Carlos Loret de Mola, es solo una parte que conforma el fenómeno de la manipulación mediática en México. Esto va más allá de casos individuales, este fenómeno responde más bien a una estructura profundamente arraigada, donde coinciden vínculos con el poder político, económico e incluso criminal.

En México “prevalece un modelo político-mediático de propaganda instaurado o inaugurado en la época del PRI. Un modelo de comunicación que juega al vaivén de la propaganda política que ha utilizado a lo largo de todas estas décadas periodistas y a medios como aliados para construir realidades paralelas”.

Así lo expresó la periodista Guadalupe Correa durante una entrevista con Julio Astillero en donde llamó a la reflexión respecto a cómo figuras periodísticas como Loret de Mola representan solo una parte de un engranaje más amplio que opera desde hace décadas.

Mencionó que el caso Cassez-Vallarta es un ejemplo de cómo la prensa puede ser utilizada para fabricar versiones oficiales y manipular a la opinión pública. Pues así se distorsionó la información con casos como el de la matanza de los estudiantes de Tlatelolco en 1968, la matanza de Acteal en 1997, Ayotzinapa en 2014 y más cercano, el caso de Teuchitlán hace apenas unos meses.

“Me parece que señalar solo a Loret (insisto es una pieza importante de ese montaje mediático) impide ver a profundidad el uso de la mentira, de la construcción de realidades paralelas en este país porque esto sigue siendo un fantasma que nos persigue”, señaló la periodista.

“Es solo el síntoma de un gran mal en la prensa y sus vínculos con el poder político, económico y criminal”, expresó la periodista, quien agregó que algunos comunicadores se prestan a estos intereses por dinero, por ganar la nota o simplemente por alimentar sus redes sociales.

Jacaranda Correa hizo hincapié en que este tipo de prácticas no son excepcionales y se han repetido a lo largo de la historia reciente del país, donde se construyen narrativas oficiales que ocultan la verdad detrás de un discurso mediático cuidadosamente controlado y que las y los periodistas no hemos podido, en algunos casos, “ser capaces de comprender que es un aparato que se echa a andar para confundir a la opinión pública”.

Asimismo, consideró que reducir la discusión al juicio de un solo periodista como Loret,  limita el análisis de un gran problema que existe en nuestro país que es estructural y que ha operado desde hace décadas.