Días del futuro pasado 118

Jorge Tadeo Vargas.

Hace ya casi un siglo, cuando inició la invasión del plástico en nuestras vidas, uno de los argumentos más utilizado por la industria para la proyección de estos era su total seguridad, tanto para producirlos, como para usarlos y para su disposición final. Se decía de ellos que eran inertes y seguros, que no causaban ningún daño a la salud ambiental, ni a la salud humana; sin embargo, con el paso del tiempo se ha descubierto que esto no es así y que los compuestos químicos de los plásticos son altamente dañinos, tanto en la producción, como en la disposición principalmente. Y si nos apegamos a las nuevas tendencias de usarlos como Combustibles Derivados de Residuos (CDRs) dentro de la industria y el coprocesamiento, además del “waste to energy” para la producción de energía en algunas ciudades, especialmente en Europa, Asia, Estados Unidos y Canadá, estamos rebasando el punto de NO retorno de los impactos de los plásticos en los ecosistemas y en la salud humana.

Aquí es importante mencionar que el Stockholm Resillence Center, en el 2009 inició una investigación que fue publicada en el 2023 donde prueba que la sociedad actual, es decir dentro del capitalismo tardío, hemos sobrepasado el límite planetario de los contaminantes ambientales, donde la producción y uso del plástico va a la cabeza de esta sobre exposición que estamos viviendo.

Este estudio define nueve umbrales que no debemos pasar, de los cuáles al menos ocho ya han sido superado, el primero y lo menciono por la relación directa que tiene con la problemática es el umbral del ciclo del Fósforo y el Nitrógeno que está relacionado a la agroindustria, esta usa grandes cantidades de plásticos en su producción, transporte, uso, etc. El otro es el cambio climático que trae como consecuencia la pérdida de vegetación, la erosión de territorios/ecosistemas completos, todo esto relacionado con la actividad antropocéntrica, principalmente en el capitalismo tardío.

Cabe mencionar que para la elaboración de este estudio y los umbrales de los límites planetarios, los investigadores toman como base la química, es decir, estudian las sustancias químicas y su evolución en los últimos ochenta años, desde el inicio del capitalismo a la fecha. Esto da como resultado un censo de aproximadamente trecientas cincuenta mil sustancias químicas que son producidas y utilizadas por el modelo de producción-consumo actual, esto es, que de 1950 a la fecha la producción de sustancias químicas se ha multiplicada por cincuenta, siendo en el plástico en donde más aumentaron, dando como resultado que del año 2000 al 2015 el aumento de sustancias químicas en los plásticos ha sido de un setenta y nueve por ciento, todas ellas con un nivel de toxicidad que va de moderado a alto, causando un descontrol en la salud de los ecosistemas y por lo tanto en la salud de las comunidades humanas. Si a esto le sumamos la casi nula legislación al respecto, es muy fácil suponer, sin equivocarnos, que los daños que estas sustancias químicas ocasionan están relacionados con muchos de las enfermedades -y el aumento de ellas- así como el deterioro ambiental de muchos entornos ecológicos.

Con una producción anual de más de trecientos ochenta millones de toneladas de plásticos en todo el mundo, donde más de la mitad de ellos componen nuestra basura habitual, el ocho por ciento termina en los océanos y otra cantidad similar en basurales clandestinos, con un porcentaje muy pequeño y selectivo para el reciclaje y teniendo en cuenta que las toneladas que son parte de nuestra basura, muchas de ellas terminaran usadas como CDRs en incineradoras “waste to energy” u hornos cementeros causando grandes impactos por la cantidad de sustancias químicas tóxicas que se crean en esto mito llamado “reciclaje energético”, es claro que necesitamos políticas públicas que regulen la producción y uso de estas sustancias, así como sus posibles impactos socio-ecológicos. También es necesario que se regule la producción de plásticos hasta terminar con ella por los altos daños que causa en toda su cadena de valor. Hemos pasado ya los límites planetarios con respecto al plástico y su toxicidad para la naturaleza y los seres humanos.

El Stockholm Resillence Center propone cuotas fijas por país para la producción y liberación de sustancias químicas, así como la creación de un inventario de estas sustancias dependiendo su grado de toxicidad, algo similar a la propuesta de el Acuerdo de París con los Gases de Efecto Invernadero (GEI) y su efecto en el cambio climático; sin embargo si vemos la nula efectividad que ha tenido este inventario para frenar el cambio climático antropocéntrico, nos podemos dar una idea de que hacer este inventario de sustancias químicas es un fracaso anunciado, al menos para buscar como reducir su impacto, tal vez sirva para hacer negocios, pero nada más. A nivel global esta medida se antoja poco efectiva y demasiado tarde para lo que necesitamos.

Sin embargo hay que aclarar que lo que no funciona nivel global puede funcionar a nivel país. En México desde hace años diversas organizaciones vienen exigiendo una Norma sobre sustancias químicas, además de un inventario y leyes estructuradas de tal forma que la reducción de estas sustancias, así como la producción de plásticos se vaya reduciendo hasta llegar a cero. Es decir, convertir en ley aquello de no producir nada que no pueda usarse de forma segura, incluidos los residuos tanto en su producción, uso y disposición final. Con esto tenemos una mayor seguridad, además de ir encaminados a un cero impacto en la salud humana y ambiental.

Hemos sobrepasado los límites planetarios y esto es lo que nos tiene en esta crisis socio-ecológica sin precedentes, por lo tanto es importante encaminarnos a corregir estos límites y el como restaurarlos, incluido un marcaje completo en el modelo de producción-consumo, un marcaje muy corto para restablecer los límites planetarios, para así recuperar la salud del planeta y sus habitantes.

Septiembre 2023

Desde el exilio de Elisyum

Jorge Tadeo Vargas, escritor, ensayista, anarquista, a veces activista, pero sobre todo panadero casero y padre de Ximena. Está construyendo su caja de herramientas para la supervivencia.