un activista, un periodista, una persona preocupada por no quedarse solo en la queja y actúa en consecuencia desde la revista No es Basura, donde es director, editor, escritor y un colaborador de las luchas socioambientales.

Nos conocemos desde hace pocos años, pero es de esas personas que parece que siempre han estado en mi vida. Debo presumir que él me hizo una entrevista hace un tiempo y es de las mejores que me han hecho.

Si pensamos en alguien cuando hablamos de la filosofía “Házlo tu Mismo”, no debemos de pensar en un punk. Alain es quien mejor la representa.

¿Quién es Alain Castruita?

Soy una persona entusiasta, obsesionada en mirar los pequeños detalles en las cosas y en las personas.

¿Eres el mismo en este momento de pandemia/encierro?

Imposible ser el mismo.

¿Por qué? ¿Qué ha cambiado?

La pandemia ha generado un estado de fragilidad que provoca que te detengas a pensar un poco – aunque lo evites- en lo que éramos antes, lo que intentamos ser hoy con todas las recomendaciones y actividades eliminadas y adicionales que hemos tenido que incorporar en la vida de todos los días; y las incógnitas del futuro que no termina de llegar.
La pandemia equivale a las sensaciones que experimentas cuando inicia un año nuevo, o un cumpleaños; pero en un formato extendido donde estas obligado a preguntarte sobre tu misma existencia y lo inútiles que han sido tus planes y tus intenciones de ser, o dejar de ser.

Aún en pandemia, los días comienzan con un sol brillante que nos recuerda que estamos vivos. Jodidos pero vivos.

Bien. ¿Que éramos antes?

Lo que éramos antes era una ilusión de vivir nuestra vida, bajo nuestra guía y libre albedrío. Éramos esa falsa sensación de aspirar a algo pensando que llegaría tras una serie de pasos y escalones.
La vida se iba haciendo uso de una libertad espacial cuyo significado desconocíamos. No sabíamos qué era el confinamiento ya que no hemos vivido guerras. Éramos ingenuos.

¿Esta ingenuidad que mencionas, nos jugó una mala pasada?

Me parece que la ingenuidad es como un ingrediente de nuestra vida que dura poco. Las circunstancias de la vida la borran tarde o temprano. Sin embargo, creo que es un catalizador para crear marcas indelebles de sensaciones y recuerdos.
Como un niño que descubre el mundo; y que termina perdiendo eventualmente esa inocencia, para dejarse llevar por el mundo ordinario y rapaz.

¿Nuestro pasado no nos preparó para este encierro? ¿Es encierro o cuarentena?

Hablo como humano que habita en una megalópolis, donde las medidas de aislamiento social tuvieron que ser extremadamente rigurosas (en mi caso voluntariamente es decir autoimpuestas). Evitar a toda costa la aproximación a otras personas en una ciudad con una densidad poblacional importante, se vuelve todo un desafío.

Es así como de forma externa e impuesta tuvimos que ser aún más ensimismados. Nos volvimos más individualistas, pensando incluso en el círculo familiar que tuvo que romper lazos sociales con el exterior.

Tienes que ser yo, pensar en ti, y a lo más en tu núcleo familiar; antes que pensar en el prójimo. No hubo lugar para la comunidad. Se borró cualquier otra posibilidad de interactuar, con el miedo de enfermar, o de contagiar. Una cualidad positiva que es cuidar al prójimo de un contagio tuvo una manifestación básicamente individualista y hasta egoísta.
Lo anterior no debiera ser sorpresa; porque si miramos ese pasado próximo vemos esa tendencia de romper los lazos físicos, con brechas digitales que nos vuelven individualistas.

El pasado sí nos preparó para el encierro porque de alguna manera ya aspirábamos a resolver todo desde el teléfono inteligente; las compras, las operaciones bancarias, la misma posibilidad de trabajar desde casa. Todo eso era un menú aspiracionista, donde presumíamos la tecnología como un ingrediente básico del bienestar. El encierro ya había llegado a nuestras vidas. La cuarentena llegó con el ingrediente adicional; el COVID-19

Genial. Ahora ¿Como vivimos esté presente como sociedad?

