En portada: Infraestructura para la extracción de hidrocarburos en el pozo Pankiwi-EXP1. Ubicado a 500 metros del ejido El Tablón, municipio de Pantepec, Puebla. El pozo fue fracturado por Pemex desde 2018 y, actualmente, a pesar de estar en desuso registra fugas de emisiones contaminantes e hidrocarburos que contaminan el área. Foto: Regina López.
Un informe realizado por la organización CartoCrítica echa luz sobre un tema poco visibilizado en el proceso de exploración y explotación de hidrocarburos en México: el manejo y disposición de los residuos resultado de la extracción de petróleo. El estudio evidencia un manejo opaco por parte de empresas y del propio gobierno mexicano y una regulación deficiente de estos residuos que describen como altamente tóxicos y contaminantes, poniendo en riesgo la salud de las personas y el medio ambiente, además de generar actividad sísmica.
Resalta que entre los años 2000 y 2023 se incrementó en 95% el volumen de agua producida por la industria de los hidrocarburos en el país. Tan sólo en 2023 se superaron los 23 mil millones de litros de agua producida, que equivalen a más de 1 millón de pipas de agua de 20 mil litros cada una.
Del total de esa agua producida, 77% fue inyectada al subsuelo para su disposición a través de lo que llaman “pozos letrina”, que son infraestructuras construidas para el confinamiento subterráneo de desechos líquidos y sólidos. Esos residuos contienen componentes altamente tóxicas como hidrocarburos, sales, metales pesados, compuestos orgánicos volátiles y materiales radiactivos de origen natural.
La investigadora de CartoCrítica y coautora de la investigación Pozos letrina. Residuos petroleros inyectados en las profundidades, Carla Flores Lot, señaló, como ejemplo, que las concentraciones de contaminantes como el benceno en las aguas de retorno, superan los límites de agua potable hasta en 1,440 veces.

De acuerdo con revisión de la literatura científica documentada en el informe, considerando experiencias en otras regiones del mundo, la exposición a estos fluidos puede causar alteraciones hormonales, daños hepáticos y renales.
El ingeniero petrolero Rafael Flores, coautor de la investigación, planteó que “la industria utiliza este proceso de disposición de residuos porque es más barato. En Estados Unidos se han hecho intentos por darle tratamiento a las aguas residuales pero es muy costoso, porque se requiere de la instalación de plantas de tratamiento y consumen mucha energía”.
El investigador del Instituto de Geociencias de la UNAM, Luca Ferrari, sostuvo que en Estados Unidos ya no saben qué hacer con las aguas residuales, de tanto que las han inyectado ya brota de la tierra en forma de géisers. “Si se pretende ahora apostar más fuerte por el fracking tendremos muchos más problemas de contaminación y riesgos sismológicos”.
Opacidad
Sobre la información disponible para conocer los volúmenes y el manejo de los residuos de la industria petrolera, la investigación concluye que hay una gran opacidad estructural de las instituciones sobre estas operaciones. Las autoridades como la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA), la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) y Petróleos Mexicanos (Pemex) negaron sistemáticamente el acceso a información sobre el manejo de los residuos.
La información disponible no permite responder con claridad preguntas básicas sobre cuántos pozos existen, dónde están, qué tipo de residuos reciben, cómo se monitorean, cuál es su desempeño a lo largo del tiempo, cómo y por dónde se transportan los residuos, ni qué composición química tienen antes de ser inyectados.
Las autoridades (ASEA, CNH, Pemex) negaron sistemáticamente el acceso a información alegando seguridad nacional, secreto industrial o simple inexistencia de datos. “Los pocos datos entregados presentan inconsistencias graves, formatos incompatibles y ausencia de desagregación, lo que impide reconstruir de forma fiable qué sustancias se inyectan, dónde, con qué frecuencia y bajo qué condiciones”, sostienen los autores en el informe.
El estudio también registró que Pemex, además de los pozos letrina, descarga esta agua a los cuerpos de agua, así como aguas residuales de otros usos, teniendo una descarga a cuerpos de agua de 8.57 MMm3. “Pero con qué calidad, en qué cuerpos de agua, qué monitoreo hay de ellos, qué tratamientos previos se implementaron, con qué frecuencia se hacen las descargas y si se mezcla agua producida con el resto de aguas residuales, no se reporta en sus informes y no se localizó información proactiva en los portales de las dependencias”.
Legislación
Otro de los puntos evidenciados es que la regulación del manejo y disposición de los residuos petroleros, es deficiente, “porque no establece límites de concentraciones de contaminantes ni la caracterización rigurosa de los compuestos que contienen estos fluidos tóxicos”, dice el informe.
Sin embargo, de acuerdo a la abogada y co-coordinadora de Territorios Diversos para la Vida, Viridiana Maldonado, aunque se mejore la regulación para el manejo de los residuos de la industria de los hidrocarburos, los impactos al ambiente, a las comunidades y a la salud van a continuar. En un estudio en el que comparó las regulaciones de la industria de hidrocarburos en varios países, entre ellos Estados Unidos, Argentina y México, identificó que aunque en Texas presumen su regulación robusta, se han presentado múltiples daños al ambiente, contaminación de cuerpos de agua y daños a la salud de las comunidades aledañas.
En México, la falta de información pública “impide una evaluación detallada de los daños, pero la coincidencia entre aumento en la inyección, y en los niveles de contaminantes en descargas sugiere que los riesgos no están siendo adecuadamente gestionados”, alertan los autores del informe.
Publicado originalmente en http://Avispa
