#DíasdelFuturoPasado 48
Por: Jorge Tadeo Vargas*

A casi medio año de que se tomaran medidas de confinamiento en todo el mundo como una acción inmediata contra el contagio global del SARS-COV2, mejor conocido como COVID19, la pandemia no parece disminuir, al contrario, aunque en muchos países se intenta volver a una mal llamada “nueva normalidad”, los contagios y las muertes relacionadas con este virus siguen en aumento. No parece que esto vaya a terminar pronto. Incluso algunos especialistas hablan de un posible repunte para fines del verano cuando el clima le sea más propicio para propagarse.
Esto ha generado una especie de racismo sistémico pues son las poblaciones mas vulneradas por el modelo de producción-consumo y aunque es muy pronto para dar algún pronóstico de lo que nos espera en un futuro próximo, además que es irresponsable hacerlo desde la mejor ciencia posible, el presente ya es lo bastante complicado para estas poblaciones vulneradas por el modelo. No solo en el tema de salud, sino en todo lo que implique un mínimo de justicia social.
A esta pandemia tenemos que sumarle la crisis socioambiental que desde hace años nos conduce a un colapso civilizatorio y un nuevo sistema de clases, el cual a pesar del optimismo de algunos intelectuales sigue muy presente. El extractivismo, la privatización de los territorios, las emisiones de gases tóxicos, los gases de efecto invernadero y el síntoma más claro de que todo se mantiene igual, la crisis climática que no ha tenido ningún descenso significativo como lo dicen los medios de comunicación en estos cinco meses de encierro.

La razón es muy simple. A pesar de la propaganda mediática/gubernamental del #QuedateneCasa, de los supuestos esfuerzos de los gobiernos por contener el virus, esfuerzos que son inútiles, sin sentido la mayoría de ellos y desde una organización que deja claro el colapso del sistema, el capitalismo como el sistema de clases hegemónico se mantiene, se fortalece en este encierro. El consumismo se ha disparado, poniendo a Amazon, Uber Eats, entre otras como las corporaciones que más ganancias ha sacado de esta “nueva normalidad”; esfuerzos ciudadanos que se habían traducido en leyes como la prohibición de los plásticos de un solo uso se echaron para atrás en aras de la seguridad y la salud, aumentando la producción, que para dar un dato especifico, lo vemos desde los residuos sólidos urbanos, los cuales pasaron de ser 1.5 kilogramos por persona al día a 2.2 kilos, casi el doble. Esto se debe de traducir en toda la cadena lineal desde la extracción hasta la disposición y el aumento de los costos socioambientales. Las zonas de sacrificio no se han detenido en esta pandemia, al contrario, algunas han aumentado en sus impactos, por ejemplo, las cementeras y la incineración de residuos.
No hay un cambio sistémico. Podemos estar encerrados en casa, pero el modelo de producción-consumo se mantiene, el extractivismo sigue su curso devastador y criminal, la privatización de los territorios sigue su marcha, ahora con más fuerza pues se aprovecha del encierro para desplazar comunidades enteras. La criminalización, el asesinato a defensores sigue, las poblaciones vulneradas no solo tienen que lidiar con esto, sino también con el colapso del sistema de salud y el virus que se convierte en otro factor más de vulnerabilidad para las comunidades. El modelo no ha sido frenado, no estamos ante el fin del capitalismo como algunos intelectuales lo auguran. Al contrario, lo que vemos en una nueva fase mucho más salvaje, más devastadora, más feudal.
Regresando al tema de la crisis climática, la cual ha dejado de ser noticia para la mayoría de los medios de comunicación que prefieren darles cabida a noticias sin sentido, información falsa o a medias pero que esté dentro del tema de moda como es la pandemia y el SARS-COV2 que a una situación de fondo que sigue siendo una problemática real y que según algunos cálculos dejará millones de muertos para el 2050 de continuar con la tendencia actual de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Aunque este año no se llevará a cabo la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático de la ONU, la cual ya tuvo un enorme fracaso el año pasado en su edición 25, que gracias a las movilizaciones y las protestas en Santiago de Chile tuvieron que moverla de urgencia a Madrid lo que trajo muchos conflictos y al final ha sido el más grande de todos los fracasos que son estas conferencias desde su inicio. Este año, la COP26 a celebrarse en Glasgow, Escocia se pospondrá hasta marzo del 2021, donde la pandemia ya se ve como el protagonista tanto del cabildeo dentro de la COP, como por parte de las organizaciones que estarán afuera. Esta “nueva normalidad” permeará de entrada todo lo que se lea y huela a capitalismo verde. En marzo se discutirá ampliamente los Green New Deal tanto el propuesto por la “izquierda norteamericana” liderada por Ocasio-Cortéz y Sanders, como la europea propuesta por la Unión Europea. De ser aceptadas como las soluciones -muy falsas pero que sirven al sistema- comenzaremos con una nueva relación entre el Norte y el Sur Global, donde oficialmente seremos lo que ya somos actualmente. De nuevo, colonias al servicio esta vez de las corporaciones transnacionales.
Hay que ser claro. No podemos hablar de qué es lo que nos espera al final de la pandemia. No podemos especular con eso. Lo que tenemos muy claro es que la crisis socioambiental, con la crisis climática a la cabeza no se han detenido. El modelo de producción-consumo se mantiene con toda su fuerza y en aumento. No hay optimismo que nos sirva para enfrentar esa realidad. La situación de encierro actual no es permanente ni mucho menos. No es el fin del capitalismo, no la estamos dando un descanso a la tierra ¿Recuerdan el tren (no) maya, la refinería Dos Bocas, el aumento de la minería? Es solo un espejismo que no nos permite ver la realidad. El colapso climático está a la vuelta de la esquina con o sin pandemia y si no vemos en la colectividad, en la cooperación comunitaria, en las acciones locales la solución a todo esto, entonces si estamos perdidos.
Desde la rebelión pesimista, en 2020 el año de la pandemia.
*Activista, escritor, ensayista, anarquista, biólogo, panadero casero, coordinador de LIDECS