El presente requiere que sigamos vivos. Y para ello hay que evitar contagiarse de esa enfermedad que prevalece, y de la que no existe vacuna.

El presente requiere que las medidas que se toman para evitar los contagios se nos graben para siempre y se vuelvan parte de nuestra vida. Estamos en ese proceso de que esas barreras físicas como los cubrebocas y actividades de desinfección sean parte del ritual diario.

Todo cambió para siempre. Pero somos tan estúpidos que creemos que todo esto que ocurre nunca antes le había ocurrido a la humanidad. Nos hace falta conocer nuestra historia.

Aún desconocemos los efectos generales como país, como economía y como un país extremadamente pobre que se resbala a una crisis mayor. Es muy pronto para imaginar cómo será todo “después”. Como mencioné antes, ese futuro aún no llega y no sabemos cómo será. La incertidumbre me parece que se vuelve casi terror que ciega y paraliza.

Por eso como sociedad, no nos queda más remedio que mirar el día en el que vivimos y cuidar de la mente y el cuerpo. Vivir el presente como lo único que es nuestro.

¿Crees que hoy más que nunca se aplica el vivir al día? ¿Sobreviviremos como especie ante este encierro? Reconociendo que somos animales de manada.

Es verdad. Hoy más que nunca aplica el vivir al día porque se rompieron todos los lazos que nos unían a un futuro (real o no) que se construía con trabajo y dedicación y con el cual se recibían gratificaciones con las que se esperaba vivir-sobrevivir. Se rompieron los frágiles cimientos que nos hacían pensar que teníamos un destino y caminábamos hacia él.

El encierro generalizó la ruptura y disociación del humano con la naturaleza. ¿Cuánto daba la gente por salir y tumbarse en el parque y respirar el olor a hierba húmeda? ¿Cuántos no añoraban esa sensación de tranquilidad al mirar el firmamento? Pero encerrados en cincuenta metros cuadrados, con ventanas que miraban hacia otro edificio nos fuimos dando cuenta lo cautivos que estamos en nuestras ciudades. Lo falso de nuestro reino de concreto.

El hombre “moderno” es triste. Porque se ha alejado de los ritmos naturales que lo mantenían en equilibrio. El ser humano citadino está condenado. No así el habitante de la tierra en el campo, que, aunque sometido históricamente a las salvajadas de la bota civilizadora que lo despoja todo; es capaz de reforzar los lazos que los han llevado a la fecha, a sobrevivir siglos de calamidades.

Con la siembra y cosecha, el humano del campo mira con curiosidad y hasta sorna lo frágiles que somos los que vivimos en una ciudad que apesta y se extiende como virus. La ciudad misma es la manifestación de nuestra enfermedad.

¿Crees que se viva distinto el encierro en el campo y la ciudad? ¿el futuro es rural?

En el campo no hubo encierro. Porque todo ocurre a su tiempo, con distancia, y sin hacinamiento. La vida en el campo ocurre rodeado de vida que se complementa una con la otra. Las superficies son naturales. No es necesario desinfectar el tronco del árbol que acabas de tocar. ¿O sí?

En la ciudad estamos rodeados de materiales artificiales, donde el virus es capaz de detenerse, esperándote a que llegues tú para llevártelo.

Nuestro futuro tiene que ser nuestro pasado. Debemos volver.

¿Esto nos puede acercar más a una solidaridad, a una comunalidad o a un sistema de clases neofeudal? ¿Estamos ante el colapso?

Me parece que en los momentos de crisis y tragedias nos acordamos de cosas fundamentales que en tiempos de bonanza y comodidad obviamos.

