Por: Joel Montoya

Datos hay muchos, el más cercano es el de Julia Pastrana, conocida en su época como la mujer más fea del mundo. Una indígena del grupo Chaita que habitó el sur de Sonora y Norte de Sinaloa.

La historia es de terror, mas no de ficción.

Padeció hipertricosis, una afeccion que cubría su rostro y cuerpo de pelo. Al morir su madre se convirtió en empleda de la casa del gobernador de Sinaloa, de donde salió al ser comprada por el administrador de aduanas de Mazatlan quien se la llevó a Estados Unidos para ser exhibida en espectaculos de circo como un híbrido entre animal y humano.

Considerada un objeto de intercambio mercantil, cayó en manos de Theodore Lent un empresario que la llevó a exhibir como espectáculo circense a grandes ciudades como Berlín, Viena, Varsovia y Moscú.

Con la finalidad de asegurar su negocio y convertirse en su único dueño, Lent la hizo su esposa, cuyo matrimonio procreó un un hijo parecido a ella que murió a las horas de nacido. A los días murió Julia en 1860, a la edad de 26 años. Aún en sus días de agonía, su esposo siguió cobrando por exhibirla.

A su deceso, Lent vendió los cuerpos a la Universidad de Moscú, donde fueron embalsamados y puestos en una vitrina, pero al poco tiempo fueron reclamados por su propietario desalmado y ya en sus manos contínuó su travesia por diferentes países de Europa e incluso en Estados Unidos.

Durante más un siglo, los cuerpos de Julia y su hijo cambiaron de dueño varias veces, hasta que en 1973 el parque diversiones que la exhibía fue cerrado.

En el abandono, el cuerpo de Pastrana fue robado dos veces y el de su hijo fue devorado por roedores. 30 años después, Julia fue encontrada en los sótanos del Instituto Forense de Oslo.

En 2012, 153 años de perder la vida, terminó la historia como objeto de morbosa exhibicion de su cuerpo al ser repatriada a México y sepultada en el panteón de Sinaloa de Leyva. En el evento se enfatizó su trayectoria como artista, era mezzosoprano que cantaba en varios idiomas y bailarina.

Su primer vulnerabilidad es que era mujer, la segunda que era indígena, la tercera su padecimiento, la cuarta que no hubo ni familiar, ni médico, científico, cura, político, ni leyes, ni gobierno de masculinos en el mundo que la defendiera.

La conmemoración del día internacional de la mujer indígena este día. busca honrar por su papel como guardianas de la memoria, la biodiversidad, constructoras de lazos interculturales y su lucha constante por la equidad y contra la violencia. Proviene del recuerdo de Bartolina Sisa, una mujer del pueblo Aymara en sudamérica; otra de tantas historias trágicas de una mujeres que se revelaron en contra los hombres de la conquista española y en todas las épocas.

Presento esta historia conmovedora cada semestre en mi clase de Ciencias Sociales y fotografía. La dejo aquí porque seguramente será de interes en cualquier aula de historia, medicina, biología, artes, economía política o derechos humanos.


Joel Montoya es profesor de fotografía en la Universidad de Sonora; activista, defensor de los espacios públicos y derechos humano.