En su discurso al recibir la Presea, la activista recordó la lucha contra el Cytrar, que pretendía convertir a Sonora en un basurero tóxico. También el activismo contra Molymex, que buscaba instalar una planta de procesamiento de molibdeno en Cumpas. Estas luchas la llevaron a Zimapan, a defender un pueblo en contra de empresas contaminantes.

Hacia el final de su discurso, pidió a los integrantes del Congreso no caer en “simulaciones como la reciente elección de la Comisionada Ejecutiva de Atención a Víctimas”. También pidió que se revisen bien las Cuentas Públicas y que se proceda conforma a la ley para quienes tengan alguna responsabilidad.

“Hasta que la dignidad se haga costumbre, ¡Viva México!” terminó diciendo.

Las otras mujeres premiadas fueron María Inés Aragón Salcido, en el ámbito Jurídico; Elizabeth Cejudo Ramos, en el ámbito de Investigación Histórica; Aurora García de León, en el ámbito Empresarial y Leticia Burgos Ochoa, en el ámbito de Política Sonorense.