Días de revuelta, días de combate
POR JORGE TADEO VARGAS
Leer documentos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) me deprime. Todo se ve terrible. Esto se debe en gran medida a los procesos sociales que desencadena el capitalismo, incluyendo el uso despiadado de la naturaleza y la dependencia de combustibles basados en el carbono. Por ejemplo:
- Un millón de los aproximadamente ocho millones de especies de plantas y animales que hay en el planeta están en peligro de extinción.
- La principal amenaza para la mayoría de las especies en riesgo de extinción es la pérdida de biodiversidad causada por el sistema capitalista de producción de alimentos basado en el agronegocio.
- La producción agrícola, que actualmente representa más del 30% de la superficie terrestre habitable del mundo, es responsable del 86% de las pérdidas proyectadas en la biodiversidad terrestre debido a la conversión de tierras, la contaminación y la degradación del suelo.
Estos son tres de los cientos de puntos que podrían extraerse de otros tantos documentos científicos. Es importante destacar que la degradación ambiental no ha sido causada por los seres humanos en general, sino por un sistema de organización social que llamamos capitalismo, el cual puede ser neoliberal o tardío o de estado, mal llamado socialista.
El problema con el término Antropoceno (que comenzó a usarse primero por científicos, luego por científicos sociales) es que implica que los humanos, como un todo indiferenciado, han creado la crisis ecológica que enfrentamos. Esto minimiza sutilmente el papel del sistema capitalista y las divisiones de clase y nacionales que lo acompañan. Sin embargo, los datos muestran que la humanidad está utilizando el equivalente a aproximadamente 1,7 Tierras para mantener nuestros niveles actuales de consumo. En otras palabras, estamos consumiendo recursos naturales un 75% más rápido de lo que la naturaleza puede regenerarlos cada año. A menos que encontremos otro planeta habitable, no hay una forma aritmética de resolver el problema. Esto no es solo una cuestión del clima, sino también del estrés ambiental que hemos impuesto a la Tierra (como a través de la deforestación, la sobrepesca, el uso excesivo de agua dulce y la degradación del suelo).
Si desglosamos este concepto indiferenciado de humanidad por país, surgen claras divisiones. Si todos vivieran como una persona promedio en Estados Unidos, necesitaríamos cinco Tierras. Si todos vivieran como una persona promedio en la Unión Europea, necesitaríamos tres Tierras. Si todos vivieran como un indio, necesitaríamos 0,8 Tierras. Si todos vivieran como un yemení, necesitaríamos 0,3 Tierras. Un concepto indiferenciado de humanidad oculta las grandes diferencias entre países y suprime la necesidad de algunos pueblos, como el yemení, de aumentar su consumo para tener una vida digna.
El concepto de Antropoceno oculta más de lo que revela.
En pocos meses, aviones privados aterrizarán en Belém, Brasil, para la COP30. Situada en el estuario del río Amazonas, Belém es un lugar ideal para el trigésimo año de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Durante el último cuarto de siglo, la región amazónica ha sufrido una terrible deforestación, con una pérdida total de bosque de 264.000 kilómetros cuadrados entre 2000 y 2023, equivalente a la superficie combinada de Nueva Zelanda y el Reino Unido.
Este breve análisis lo hago previo a la COP30, para reafirmar algunos puntos que considero importantes a tener en cuenta en estos tiempos de colapsos y emergencias socio-ecológicas que se maquillan de verde:
- Es necesario democratizar los debates sobre clima y medio ambiente. No hay cabida para reuniones a puerta cerrada financiadas por corporaciones con intereses creados en la destrucción del medio ambiente y el clima. Por ejemplo, la COP29 en Bakú, Azerbaiyán, fue financiada en parte por compañías petroleras como ExxonMobil, Chevron, Octopus Energy, la Compañía Estatal de Petróleo de la República de Azerbaiyán y Total Energies, así como por la Cámara de Comercio de Estados Unidos y el Foro Económico Mundial (financiado en parte por el gobierno estadounidense).
Quien paga, manda, un dicho que no carece de sentido cuando se trata de dinero y poder. Dicha conferencia de la ONU debe ser financiada por los gobiernos y ser transparente respecto a las conversaciones que se desarrollan en todas las reuniones. Además que previo a esta reunión los gobiernos deben de trabajar en sus territorios para ser los portavoces de las demandas y necesidades de los pueblos, no de las corporaciones a quienes parecen representar.
2. Los gobiernos del mundo deben fortalecer sus propios acuerdos y obligaciones derivadas de tratados. Es importante destacar que, debido a la presión de EE. UU. y la UE, ninguno de los principales acuerdos climáticos adoptó un lenguaje contundente para la compensación, o lo que se conoce como “pérdidas y daños” (es decir, reparaciones climáticas). Las contribuciones al fondo de pérdidas y daños son voluntarias, como lo reflejan diversos procesos y tratados, desde la CMNUCC de 1992 hasta el Mecanismo Internacional de Varsovia de 2013, el Acuerdo de París de 2015, el Pacto Climático de Glasgow de 2021 y el acuerdo del Fondo de Pérdidas y Daños de 2022.
3. Debe existir un plan de transición energética justo y democráticamente definido. Dicho plan debe incluir la eliminación de los subsidios gubernamentales a las empresas privadas de combustibles basados en carbono. En su lugar, esos fondos deben utilizarse para promover una nueva matriz energética y proteger a las comunidades del impacto adverso de la catástrofe climática y ambiental. Esta transición debe ir no solo encaminada a tener una transición energética, sino desde ahí partir a lo general, buscando una verdadera transición justa que parte de principios anticapitalistas, comunalistas y con enfoque ecosistémico.
4. La economía global debe transformarse mediante una reforma agraria. Dicha reforma debe enfatizar una agricultura democrática y basada en la ciencia que proteja el suelo, el agua y el aire. Los gobiernos deben realizar estudios para evaluar qué significa reestructurar la agricultura para abordar la catástrofe climática y ambiental. Necesitamos nuevas formas de mapeo y datos agroclimáticos que nos ayuden a comprender cómo aprovechar el conocimiento de las comunidades locales para proteger el ecosistema natural, a la vez que encontramos maneras de utilizar los recursos naturales de forma sostenible en beneficio de todos.
Este ejercicio de mapeo nos ayudará a comprender mejor cómo combatir la deforestación y promover la reforestación, cómo aprovechar adecuadamente los recursos hídricos para nuestro propio consumo y energía, y cómo regular las actividades mineras para extraer recursos de la tierra sin causar una destrucción social y ambiental catastrófica. ¿Podemos, por ejemplo, comprometernos a alcanzar la deforestación neta cero para 2027?
Reiterar que estamos ante un punto de inflexión que nos llevará a que el capitalismo tardío se refuerce como el sistema de clases hegemónico, mutando a un neofeudalismo tecnócrata, podría parecer repetitivo, sin embargo es necesario para tener claro que estamos en un quiebre que puede ser benéfico para las comunidades y la naturaleza de hacerlo de forma justa.
Julio, 2025
Sobreviviente de Ankh-Morpork. Escritor, profesor, traductor, anarquista, ex-Activista, pero sobre todo panadero casero y padre de Ximena.
Hay días que viaja a Mundo Disco.
FOTO THE HUFFINGTON POST
