Días de revuelta, días de combate
POR: JORGE TADEO VARGAS
Cada cierto tiempo, en las mal llamadas redes sociales en particular y en el internet en general, se pone a discusión la posibilidad de quedarnos sin agua, incluso el concepto del “día cero” ha cobrado mucha fuerza en estos espacios, algunxs llegan a citar a Maude Barlow –sin saberlo- sobre como en este siglo las guerras que se den serán por el agua, una cita de su libro, “El oro azul: las multinacionales y el robo organizado del agua” (Paidós, 2004).
En los discursos, mencionan las industrias que más consumen o gastan agua en sus procesos, principalmente la refresquera y cervecera y a la que se la ha sumado en los últimos meses la Inteligencia Artificial (IA). Aquí vale la pena abrir un paréntesis aclaratorio para decir que, no es solo la IA la que consume agua, sino son los centros de datos, donde se encuentran hospedada toda la información de estas aplicaciones, incluyendo a las redes sociales, los streamings tanto de música, como de video, las aplicaciones de compras en línea, entre otras, por lo que hablar solo de la IA es quedarnos cortos. Aclaro, esto solo en lo que se refiere al consumo de agua, temas de derecho de autor, arte, etc., etc., dan para otro texto. Cierro paréntesis, para continuar haciendo este incompleto análisis del consumo hídrico.
Vale la pena mencionar que dentro del top cinco de las industrias que más agua consumen están la industria agropecuaria, con sesgo muy fuerte hacia los agrotitanes que no solo la consumen sino son quienes más la contaminan, en segundo lugar, está la industria manufacturera en general, pero siendo la textil y la del papel las que mas consumen, en tercero la energética, cuarto la minería y quinto la industria de la construcción, la producción de cemento es quien lidera el consumo en esta industria. Es decir, que el sector conocido como sector primario es donde más se consume agua, además de ser el que mayor contamina y pocas veces se entra en las discusiones tal como debería, no solo por la cantidad que consume, sino por la calidad de agua como agua residual, la cual está altamente contaminada y que daña de forma considerable la salud ambiental y humana.
Ahora, si no centramos en la pregunta con la que inicio esta columna, de que si en verdad nos estamos quedando sin agua, es una realidad o solo una forma de buscar alternativas reales al modelo de producción-consumo, entonces la respuesta que debo dar es un sí, pero aderezado con un no. Me explico: a pesar de que la cantidad de agua que hay en la tierra es constante, no hay cambios en ella, por más agua que se utilice en los procesos industriales, el problema radica en la disponibilidad que tenemos de ella, tanto los ecosistemas, como las poblaciones humanas. Y es que la industria después de usarla la regresa con una cantidad de tóxicos que hace imposible que los procesos hídricos sean los correctos, envenenando todo a su paso.
Entonces el agua sigue siendo la misma, incluso la disponibilidad, lo que cambia es la calidad, pasando de ser una herramienta básica para el intercambio de nutrientes tanto bioquímicos, como fisicoquímicos, a llevar una toxicidad que en ocasiones es tan alta que ni siquiera permite la vida, esto lo vemos de forma muy claro en ríos como el Atoyac entre Tlaxcala y Puebla, el Tula y su relación con el Emisor Oriente que es un canal de aguas residuales que va de la Ciudad de México hasta Hidalgo, pasando por el Estado de México, el Lerma también en el Estado de México, el Río Santiago en Jalisco y toda la cuenca del Río Sonora.
Entonces, lo primero que debemos de entender es que hay que buscar otras formas de producción en las que el sector primario se relacione con la naturaleza de forma tal que, para poder garantizar que las cuencas, que son las principales vías de distribución natural del agua, se mantengan sanas, no solo disminuyendo el consumo en sus procesos, sino también en el uso de tóxicos que dañan la salud ambiental, Esto es lo principal a modificar.
Si el uso del agua se contaminará en el proceso industrial, entonces debe de modificarse o de plano sacarse de la ecuación, por lo tanto, industrias como la textil, la agrícola tiene que ser reguladas de forma muy específica en sus usos hídricos. Otras como la minería, la cementera, son innecesarias en estos días, pues alternativas a ellas hay muchas y ya hemos hablado sobre esto en otras columnas.
¿Por qué es importante hacer este cambio? Es muy simple, vivimos rodeados de cuencas que se componen por ríos, lagos, lagunas, deltas, costas y océanos, es decir, que todo nuestro quehacer está relacionado con las cuencas, por lo que cualquier cambio en ellas nos perjudica como especie. Además nos toca entender que cada una de estos ecosistemas se relaciona con otras similares por lo que esta interconexión afecta de forma macro ¿Es posible hacer este cambio? Lamentablemente desde la lógica capitalista, antropocéntrica actual, no lo es. Solo se busca remediar problemáticas especificas sin llegar a la raíz del problema, que es básicamente el modelo de producción-consumo, priorizando la ganancia económica por sobre la naturaleza y las poblaciones humanas.
Entonces, si somos estrictos en este tema, con el propósito de poder plantear y accionar alternativas que partan desde enfoques ecosistémicos y comunitarios, no nos estamos quedando sin agua tal cual, el tan mencionado “día cero” no existe más que desde la lógica capitalista, es decir, ante las acciones del sistema y su modelo de ir envenenando las cuencas, no es tan difícil entender dónde está el punto a poner no solo en discusión “trendig” de internet, que es en acciones de recuperación ecosistémica de las cuencas, priorizando al agua verde ante el agua industrial.
Abril, 2025
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Jorge Tadeo Vargas: Anarquista, escritor, traductor y a veces activista, pero sobre todo panadero casero.
