Luis Enrique Ortiz
A Servando Carbajal Ruiz, ex dueño de la cadena comercial extinta Super del Norte, no lo agarraron por carero, negrero y todo lo que Usted considere que le quede y que termine con la silbaba “ero”.
No está acusado de vender “rezaga” en el departamento de frutas y verduras, mucho menos por especular con los precios de cualquier alimento básico.
Tampoco se sabe que algún fiscal lo impute por comercializar carne de contrabando y tomates que ni la planta de El Sauzal, Baja California, de Val-Vita querría mercar.
En la ficha roja, seguramente no dice que contribuyó a la deforestación masiva en las principales ciudades de Sonora y más allá.
Carbajal Ruiz fue apresado en España el pasado 10 de julio, está acusado de haber cometido fraude a personas muy poderosas al menos económicamente hablando.
No sólo robaba al púbico en general a través del mecanismo macroeconómico de la inflación y cometía todo tipo de abusos laborales en nombre de la creación de empleos (precarios por cierto).
No le bastaba con especular con las necesidades de los más pobres y obtener pingües ganancias a costa del sufrimiento social.
Por razones que no viene al caso ir más allá, pero el gran empresario -según los medios de comunicación que crecieron con él- padece uno o más traumas probablemente producidos en su infancia, que le han generado un enorme vacío existencial.
El hoy detenido, extraditado a México donde ya pasó su primera noche en un penal de Nayarit, ha tratado toda su vida de llenar el vacío con dinero y se obsesionó tanto con el circulante que llegó tener una de las más importantes cadenas comerciales del Noroeste de México.
Un modelo de negocio que contó con los respectivos halagos de respetables periodistas y medios especializados, que siempre estuvo apalancado con dinero ajeno, con mercancía ajena, con trabajo no pagado ajeno y clientes ajenos a lo que estaba pasando.
Pero el vacío que dejan traumas como el abandono, la humillación o el simple hecho de no sentirse visto, nunca se llena, ni con todo el oro del mundo porque no es material, sino que su cura es espiritual que no necesariamente religiosa.
Las sombras reprimidas de la ambición y la avaricia, llevaron a Servando a querer embaucar y robar a proveedores tan importantes como Citrimex, quien lo demandó en Tepic, por fraude específico y por ello finalmente está detenido.
Perto también tiene una orden de prehensión girada -en enero de 2025- por un juez de control de Morelos, Chihuahua, por el mismo motivo junto con su hermano Ramiro Carbajal Ruiz bajo la causa penal 632/2024.
Incluso la empresa SuKarne, la más importante en su tipo a nivel nacional, lo tiene demandado por un fraude multimillonario y lo hizo ante tribunales federales de la ciudad de Hermosillo bajo el expediente 593/2023.
De acuerdo con fuentes propias, la conducta delictiva de Servando estuvo condicionada por un proceso lento de asfixia financiera, debido a su compulsión a querer todo fiado.
Aún no hay documentos, testimonios o resoluciones judiciales que inviten a inferir en qué se gastaba las enormes ganancias que obtenía por “jinetear” dinero ajeno.
Pero el patrón indica que abrió tantos hoyos, que los ingresos de terceros, la explotación laboral y la mentira sistemática fueron insuficientes para llenar su propia insuficiencia existencial.
Un hombre para quien nunca el dinero fue suficiente, que era su única fuente de validación externa, está preso y sin un centavo ni propiedades para responder a los ofendidos.
Aquello que más temió y lo llevó finalmente a delinquir para no ser pobre, lo acompañará en la cárcel mientras dure el proceso, vivirá el tormento del abandono, humillado, escupido y despreciado por sus exempleados.
Olvidado por sus amigos de los medios. A menos que busque validación dentro de sí mismo, sufrirá el tormento de la soledad por desprecio.
Nota: Se le presume inocente, hasta que legalmente se le demuestre lo contrario.
Publicado en: https://www.facebook.com/luisenrique.ortiz1