De forma espontánea se vieron cómo emergían espontáneamente actitudes de colaboración que sugiere ese espíritu de comunidad. Imposibilitados de realizar las actividades cotidianas en las formas como se hacían antes de la pandemia, surgen bonitas actitudes como “volver” a comprar de forma local, al comerciante del barrio.

El ser humano de forma espontánea y quizá sin guía, se adapta a condiciones adversas, y resuelve con propuestas más humanas probadas en otros tiempos. Alejadas del entorno artificial y burocrático que representan las organizaciones políticas y las administraciones subnacionales; emergen broten de solidaridad alejados del aparato comercial que esclaviza.

Nada será definitivo. Eso que mencionas del sistema de clases neofeudal es una tendencia que pisa fuerte y que solamente podrá sortearse únicamente si nos miramos a ver entre iguales y construimos una sociedad más justa.

¿Cuáles son los dos futuros que ven más probables y como encajamos en ellos? Me refiero a nosotras, gente como tú y yo que buscamos el bien común.

Un futuro probable es aquel en donde de un plumazo, a propósito de la pandemia, se derriban o disminuyen los derechos y las remuneraciones. Ya se viven las reducciones de salario, los despidos. Todo porque el aparato económico en el que se sustentan nuestras sociedades tiene como único objetivo la generación de utilidades. En el momento en el que se interrumpe el proceso de generación de ganancias, el factor humano (y natural) que lo hace posible es prescindible. Ese futuro que se ve venir se justifica porque se escucha la frase “Es esto, o nada”.

El otro futuro probable es uno más sensato, donde debiéramos encontrarle un nuevo significado a lo que queremos ser y tener. Alejarnos del tener para ser. Liberarnos de los mensajes que nos repiten que hay que gastar para tener. Y hay que tener para sentirnos que existimos. El consumismo nos tiene enfermos, esclavizados y endeudados. Ese futuro probable nos coloca en una posición de decidir conscientemente no querer seguir participando en las razones por las que nuestro planeta se encuentra al límite, y la humanidad al borde.

¿cuál crees que vaya a ser el que impere?

El primero, porque parte del manipuleo hacia el grueso de los humanos, justifica ese futuro como el único y el mejor. Lo adorna con mensajes intensivos como la mejor alternativa; aunque eso menoscabe el bienestar y perpetúe las injusticias históricas de las grandes mayorías sin privilegios.

El segundo representa a la resistencia. Los relegados. Los incomprendidos que imaginan otro horizonte, con todo en contra.

¿No eres optimista como Zizek que dice que estamos ante el fin del capitalismo?

Me considero una persona optimista, pero no a ese nivel de creer que estamos en el portal de un mundo nuevo, mejorado y verde.

Si es el fin del capitalismo es porque se convierte en otra cosa. Nunca mejor.

Muchas gracias por tu tiempo. Una última pregunta. Recomienda cinco películas y cinco discos para sobrevivir al fin del mundo.

Música:
-Fleetwood Mac de Fleetwood Mac
-Bigger, Better, Faster, More! de 4 Non blondes
-Lotofire de Ely Guerra
-The sensual world de Kate Bush
-Love yourself: Answer de BTS

Películas:
-Trois Couleurs: Bleu de Krzysztof Kieslowski
-Tiempo de gitanos de Emir Kusturica
-El piano de Jane Campion
-En un claroscuro de la luna de Sergio Olhovich
-El callejón de los milagros de Jorge Fons

a ti por la experiencia¡ Salud!

Jorge Tadeo Vargas. Vive con sus dos amores en una relación poliamorosa. En una casa donde las perras y gatas superan en número a las humanas que viven bajo su dictadura. Es biólogo, anarquista, activista, ensayista, escritor y panadero casero. Ha escrito a la fecha cinco libros y colaborado en algunos colectivos. Desde hace ocho años escribe una columna regular en Libera Radio. Es el coordinador no oficial de LIDECS, colectivo que busca mediante la investigación aportar a la búsqueda de la justicia socioambiental.