Este 8 de junio familias del Colectivo Voz de los Desaparecidos en Puebla se dieron cita poco antes de las 4 de la tarde en la Calzada Ignacio Zaragoza, a un kilómetro y medio del Estadio Cuauhtémoc, donde a las 8 de la noche se llevaría a cabo el partido amistoso entre España y Perú en vísperas del mundial de fútbol 2026.
Sobre los postes y los espacios publicitarios de los paraderos de autobús, los familiares de personas desaparecidas, en su mayoría mujeres, pegaron fichas de búsqueda y carteles con el mensaje: “El balón vuelve a casa y nuestros desaparecidos, ¿cuándo regresarán a casa?”. Foto. Marlene Martínez / Jengibre audiovisualFoto. Marlene Martínez / Jengibre audiovisual
Lonas con fichas de búsqueda, una bandera de México con un listón negro y una cartulina verde marcada con líneas para representar una cancha en la que se lee “No hay juego limpio en campos de exterminio” son sostenidas por las madres y familias buscadoras, para exponerlas a los camiones de transporte público y a los autos particulares que circulan en dirección al estadio. Incluso algunos semáforos en rojo son aprovechados para plantarse frente a los coches.

Foto. Marlene Martínez / Jengibre audiovisual

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A unos 300 metros del estacionamiento del estadio, una hilera de policías estatales con macana, escudo y casco se alertan al ver avanzar al contingente, se ponen frente a las madres buscadoras como tratando de formar una valla que no se completa, las manifestantes se apresuran a avanzar por la orilla descubierta mientras corean “México campeón en desaparición”. Un hombre mayor con mandil reprocha en voz alta que dan “mala imagen”.
María Luisa Núñez, líder del colectivo, repite en voz alta mientras camina de prisa: “No insultamos, no rompemos, no quemamos”. Los policías detrás de ellas caminan desafiantes y apresurados tratando de adelantarse, las manifestantes corren y los policías también, intentan una vez más cerrarles el paso con empujones, antes de que puedan pisar el estacionamiento del auditorio GNP, a un costado del Cuauhtémoc.

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La veintena de policías no es suficiente para frenar a las madres y familias buscadoras que logran cruzar la calle e ingresar al estacionamiento, mientras decenas de mujeres policías, la mayoría sin casco ni escudo, se aproximan y les indican que formen una valla, “valla, valla, rápido”. Otra vez hay empujones, los escudos contra los cuerpos de quienes intentan traspasar la barrera de policías. Un policía grita “solamente contenemos, no agredimos”, “nada más no permitimos el acceso”, “dejamos que se manifiesten correctamente”.

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Una barrera de tres filas se planta frente a las manifestantes; la primera y segunda fila son mujeres policías y la tercera fila, varones que las sostienen de los hombros, al menos 60 policías para contener a unas 30 manifestantes. Detrás de la barrera, a unos metros, otro grupo de policías antimotines espera recargado en sus escudos.
María Luisa Nuñez, en el altavoz, pide que las dejen pasar y les recuerda que también hay policías, militares y marinos desaparecidos y que si desaparecen, ellas les van a buscar, también les dice que no les tienen miedo, con altavoz en mano y sin dejar de hablar camina frente a la hilera de policías y poco antes de llegar al final corre, detrás de ella otras buscadoras, las policías se apresuran a romper la barrera y correr detrás de ellas, algunos policías con escudos se adelantan e intentan impedirles el paso, las empujan con los escudos y las que no tienen escudos, con las manos extendidas, hasta que logran formar de nuevo una valla, esta vez justo afuera del auditorio GNP.

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Maria Luisa continúa en el altavoz, cuatro jóvenes se acercan desde la explanada del auditorio, uno de ellos con una playera del Barcelona en la mano, graba con su celular, María Luisa le extiende un cartel que toman y agitan, las manifestantes les recuerdan que si ellos desaparecieran sus madres también los estarían buscando, algunas manifestantes con ayuda de otras personas se suben a la explanada que está más alta que ellas, se plantan frente a unas letras gigantes que dicen “Vivir es increíble”, desde ahí se mantienen con sus lonas extendidas con los rostros de sus familiares. Mientras tanto, los policías hacen un medio círculo, que no deja espacio para salir: están encapsuladas.
Varios minutos después, un policía les indica que dejen un pequeño paso. A varios metros varias decenas de policías estatales con chaleco anaranjado observan como si estuvieran listos por si se necesitan refuerzos.


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Otra vez María Luisa toma la palabra y cuenta que esa misma mañana Voz de Los Desaparecidos tuvo una reunión donde les reiteraron su apertura y su disposición de escuchar y lamenta que sea solo discurso y las repriman. Enseguida las familias buscadoras avanzan a la orilla del estacionamiento haciendo un breve recorrido, parece que la manifestación ya terminó, pero cuando se aproximan los autobuses con los jugadores se apresuran a ponerse en la orilla de la avenida y mostrar desde ahí sus lonas y pancartas, luego bloquean la calzada.
Un hombre con playera del Barcelona se baja decidido de una camioneta gris, avanza hacia las manifestantes y le indica al conductor de la camioneta que avance como si no hubiera personas enfrente, las manifestantes reclaman a un oficial de tránsito, el hombre molesto y resignado se sube a su camioneta.

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Varios funcionarios del Gobierno del Estado se ponen frente a las manifestantes y abren un carril, ante los reclamos alegan que es “por su seguridad”, un hombre de camisa de cuadros les da órdenes, una reportera le pregunta si es funcionario público, el hombre la ignora.

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Decenas de policías se acercan, ahora sí los policías de chaleco naranja entran en acción, detrás de ellos policías montados a caballo, todos avanzan desafiantes y las familias buscadoras se suben al camellón. Una mujer grita indignada: “Qué vergüenza esta cantidad de policías para las madres buscadoras, qué vergüenza”. El cerco que han formado obliga a las manifestantes a avanzar sobre el camellón entre la gente que se dirige al partido, que solo observa, algunos con curiosidad, otros con indiferencia, una señora con playera de la selección española observa con los ojos vidriosos.

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Las madres abandonan la intención de llegar al estadio Cuauhtémoc. Todo el camino de regreso, hasta el punto de encuentro del inicio, las escoltan los supuestos funcionarios, las personas que antes abrieron el paso a los autos, además de personal de la Comisión Estatal de Búsqueda.

