Mara Hernandez

Ante un golpe sumamente bajo por parte de la administración de la UNISON y del Gobierno de Sonora, que buscó impedir que la huelga pudiera declararse legal, los trabajadores continúan resistiendo y luchando por sus derechos. Esto no es menor: habla de su valentía y de una necesidad real y urgente de una solución justa.

Lo que estamos viendo no es solo un conflicto institucional, es la realidad de personas trabajadoras que sostienen familias, que viven de su trabajo y que, aun así, se enfrentan a condiciones que no garantizan lo mínimo. Frente a esto, en lugar de abrirse al diálogo, se intentó frenar su lucha marcándola como ilegal. Pero entonces, ¿qué se está defendiendo realmente? ¿La legalidad o la comodidad de quienes no viven estas condiciones?

En las marchas se escucha algo muy claro: luchar por tus derechos también es una forma de enseñar. Enseñar en un sistema que constantemente nos obliga a pelear por lo que se supone ya debería estar garantizado. Y aquí vale la pena preguntarnos: ¿por qué sigue siendo necesario luchar por condiciones dignas? ¿Por qué se castiga a quienes alzan la voz?

No es una realidad aislada. Muchos trabajos en Sonora, especialmente aquellos ocupados por jóvenes, no ofrecen lo que la ley establece. Y aun así, se normaliza. Se normaliza trabajar sin garantías, sin seguridad, sin certeza. Se normaliza porque “así es”, porque “podría ser peor”. Pero esa normalización también es parte del problema.

Vivimos en un contexto de violencia estructural que muchas veces pasa desapercibido. Un sistema que te empuja a trabajar sin descanso, a preocuparte constantemente por el dinero, a tener más de un empleo, y que incluso te quita el tiempo para cuestionar lo que estás viviendo. Y aun dentro de eso, hay personas que resisten.

Resistir no es fácil. Continuar trabajando, organizándose y alzando la voz, incluso cuando no hay respaldo y cuando se les señala, es un acto que merece ser visto. Porque cuando alguien sigue luchando aun en condiciones adversas, no lo hace por capricho: lo hace porque hay algo que no está bien.

Por eso, más allá de tomar una postura inmediata, vale la pena detenernos a reflexionar como comunidad. ¿Qué tipo de condiciones estamos aceptando como normales? ¿Qué papel jugamos frente a estas situaciones? Y, sobre todo, ¿qué tanto estamos dispuestos a escuchar cuando quienes sostienen gran parte de nuestra vida cotidiana están diciendo que algo no está funcionando?

Fotografía: Francisco Serrano Córdova y René Serrano Córdova

Tomado de: https://www.facebook.com/maracamila.hernandezgomez.7