Columna LETRA DE CAMBIO, opinión sobre salud pública, política sanitaria y tecnología en salud
Sonora opera desde 2022 un programa estatal de telemedicina que ya conecta unidades rurales con 22 especialidades. La federación acaba de reconocer legalmente la telesalud como parte del Sistema Nacional de Salud. La pregunta ya no es si la herramienta funciona: es si el sur del estado ocupará el lugar que su geografía y su carga de enfermedad le reclaman.
Por: Dr. Alejandro Arellano Guzmán | Libera Radio Hermosillo
En mayo de 2022, el Gobierno de Sonora puso en marcha un programa estatal de telemedicina con un objetivo concreto: llevar consulta de especialidad a los centros de salud rurales de localidades de difícil acceso, alta marginación o presencia indígena, donde la distancia al hospital de referencia es una barrera real para recibir atención médica. El modelo se llama Telesalud Sonora. Su plataforma identificó 106 unidades de primer nivel y hospitales comunitarios elegibles, con un potencial estimado de setenta mil usuarios. En el primer año realizó 330 teleconsultas. En 2023, la cifra creció a 1,252. Entre enero y agosto de 2024 se realizaron 1,479. El programa existe, opera y crece. Eso, en un país acostumbrado a los proyectos digitales que se anuncian y no llegan, ya es noticia.
La cobertura existe, pero su geografía deja zonas en gris.
Esa secuencia importa por dos razones. La primera es que rompe un lugar común: en Sonora la telemedicina no es una aspiración futura ni un proyecto piloto, es un servicio público en operación, documentado por la Dirección General de Servicios de Salud a la Persona del estado y reconocido por la Dirección de Salud Digital de la Secretaría de Salud federal. La segunda razón es menos cómoda. Hagamos la cuenta: 1,479 teleconsultas en ocho meses equivalen a menos de diez por día hábil para todo el estado, frente a un padrón potencial de setenta mil usuarios. Que el programa haya cuadruplicado su actividad en dos años habla de una implementación seria; que la cifra absoluta siga siendo esa habla de una cobertura todavía pequeña frente al tamaño documentado de la necesidad. La pregunta de política pública ya no es si el programa funciona —funciona—. La pregunta es qué territorios están dentro de ese crecimiento y cuáles permanecen en una zona gris.
El contexto en el que esta discusión se da hoy no es accidental. En las Américas, alrededor del 35 por ciento de la población carece de acceso oportuno a los servicios de salud que necesita, principalmente por barreras geográficas, financieras y organizativas, según la Organización Panamericana de la Salud. La misma organización lanzó en marzo de 2025 un Paquete de Telesalud Todo en Uno diseñado precisamente para cerrar esa brecha en comunidades remotas de la región. La Organización Mundial de la Salud estima que la telemedicina, bien implementada, puede reducir hasta en 30 por ciento los traslados innecesarios desde zonas rurales hacia hospitales urbanos. Y en México, el 15 de enero de 2026 el Diario Oficial de la Federación publicó una reforma a la Ley General de Salud que reconoce por primera vez, de manera formal, a la telesalud y a la telemedicina como modalidades oficiales del Sistema Nacional de Salud. En mayo de 2026, la delegación mexicana ante la 79ª Asamblea Mundial de la Salud las incluyó explícitamente entre las herramientas con las que el país busca avanzar hacia la cobertura sanitaria universal. La ventana normativa que faltaba ya está abierta.
La telemedicina no sustituye al médico general: lo multiplica.
Esta confluencia importa por una razón concreta para quien vive y trabaja en el sur del estado. En la columna anterior de este espacio documentamos la escasez del médico general en el primer nivel de atención: México tiene 2.0 médicos por cada mil habitantes frente a los 3.5 que promedian los países de la OCDE, y esa brecha se siente más donde las distancias son largas. La telemedicina no sustituye a ese médico que falta: lo multiplica. Un médico general en un centro de salud rural que puede hacer una teleconsulta con el especialista de su hospital de referencia resuelve en su propia comunidad casos que antes obligaban al paciente a perder un día de trabajo, pagar un traslado y esperar semanas por una cita presencial. Y aquí confluyen las dos deudas que esta columna ha venido documentando: la teleconsulta solo funciona si la información clínica fluye entre unidades —el expediente que México sigue debiéndose— y solo tiene sentido si multiplica al personal que el sistema no ha logrado retener. La telemedicina es, literalmente, el punto donde esas dos letras de cambio se cruzan.
