Dr. Mario Alberto Velázquez García / Centro de Estudios Transfronterizos
*Texto publicado en colaboración con el área de Difusión del Colegio de Sonora.
En las últimas décadas se ha vuelto común afirmar que el conocimiento sólo tiene valor cuando produce resultados prácticos inmediatos. Bajo esta lógica, las disciplinas científicas suelen medirse por su capacidad para generar tecnología, infraestructura, innovación industrial o ganancias económicas. Desde esta perspectiva, áreas como las ingenierías o las ciencias aplicadas aparecen como modelos ideales de utilidad, mientras que las Ciencias Sociales y las Humanidades son cuestionadas por no producir objetos materiales visibles o soluciones técnicas inmediatas. Sin embargo, esta visión representa un error profundo sobre la naturaleza del conocimiento y sobre las necesidades reales de las sociedades contemporáneas.
No todo conocimiento debe tener una utilidad práctica en el mismo sentido que una ingeniería. Existen formas de conocimiento cuya función principal no es construir máquinas o desarrollar tecnologías, sino ayudarnos a comprender quiénes somos, cómo funcionan las sociedades y por qué el mundo se organiza de ciertas maneras. Las Ciencias Sociales, como la Sociología, la Historia, la Antropología o la Ciencia Política, cumplen precisamente esa tarea: permiten entender las relaciones humanas, los conflictos colectivos, las estructuras de poder y los procesos históricos que moldean nuestras vidas. Esta capacidad resulta fundamental en un tiempo como el actual, caracterizado por incertidumbre, polarización y el regreso de divisiones que muchas personas creían superadas.
El siglo XXI, lejos de convertirse en una etapa de armonía global, ha mostrado el resurgimiento de conflictos religiosos, raciales y nacionalistas en distintas partes del mundo. Al mismo tiempo, persisten desigualdades históricas vinculadas al género, la clase social y el acceso desigual a recursos económicos. Las redes sociales digitales han intensificado muchas de estas tensiones al transformarse en espacios permanentes de confrontación política y cultural. En ellas circulan discursos de odio, teorías conspirativas, extremismos ideológicos y formas de desinformación que profundizan la fragmentación social.

Frente a este escenario, las Ciencias Sociales permiten comprender que estas divisiones no nacen simplemente de “malas personas” o de opiniones aisladas, sino de procesos históricos, económicos y culturales mucho más complejos. La Sociología ayuda a identificar cómo la desigualdad económica, la exclusión social, el miedo al cambio y la pérdida de confianza en las instituciones generan resentimientos colectivos que terminan expresándose en el ámbito digital. La Historia demuestra que las sociedades modernas han atravesado repetidamente momentos de polarización cuando existen crisis económicas, cambios tecnológicos acelerados o transformaciones culturales profundas. Comprender estas raíces históricas es indispensable para evitar soluciones simplistas y para construir alternativas de convivencia más democráticas.
Además, las Ciencias Sociales permiten interpretar los procesos económicos, políticos y culturales que afectan la vida cotidiana de millones de personas. Problemas como la inflación, el desempleo, la violencia, la migración masiva o la crisis climática suelen presentarse como fenómenos inevitables o naturales. Sin embargo, disciplinas como la Economía Política, la Sociología o la Historia muestran que estos procesos son resultado de decisiones humanas, relaciones de poder y modelos específicos de organización social. Comprender esto es esencial, porque rompe con la idea de que el mundo actual es inmodificable.
Las Ciencias Sociales también permiten imaginar alternativas. Los estudios sobre movimientos sociales, democracia, derechos humanos o políticas públicas muestran que las sociedades pueden transformarse mediante acción colectiva, participación política y organización comunitaria. Gracias a ello, estas disciplinas no solo explican la realidad: también amplían la capacidad social para cuestionarla y cambiarla.
Otro aporte fundamental de las Ciencias Sociales es que proporcionan nuevas palabras y conceptos para entender el mundo y nuestros propios sentimientos dentro de él. Muchas experiencias humanas permanecen invisibles hasta que existe un lenguaje capaz de nombrarlas. Conceptos como “violencia estructural”, “patriarcado”, “racismo sistémico”, “alienación”, “precariedad laboral” o “colonialismo” permiten identificar problemas que antes parecían asuntos individuales o inevitables. Nombrar estas experiencias transforma la manera en que las personas se comprenden a sí mismas y entienden su relación con la sociedad.

Esta función resulta particularmente importante en el presente, donde millones de personas experimentan ansiedad, frustración o sensación de fracaso personal dentro de sociedades altamente competitivas. El discurso contemporáneo suele insistir en que cada individuo es completamente responsable de su destino: si alguien triunfa, es gracias a su esfuerzo; si fracasa, es consecuencia exclusiva de sus errores. Las Ciencias Sociales cuestionan esta visión individualista mostrando que las trayectorias humanas están profundamente condicionadas por factores sociales como el origen familiar, el nivel de ingresos, el género, la pertenencia étnica, el acceso a educación y las oportunidades disponibles en cada contexto histórico.
Esto no significa negar la capacidad de acción individual, sino reconocer que ninguna persona existe aislada de la sociedad. Nuestra identidad, valores, aspiraciones y posibilidades son resultado de relaciones sociales e históricas. La Sociología y la Historia muestran que incluso aquello que creemos más personal —nuestros deseos, miedos o expectativas— está influido por estructuras colectivas. Comprender esta interdependencia tiene consecuencias éticas importantes: permite reconocer que problemas como la pobreza, la discriminación o la exclusión no son simples fracasos individuales, sino fenómenos sociales que requieren respuestas colectivas.
En este sentido, las Ciencias Sociales cumplen una función esencial para la vida democrática. Ayudan a construir empatía, pensamiento crítico y conciencia histórica. Permiten entender que las diferencias religiosas, raciales, culturales o económicas no deben convertirse en justificaciones para el odio o la exclusión, sino en elementos que necesitan ser comprendidos dentro de procesos históricos y sociales más amplios.
En conclusión, las Ciencias Sociales son indispensables en el mundo moderno, no porque produzcan máquinas o tecnologías, sino porque ayudan a entender la complejidad humana y las sociedades donde vivimos. En un tiempo marcado por polarización, desigualdad y resurgimiento de antiguas divisiones, disciplinas como la Sociología y la Historia permiten comprender las raíces de los conflictos, interpretar los cambios económicos y culturales, construir nuevos lenguajes para explicar nuestras experiencias y reconocer la profunda interdependencia que une nuestras vidas. Lejos de ser conocimientos inútiles, las Ciencias Sociales constituyen herramientas fundamentales para entendernos a nosotros mismos y para imaginar sociedades más justas y democráticas.




