Por: Juan Antonio Lugo Machado / Diana Isabel Espinoza Morales / Escamilla Isiordia Erick Reymel/ Mérida P. Baltazar Beltrán

Los teléfonos celulares, las tabletas, las computadoras, los videojuegos y las redes sociales forman parte de la vida diaria de niñas, niños y adolescentes. Se utilizan para aprender, comunicarse, entretenerse y mantener vínculos. Sin embargo, cuando su uso se vuelve excesivo, nocturno o difícil de controlar, puede coincidir con problemas de sueño, malestar emocional y dificultades de conducta.

Una revisión paraguas reciente reunió 14 revisiones sistemáticas publicadas entre 2020 y 2025 para analizar la relación entre la exposición a pantallas, la salud mental y el desarrollo socioemocional desde el nacimiento hasta los 18 años. En conjunto, los estudios encontraron asociaciones generalmente pequeñas entre una mayor exposición y resultados menos favorables. Esto no significa que toda pantalla sea perjudicial ni demuestra que las pantallas sean la causa directa de los problemas observados (Lugo Machado & Espinoza Morales, 2026).

No todas las pantallas ni todos los usos son iguales

Hablar solamente de “tiempo de pantalla” puede ser insuficiente. No es lo mismo realizar una videollamada con la familia, estudiar con una aplicación educativa o crear contenido, que pasar varias horas desplazándose sin control por redes sociales o jugando durante la noche. El contenido, la finalidad, la edad, el acompañamiento adulto y el momento del día pueden modificar la experiencia.

Los hallazgos fueron más consistentes cuando se evaluó el uso problemático: pérdida de control, dificultad para suspender el dispositivo, conflictos familiares o interferencia con el sueño, la escuela, la convivencia y otras actividades. Por ello, observar cómo se usa la tecnología puede ser más útil que contar únicamente las horas (Lugo Machado & Espinoza Morales, 2026).

¿Qué encontró la investigación?

En menores de 12 años, el tiempo de pantalla mostró relaciones pequeñas con problemas externalizantes, como agresividad o dificultades de conducta, y con problemas internalizantes, como ansiedad, tristeza o retraimiento (Eirich et al., 2022). En menores de cinco años también se reportaron asociaciones con dificultades socioemocionales, hiperactividad y problemas emocionales (Ahmer et al., 2025).

En adolescentes, varias revisiones relacionaron el uso de redes sociales —sobre todo cuando era problemático— con ansiedad, depresión, malestar psicológico y algunas conductas de riesgo. No obstante, la magnitud de estas relaciones fue pequeña y los resultados variaron según la forma de medir la exposición y los síntomas (Fassi et al., 2024; Kerr et al., 2025).

Los estudios longitudinales sugieren además una relación en ambos sentidos. El uso de pantallas puede preceder a pequeños aumentos de dificultades socioemocionales, pero quienes ya presentan ansiedad, problemas de atención, aislamiento o dificultades para regular sus emociones también pueden recurrir con mayor frecuencia a los dispositivos digitales (Thorell et al., 2024; Vasconcellos et al., 2025).

El sueño: una señal que no debemos ignorar

El uso prolongado y, especialmente, el uso nocturno se relacionaron con menor duración y peor calidad del sueño. Dormir mal puede afectar la atención, el estado de ánimo, la memoria y la conducta. Tener dispositivos en la habitación, recibir notificaciones durante la noche o sustituir la hora de dormir por videojuegos y redes sociales son señales prácticas que las familias pueden vigilar (Merín et al., 2024).

¿Cuándo puede considerarse problemático?

Conviene prestar atención cuando el uso de pantallas:

  • desplaza el sueño, la actividad física, el juego, la lectura o la convivencia;
  • provoca irritabilidad intensa cuando se intenta suspender;
  • interfiere con el rendimiento escolar o las responsabilidades;
  • se mantiene a escondidas o durante la madrugada;
  • expone al menor a acoso, contenido dañino o interacciones inseguras;
  • se utiliza de manera constante para evitar tristeza, ansiedad, enojo o soledad (Lugo Machado & Espinoza Morales, 2026).

¿Qué pueden hacer las familias?

