Por: Claudia Korol

¿Cómo imaginar la vida de mujeres, que se han vuelto parte de las luchas revolucionarias en un mundo donde manda la violencia patriarcal, colonial, racista, que son propias y refuerzan la explotación capitalista?

¿Cómo comprender la vida de mujeres que han pasado gran parte de sus vidas perseguidas, en prisión, prófugas, enfermas en algunos casos, sin poder gestionar de manera personal algunos aspectos de su vida cotidiana?

¿Cómo se sostiene la presencia política de las mujeres, en trabajos o en estudios en los que sistemáticamente se niega o subestima su rol, sus aportes, como parte de la naturalización de la dominación patriarcal?

¿Cuánto más complejo es hacerlo si se trata de mujeres originarias, negras, racializadas, que sufren también la discriminación propia de la cultura neocolonial del capitalismo?

No se puede comprender cómo hacerlo, si no pensamos con profundidad en el lugar de la amistad política entre mujeres. Podríamos poner muchos ejemplos, para asegurar que resulta fundamental para las mujeres que emprenden diferentes iniciativas políticas, sociales, laborales, culturales, hacerlo acompañadas de otras que como ellas también viven y se enfrentan cotidianamente a una cantidad de opresiones “invisibles” a fuerza de ser normalizadas.

Son amigas las que acompañan a quienes tienen que poner la voz para enfrentarse en un piquete a las fuerzas represivas, o al maltrato de sus propios compañeros de organización. Son amigas políticas las que aseguran el cuidado de hijos, hijas, o quienes comparten la vida, como en el caso de Rosa Luxemburgo y su gata Mimí, cuando ellas están presas, o perseguidas, o simplemente tienen que poder asistir a reuniones en las que generalmente no se toma en consideración sus posibilidades.

Nombrar a Rosa Luxemburgo, mujer migrante, polaca, judía, que sufrió todo tipo de persecuciones por sus posiciones definidas contra las políticas reformistas y militaristas de los sectores reaccionarios –que devinieron fascistas- y de la socialdemocracia europea –quien finalmente dio la orden de asesinarla en enero de 1919- es recordar que ella fue sostenida por amigas con quienes compartió no sólo tareas y luchas políticas, como Clara Zetkin, y otras a quienes le dedicó bellas cartas en las que pudo dar espacio a su espíritu poético, o a sus angustias cotidianas.

Si bien Rosa Luxemburgo tuvo varias relaciones amorosas, para su sostén cotidiano siempre se dirigió a las amigas. Vale compartir, algunos fragmentos de sus cartas a Sofía Liebknecht, a Mathilde Wurm, Mathilde Jacob, Luise Kautsky, Marta Rosenbaum o a la misma Clara Zetkin, muchas de ellas publicadas en el libro Vivo más feliz en la tormenta. Cartas a amigas y compañeras, compilado por Lisa Buhl y Sofía Ruiz, con prólogo de Esther Díaz (Editorial Rara Avis). En sus cartas, Rosa expresa además de opiniones políticas, criterios de trabajo, todo su amor por la naturaleza, por las plantas, por los pájaros (ella quiso estudiar Biología o Botánica, y en ese momento no lo hizo por la oposición de su pareja de entonces, Leo Jogiches, que consideraba que era más importante para una revolucionaria, estudiar Economía Política). Sin embargo, las plantas, los pájaros y las amigas, formaron parte de sus alegrías en los momentos más duros.

