Por: Juan Antonio Lugo Machado
El uso de motocicletas ha crecido mucho en los últimos años. Para muchas personas, la motocicleta es una forma rápida y económica de transportarse. También se ha convertido en una herramienta de trabajo para repartidores, mototaxistas y personas que necesitan moverse diariamente en ciudades con mucho tráfico. Sin embargo, este crecimiento también ha traído un problema importante: cada vez hay más accidentes, más lesiones graves, más muertes y más gastos para las familias y para los servicios de salud.
Los accidentes en motocicleta no solo afectan a quien sufre el choque. También afectan a su familia, al hospital que lo atiende y a la economía de la comunidad. Muchas víctimas son personas jóvenes, en edad productiva, por lo que una lesión grave puede significar pérdida del trabajo, discapacidad permanente o incluso la muerte. Entre las lesiones más frecuentes y peligrosas están los golpes en la cabeza, especialmente el traumatismo craneoencefálico.
En esta ocasion vamos a revisar el artículo titulado “Lesiones y muertes de motociclistias, edición paraguas”, publicado en la Revista Médica del IMSS, y de la cual soy coautor.

Uno de los mensajes más claros del artículo es que el casco salva vidas. No se trata solo de usar cualquier casco, sino de usar un casco adecuado, de buena calidad y, de preferencia, integral. La revisión encontró que el casco integral reduce de forma importante las lesiones y la mortalidad en motociclistas. Además, su uso puede disminuir los costos hospitalarios, porque evita lesiones graves que requieren cirugías, terapia intensiva, hospitalización prolongada o rehabilitación.
El problema es que muchas personas todavía no usan casco, lo usan mal o utilizan cascos de baja calidad. En algunos casos, el motociclista sí usa casco, pero el pasajero no. En otros, se usa solo para evitar una multa, no como una verdadera medida de protección. Esto refleja que la prevención no depende únicamente de la decisión individual, sino también de la educación vial, la vigilancia de las leyes y la responsabilidad de las autoridades.
Otro punto importante es el consumo de alcohol y drogas. El artículo señala que el alcohol y el cannabis aumentan el riesgo de muerte en accidentes de motocicleta. Esto es fácil de entender: manejar requiere atención, equilibrio, reflejos y capacidad para reaccionar rápido. Cuando una persona conduce bajo los efectos del alcohol o de otras sustancias, pierde parte de esas capacidades y aumenta la posibilidad de sufrir o causar un accidente.
También hay otros factores de riesgo que deben tomarse en cuenta: el exceso de velocidad, manejar de noche, usar el celular mientras se conduce, no respetar señales de tránsito, circular en calles mal iluminadas o en malas condiciones, y no contar con equipo de protección. Estos factores se combinan y aumentan el peligro, especialmente en jóvenes y trabajadores que usan la motocicleta todos los días.
Los motociclistas que trabajan como repartidores o mototaxistas merecen especial atención. Muchas veces pasan varias horas en la calle, bajo presión por entregar rápido, con cansancio acumulado y exposición constante al tráfico. Para ellos, la motocicleta no es solo un medio de transporte, sino una herramienta de trabajo. Por eso, las medidas de prevención también deben incluir condiciones laborales más seguras, capacitación, horarios razonables y protección adecuada.
Las leyes universales de uso obligatorio de casco, las campañas educativas, los controles de alcoholimetría y las sanciones por conducir de manera peligrosa pueden reducir accidentes y muertes. Sin embargo, una ley escrita no basta. Si no hay vigilancia, si no hay sanciones y si la población no entiende el motivo de la norma, el impacto será limitado.

A esto se suma que la baja credibilidad en las autoridades encargadas de aplicar la justicia, la pésima educación vial —tanto para motociclistas como para peatones y automovilistas— y la falta de infraestructura adecuada generan un caos vial y una mayor factibilidad de accidentes. Cuando la ciudadanía percibe que las normas no se cumplen o que las sanciones son débiles o corruptibles, se debilita cualquier esfuerzo preventivo. La ausencia de una verdadera cultura vial, sumada a calles mal diseñadas, falta de carriles exclusivos, señalización deficiente y nulos espacios seguros para motociclistas, convierte el tránsito diario en un entorno de alto riesgo.
Por eso, la prevención debe ser integral. No basta con decirle al motociclista que tenga cuidado. Se necesita educación vial desde edades tempranas, campañas claras, calles más seguras, mejor iluminación, control del exceso de velocidad, uso obligatorio de casco certificado y atención rápida después de un accidente. También se requiere que los servicios de emergencia estén preparados para atender de forma oportuna a las víctimas, porque una atención rápida puede marcar la diferencia entre vivir, quedar con discapacidad o morir.
En conclusión, los accidentes de motocicleta son un problema grave de salud pública, pero muchas de sus consecuencias se pueden prevenir. La evidencia más fuerte señala que el uso correcto del casco integral es la medida más efectiva para reducir lesiones graves y muertes. También es necesario evitar conducir bajo los efectos del alcohol o drogas, respetar los límites de velocidad y fortalecer las leyes de seguridad vial. Prevenir estos accidentes no solo salva vidas: también evita sufrimiento familiar, discapacidad, gastos hospitalarios y pérdidas económicas. La motocicleta puede ser una herramienta útil de movilidad, pero debe usarse con responsabilidad, protección y apoyo de políticas públicas serias.
Referencia
Lugo-Machado JA, Espinoza-Morales DI, Naranjo-Medina ME, Alvídrez-Labrado A, Zazueta-Cárdenas A. Lesiones y muertes en motociclistas: revisión paraguas. Rev Med Inst Mex Seguro Soc. 2026;64(1):e6744. doi: 10.5281/zenodo.17477609.
