Por: Gloria Pérez Cosío y Sánchez

El nuevo Código de Bioética para el Personal de Salud en México marca un cambio histórico en la manera de entender la atención médica: por primera vez se coloca en el centro la dignidad, la autonomía y el derecho a decidir de cada persona. Este avance surge en un contexto preocupante, luego de que la Organización de las Naciones Unidas denunciara violencia y abusos sistemáticos contra personas con discapacidad en instituciones de salud y asistencia en México.

La ONU hizo un llamado urgente al Estado mexicano para abandonar los modelos de institucionalización y avanzar hacia sistemas de atención humana y comunitaria, donde las personas puedan vivir con libertad, inclusión y respeto pleno a sus derechos.

En esta transformación ha sido fundamental la participación de Disability Rights International (DRI), organización defensora de derechos humanos que ha documentado durante años las violaciones que enfrentan personas con discapacidad en México. La directora de DRI, Lisbeth Brizuela Ochoa, ha impulsado una visión bioética centrada en la persona, defendiendo el derecho a decidir y la necesidad de construir servicios de salud más humanos e incluyentes.

El nuevo código rompe con el antiguo modelo paternalista, donde el personal médico tomaba decisiones sin escuchar plenamente a las personas pacientes. Hoy, la bioética moderna exige consentimiento informado real, comunicación accesible y respeto absoluto a la voluntad de cada individuo.

Este cambio no solo implica nuevas reglas, sino una nueva cultura médica basada en la empatía, los derechos humanos y la escucha activa. La atención sanitaria ya no puede centrarse únicamente en enfermedades, sino en personas con historias, emociones, derechos y proyectos de vida.

La verdadera transformación ocurrirá cuando todas las personas puedan acceder a servicios de salud dignos, accesibles y libres de discriminación.

Porque la bioética sin inclusión no puede llamarse verdadera bioética.

Gloria Pérez Cosío y Sánchez
Abogada Bioeticista