Desde la cárcel de Wronke, le escribía a Clara Zetkin en abril de 1917: “Las noticias de Rusia y la primavera también promueven esta sensación de frescura y ánimo. Los sucesos rusos son de un alcance enorme, incalculable, y veo aquello que pasó allá hasta ahora solo como una pequeña obertura. Allá las cosas tienen que volcarse a lo grandioso, está en la naturaleza del asunto. Y un eco en todo el mundo es inevitable. La primavera, sin embargo, viene muy titubeante. Acá en mi jardincito todavía no se ve nada verde. Pero ya revisé los brotes en todos los arbustos y espero un maravilloso florecer. Incluye: ¡dos árboles jóvenes de arce blanco, un gran álamo blanco, una “acacia” (o lo que llaman así, en realidad: robinia), dos arbolitos de castaño, dos cerezos decorativos (como los de ustedes a la entrada del jardín con las hojas rojas como la sangre), varios arbustos decorativos de grosella (la ribes, que florece amarilla), varias bolitas de nieve y un cornejo rojo que tiene flores blancas y frutos azules, algunos ligustros, dos avellanos, además, abundantes lilas! Todos florecerán hermosamente uno tras otro, y estoy esperando sin impaciencia, porque ya me están deleitando los brotes. De pájaros, se agregaron a mis carboneros y mirlos: pinzón, chamariz, herrerillos y pajaritas de las nieves. El pinzón viene todas las mañanas a las 7 y llama en la ventana pidiendo comida, está completamente domesticado. Pero no me mandes más alimento para los pájaros, queridísima. Estos pícaros no quisieron saber nada de granos, ni siquiera en invierno, siempre querían comer nada más que la avena de Knorr, fiambre y budín, otras cosas las dejan de lado, y yo, claro está, tengo que ponerles afuera lo que solicitan”. Desde la misma cárcel, un mes después, le escribía a Sofía Liebknecht: “A veces, ¿sabe usted?, tengo también la sensación de no ser un verdadero ser humano, sino un pájaro, un animalillo cualquiera que hubiese tomado forma humana: interiormente, me siento mucho más en mi medio en un pedacito de jardín, como ahora, o en un campo, tendida sobre la hierba, rodeada de zumbidos, que en un congreso del partido. A usted puedo decírselo, pues sé que detrás de esto no acechará una traición a la causa. Bien sabe usted que yo, a pesar de todo, moriré, como lo espero, en mi puesto: en una lucha callejera o en el presidio. Pero, en mi fuero interno, la verdad es que me siento más cerca de los petirrojos que de los compañeros.”

En su amistad con Clara, estuvo también muy presente el diálogo sobre la organización política de las mujeres. En noviembre de 1918, meses antes de ser asesinada, le escribía a Clara desde Berlín, ya en libertad: “¡Ahora la agitación de las mujeres! Su importancia y su urgencia nos quedan claras igual que a vos. En la primera reunión de nuestra “cúpula” decidimos, por solicitud mía, publicar también un diario de mujeres y robarte a vos del de Leipzig para este fin (o más bien por este medio)…. En cualquier caso acá en Berlín, debemos hacer un periódico de mujeres, ya sea como semanario independiente, dos veces por semana, o como suplemento diario de Die Rote Fahne; eso lo deberías decidir vos, ¡obviamente deberíamos ponernos de acuerdo! ¡Y el asunto es tan urgente! Cada día perdido es un pecado.”

La amistad política entre mujeres le permitió que su gata Mimi siempre estuviera bien cuidada, recibir la ropa necesaria en la cárcel, encontrar momentos de paseo, de compartir miradas del mundo, rabias, esperanzas y deseos.

Bertha y sus planes cerveceros

Pensando en esas mismas dimensiones, tenemos la experiencia de la líder del pueblo lenca Bertha Cáceres, que siempre se movió entre las comunidades, acompañada de sus amigas. Ella pasaba a buscarlas en el coche del COPINH, y eso le permitía pensar juntas las complejidades de la lucha política, tanto como en las posibilidades de tomar una cerveza y arreglar el mundo. Recuerdo cuando ella estaba prófuga porque la perseguían judicialmente para detenerla, pude ir a visitarla, y cuando antes de hacerlo le consulté qué necesitaba que le llevara, me respondió: “un buen vino argentino, compañera”. En alguna selva hondureña, compartimos ese vino. Y cuando necesitaba aclarar alguna situación, tanto personal como política, una de sus grandes amigas a la que acudía para consejos, era la líder de OFRANEH (Organización Fraternal Negra de Honduras), Miriam Miranda.

Podía viajar kilómetros para poder pensar con ella, o con otras amigas como la poeta Melissa Cardoza o la trovadora Karla Lara.

Entre amigas políticas, no hay jerarquías, no hay competencia. La solidaridad, el abrazo, el encuentro, la fiesta, son tan necesarias como el análisis, la reflexión, e incluso por momentos las rabietas, los enojos, que sabemos que son formas en las que vamos aprendiendo las dificultades y los desafíos de la vida. La amistad política entre mujeres es un arma que desorganiza la violencia opresora basada en el individualismo, el egoísmo, el sálvese quien pueda.


Publicado originalmente en Página 12