Por Manuel Santillana

1. Durante los 35 años del periodo neoliberal, tan trillado por AMLO en sus mañaneras, creció de forma exponencial la medicina privada en nuestro país. En especial el crecimiento se realizó a partir de que entró el seguro popular y desde la década de los 90s hasta el inicio del periodo de la 4T: No porque la 4T haya inhibido la inversión en salud privada, sino porque los planes de expansión que tenía esta área de la economía eran particularmente por el abandono y desmantelamiento del nivel hospitalario mexicano. Dicho de otra forma, si en 1990 la medicina privada atendía entre el 5 a 10% de la población mexicana según las regiones. En la actualidad la medicina privada atiende al 40% de la población mexicana y eso que el esfuerzo del sistema IMSS Bienestar ha sido gigantesco por cubrir el rezado de la atención hospitalaria.

2. La medicina privada mexicana puede dividirse en tres grandes grupos, uno de ellos el de la medicina privada de bajo costo de “consultorio y farmacia” donde dos grupos se llevan la parte del león, que son las farmacias del Dr. Simi, muy ligadas al Partido Verde de tendencia ecologista. Y la otra al grupo de Farmacias Similares que han inundado el país con sus farmacias y consultorios.

3. El segundo grupo de la medicina privada corresponde a los consocios hospitalarios de una ciudad o al menos de una región, conducidos por grupos empresariales de médicos mexicanos o de médicos y al menos un inversionista mexicano. Aquí el grupo Imagen, el mismo de canal de la televisión que es el de los hermanos Vázquez es el que la rifa.

4. Por último están los grandes consorcios hospitalarios de inversión extranjera y nacional con empresarios inversionistas que las comandan y que están representados por grupos administrativos que subcontratan a los médicos en sus gigantescos hospitales como el ABC de la Ciudad de México, o algunos de los que existen en Monterrey, Nuevo León.

5. No hay que despreciar el tamaño económico de cada grupo porque unos atienden a la población pobre en consultorios de esquina y el otro lo haga con médicos quienes se estacionan en sus Mercedes Benz o BMW al lado de la torre de especialidades médicas donde trabajan. Los tres grupos tienen más o menos el mismo poder y tamaño económico, lo que pasa es que uno se distribuye ampliamente por todas las ciudades y en todas las regiones, mientras que el otro sólo lo hace en zonas exclusivas de alto costo inmobiliario.

6. Por cierto algo que es de extrañarse es que con esta medicina privada se le dio fin a la medicina privada del médico de consultorio en su casa. En efecto, el médico quien con esfuerzos lograba poner su consultorio en una parte de su casa y desde ahí trabajaba durante algunas horas que le dejaba la jornada del IMSS o del ISSSTE, ya se encuentra en desaparición, casi todos los médicos quienes deciden laborar en la medicina privada se encuentran ahora ante la decisión de laborar “como colaboradores” en alguno de los tres tipos de medicina privada. En otras palabras, si bien se pueden lograr ingresos extraordinarios, es cierto que de alguna manera se proletarizó el trabajo médico.

7. Por otro lado hay que entender que la medicina privada en México es privilegiada. Ni tanto porque no pague impuestos, que sí lo hace. Sino por el hecho de que la medicina privada se alimenta de médicos y doctoras que sostienen el sistema nacional de salud pública y de la seguridad social. Prácticamente el 98.5% de los médicos especialistas en nuestro país provienen de residencias que hacen en hospitales públicos, del ISSSTE o del IMSS. Y en el caso de los públicos lo mismo puede ser de altísimo nivel como el Instituto Nacional de Cardiología o el de Cancerología, como de los centros médicos nacionales de la Ciudad de México. Es decir, hasta donde conozco sólo el hospital ABC ofrece alguna especialidad médica y les proporciona una beca a los residentes. Y es importante entenderlo porque es un hospital privado. Pero, en pocas palabras la garantía de un alto nivel de calidad de la medicina privada mexicana, que sí lo hay y existe, se debe a que son formados en los hospitales públicos o de la seguridad social con becas provenientes de nuestros impuestos. O sea, que hay una dependencia al sistema nacional de salud público que no debe omitirse aunque, como sucede, por fortuna en pocos casos, hay algunos médicos o doctores quienes desdeñan su origen público.

Doctor en Ciencias en Salud Pública.

msantillanam@gmail.com

Publicado originalmente en inversionistasonora.com, reproducido con permiso explícito del autor.