La pregunta que el sur de Sonora tiene derecho a hacer.
En esa geografía de crecimiento, el sur del estado tiene una participación que vale la pena nombrar con precisión. Entre las unidades incorporadas al programa estatal figuran ya el Centro de Salud Rural de Quiriego, el de Rosario-Tesopaco, el de El Júpare, la Unidad de Huatabampo, el Hospital Comunitario IMSS-Bienestar de Álamos y la Clínica de Atención al Neurodesarrollo de Navojoa. Son piezas reales. Pero la cabecera regional del sur —Cajeme, con su carga de pacientes crónicos, su densidad poblacional, su Hospital General y su presencia universitaria— no aparece todavía como nodo central de teleconsulta articulado para el conjunto del Valle del Yaqui, el Valle del Mayo y la sierra circundante. Esa ausencia no es un detalle administrativo. Es la diferencia entre una telemedicina pensada como derivación puntual hacia Hermosillo y una telemedicina pensada como red regional, donde el sur del estado atiende desde su propio hospital de referencia a su propia periferia rural.
Reconocer el esfuerzo previo es indispensable, y también es estratégico no detenerse en el reconocimiento. El Gobierno del Estado levantó la plataforma en 2022 e integró equipos con coordinadores hospitalarios, médicos residentes, pasantes y personal técnico. El IMSS-Bienestar incorporó unidades hospitalarias del sur y opera desde 2025 un Programa Nacional de Telemedicina; la plataforma federal Consulta Digital reporta 402 unidades y más de 813 mil teleconsultas en 2025. La Universidad de Sonora, desde el Campus Cajeme, forma a los profesionales que usarán estas herramientas en su práctica cotidiana. La construcción no parte de cero. Lo que falta no es voluntad institucional: es articulación regional con metas, plazos y nodos definidos para el sur del estado.
Tres compromisos concretos y verificables.
La discusión pública en torno a la telemedicina en Sonora debería avanzar hacia tres compromisos verificables. El primero: designar formalmente al Hospital General de Ciudad Obregón como nodo regional interconsultante para el sur del estado, con especialidades definidas, agenda accesible para las unidades rurales del Valle del Yaqui, el Valle del Mayo y la sierra del sur, y especialistas con responsabilidad explícita de atender teleconsultas como parte de su carga ordinaria de trabajo. El segundo: garantizar conectividad estable en los centros de salud rurales del sur, porque sin internet confiable no hay teleconsulta, y la conectividad de una unidad pública es responsabilidad pública, no aspiración privada. El tercero no cuesta dinero: publicar trimestralmente cuántas teleconsultas se realizan, en qué unidades y en qué especialidades, desglosadas por jurisdicción sanitaria. Lo que no se mide no mejora, y lo que no se publica no se puede exigir. Un programa que crece no tiene nada que ocultar; tiene mucho que presumir.
Lo que está en juego es fácil de dimensionar. Si estos compromisos se cumplen, el paciente con diabetes de la sierra del sur consultará a su endocrinólogo sin cuatro horas de carretera, la madre de Quiriego resolverá la valoración pediátrica de su hijo en su propio centro de salud, y el médico general rural dejará de trabajar como una isla. Si no se cumplen, la telemedicina correrá el destino de tantas promesas digitales del sistema de salud mexicano: existir en el papel, operar en la periferia de las estadísticas y llegar tarde justamente a las comunidades para las que fue diseñada.
La letra de cambio que sí se puede cobrar este año.
Esta columna ha documentado tres deudas del sistema con el paciente: la información clínica que no fluye, el médico general que no está y, ahora, la consulta que no llega porque hay carretera de por medio. De las tres, la telemedicina es la única letra de cambio que el sistema puede empezar a pagar este mismo año: la tecnología ya existe, la ley ya la reconoce, el programa ya opera y crece. Lo único pendiente por decidir es si el sur de Sonora estará en el mapa cuando se pague. Este espacio volverá sobre estas cifras dentro de un año. Ojalá sea para celebrarlas.
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Dr. Alejandro Arellano Guzmán
Médico | Maestro en Gestión de Salud Institucional | Doctorante en Gestión de Salud
Columna Letra de Cambio | Libera Radio Hermosillo
