#DíasdelFuturoPasado 113

Por Jorge Tadeo Vargas

Hablar del colapso civilizatorio y/o socio-ecológico se presta para muchas interpretaciones, especialmente para aquellos investigadores, filósofos, intelectuales que aprovechan lo ambiguo del concepto para sacar beneficio personal, que en la mayoría de los casos sirve para ocultar las acciones o alternativas que están en marcha desde las propias comunidades en resistencia ante la crisis socio-ambiental que estamos viviendo como producto de la mutación del capitalismo tardío a ese neofeudalismo tecnócrata. 

Esto no es nuevo, si revisamos la literatura al respecto, al menos desde hace treinta años que se habla del colapso civilizatorio y hacia dónde nos dirigimos, pero con una diferencia significativa de lo que pasaba en años anteriores y lo que pasa ahora que el concepto tomó fuerza entre académicos investigadores y activistas del Norte, que le han dado una popularidad muy cercana al mainstream, de donde todos ellos quieren sacar algo de provecho, por lo que en la actualidad hablar del colapso pasó a ser una especie de teoría de la catástrofe, desde donde nos intenta convencer que estamos más cerca de la extinción como especie que de aprovechar este momento coyuntural para modificar el sistema de clases.

Nos dicen que el sistema de producción está rebasado y que desde ahí es que vamos a colapsar, lo que no nos dicen es que el sistema de producción (energético, alimentario, etc., etc.) está inserto en una lógica controlada por el mercado capitalista, por lo tanto si el sistema colapsa, cualquier propuesta comunitaria tiene más oportunidades de sobresalir. El colapso si pasa por un momento de adaptación, pero no por eso es la catástrofe que nos pintan estos investigadores que parecen más preocupados por decirnos lo que está mal, que de plantear alternativas.

Aunque estos teóricos parten de datos reales, sus investigaciones o los resultados que muestran de ellas tienen un sesgo importante donde plantean un futuro más cercano a sagas fílmicas como Mad Max, o novelas como La sequía o Un mundo sumergido de JG Ballard que plantean mundos distópicos después de la catástrofe socio-ambiental, que a una realidad cambiante y en constante evolución, donde películas como Elysium o Idiocracy, novelas como Jennifer Gobierno, son mucho más cercanas hacia dónde nos dirigimos. Hablar de la catástrofe está bien como ficción, pero pensarlo como el futuro al que vamos paraliza las acciones de resistencia ante la clase dominante y su adaptación ante el colapso.

Hablar del colapso desde el catastrofismo, como es la tendencia actual, tiene dos resultados negativos para las comunidades y las medidas que podemos poner en marcha contra la crisis socio-ambiental. La primera es que a los investigadores dentro de esta corriente los sitúa en una situación privilegiada, son ellos quienes publican sus libros, sus textos, sus ensayos que aunque tienen algo de verdad no aportan nada para la búsqueda de alternativas, se mantienen generando una ganancia económica y de capital social que a la larga les beneficia. Pues en estas coyunturas siempre hay mercenarios sacando un beneficio personal.

El segundo resultado de este discurso catastrófico es el más peligroso, pues la revisión del colapso lo hacen desde el reacomodo de la economía del capitalismo tardío en un sistema de clases neofeudal y lo hacen desde un determinismo, desde un discurso en el que no hay nada más que hacer que puede llevar a paralizar las acciones comunitarias de adaptación al colapso, lo que a la larga nos da una suerte de oscurantismo, donde solo los “hombres de ciencia” al servicio de la clase con el poder socio-económico dicen cómo o hasta donde podemos movernos como sociedad y/o civilización, paralizando a las comunidades y sus saberes. Esto quiere decir que tal vez sin saberlo, estos intelectuales se están convirtiendo en parte de los ideólogos del nuevo sistema de clases que se está gestando o que está en su primera etapa de construcción.

Desde la lógica Thatcheriana que implementó el neoliberalismo bajo la consigno “No hay alternativa” estos intelectuales nos venden la misma idea, el capitalismo neoliberal llegó a su fin y solo existe el neofeudalismo como la opción real, no hay más alternativa, al final ese es su discurso, aunque tal vez ellos desde su privilegio no alcancen a verlo.

Ahora bien ¿Cuál es la diferencia entre hablar de colapso y hablar de catastrofismo al que se refieren estos investigadores? Pues bueno, cuando se comenzó a hablar del colapso en la década de los ochenta, iniciado por Freddy Pearlman y todo el colectivo editorial de la Fifth Estate que terminó derivando en la revista Green Anarchy y todo la corriente ideológica del Primitivismo, se hacía desde los cambios profundos en el sistema de clases hegemónicos. Jared Diamond, quizás el más conocido de los que plantearon el tema del colapso, aunque él lo hizo a inicios del siglo XXI con su libro “Colapso: porque algunas civilizaciones perduran y otras desaparecen” clarifica mucho de lo que hemos perdido con el paso de los años, echando por tierra esa teoría o argumento irresponsable de que estamos al borde de la extinción, que al parecer lo hacen desde un profundo desconocimiento de los procesos de adaptación de la especie humana, donde el tema de la tecnología, no como punta de lanza pero si como parte importante no debe de ser tomada a la ligera o como una forma de dominación, sino todo lo contrario, reconocer lo que existe, lo que tenemos y usarlo en beneficio de nosotras y la naturaleza, es una obligación. 

Aquí es importante entender que el colapso sí implica una serie de reacomodos geopolíticos -que tienen ya un par de décadas dándose en todo el mundo-, mucha devastación ecológica y un reacomodo de los sistemas de producción, es decir, de lo que hablan los catastrofistas, pero el planteamiento es el equivocado, estos reacomodos deben de servir para romper de una vez con el sistema de clases e ir encaminados hacia una sociedad más justa. El colapso como primer paso para deshacernos del modelo y el sistema de clases actual y no para perpetuarse mediante el oscurantismo.

Es importante reconocer los saberes ancestrales que aún se siguen aplicando en muchas comunidades a la par de darle cabida a todo aquello que nos sirva para ir creando sociedades más justas, que el colapso del capitalismo sirva para buscar nuevas acciones comunitarias y no para perpetuar un sistema de clases depredador y criminal. El catastrofismo no ayuda a buscar estas acciones, sino todo lo contrario, las entorpece con un falso pesimismo muy al estilo de los teóricos del neoliberalismo hace unos años atrás.

Julio, 2023

Desde el exilio en Ankh-Morpork

Jorge Tadeo Vargas, escritor, ensayista, anarquista, a veces activista, pero sobre todo panadero casero y padre de Ximena. Está construyendo su caja de herramientas para la supervivencia.