La respuesta no debe limitarse a imponer una cifra universal de horas. Las reglas funcionan mejor cuando son claras, realistas, apropiadas para la edad y se aplican también a las personas adultas. Algunas medidas útiles son:

  • establecer horarios y espacios sin dispositivos, especialmente durante las comidas y antes de dormir;
  • evitar que el celular, la tableta o la televisión permanezcan encendidos durante toda la noche;
  • conocer el contenido que consume el menor y acompañarlo cuando sea posible;
  • promover actividad física, juego, lectura, descanso y convivencia presencial;
  • conversar sobre privacidad, ciberacoso, publicidad y contenido engañoso;
  • dar ejemplo con un uso equilibrado de los propios dispositivos (Lugo Machado & Espinoza Morales, 2026).

Idea clave: más que preguntar solamente “¿cuántas horas usa la pantalla?”, conviene preguntar “¿qué contenido consume, para qué la utiliza, a qué hora, con quién y qué actividades está desplazando?” (Lugo Machado & Espinoza Morales, 2026).

¿Cuándo solicitar ayuda profesional?

Es recomendable buscar orientación de un profesional de la salud cuando el uso digital se acompaña de tristeza persistente, ansiedad intensa, aislamiento, cambios importantes en el sueño o el apetito, bajo rendimiento escolar, agresividad, pérdida de control o abandono de actividades antes disfrutadas. También se requiere atención inmediata ante autolesiones, ideas de muerte, amenazas, acoso grave o exposición sexual (Lugo Machado & Espinoza Morales, 2026).

Un mensaje para nuestra comunidad

La tecnología no es, por sí misma, una enemiga. Puede favorecer el aprendizaje, la creatividad, la comunicación y el acceso a información. El objetivo es lograr un uso equilibrado que respete el sueño, la actividad física, la convivencia y el bienestar emocional. Acompañar, escuchar y establecer acuerdos suele ser más útil que prohibir sin explicar.

La evidencia disponible invita a actuar con prudencia: existe una asociación entre una mayor exposición —sobre todo cuando es problemática— y resultados menos favorables en salud mental y desarrollo socioemocional, pero aún no permite afirmar una causalidad directa. Cuidar el contexto, el contenido y los hábitos familiares es una forma concreta de proteger a niñas, niños y adolescentes (Lugo Machado & Espinoza Morales, 2026).

****

Referencias (en estilo APA 7ª edición)

Ahmer, A., Raza, M., Azhar, M., Rahman, A., Das, J. K., & Jafri, S. K. (2025). A systematic review and meta-analysis on the impact of screen-time on the social-emotional development of children under five years. Journal of the College of Physicians and Surgeons Pakistan, *35*(3), 351-358.

Eirich, R., McArthur, B. A., Anhorn, C., McGuinness, C., Christakis, D. A., & Madigan, S. (2022). Association of screen time with internalizing and externalizing behavior problems in children 12 years or younger: A systematic review and meta-analysis. JAMA Psychiatry, *79*(4), 393-405. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2022.0155

Fassi, L., Thomas, K., Parry, D. A., Leyland-Craggs, A., Ford, T. J., & Orben, A. (2024). Social media use and internalizing symptoms in clinical and community adolescent samples: A systematic review and meta-analysis. JAMA Pediatrics, *178*(8), 814-822. https://doi.org/10.1001/jamapediatrics.2024.1456

Kerr, B., Garimella, A., Pillarisetti, L., Charly, N., Sullivan, K., & Moreno, M. A. (2025). Associations between social media use and anxiety among adolescents: A systematic review study. Journal of Adolescent Health, *76*(1), 18-28. https://doi.org/10.1016/j.jadohealth.2024.08.009

Lugo Machado, J. A., & Espinoza Morales, D. I. (2026). Screen exposure, mental health, and socioeconomic development in children and adolescents: An umbrella review [Preprint]. Research Square. https://doi.org/10.21203/rs.3.rs-10484582/v1

Merín, L., Toledano-González, A., Fernández-Aguilar, L., Nieto, M., del Olmo, N., & Latorre, J. M. (2024). Evaluation of the association between excessive screen use, sleep patterns and behavioral and cognitive aspects in preschool population: A systematic review. European Child & Adolescent Psychiatry, *33*(12), 4097-4114. https://doi.org/10.1007/s00787-024-02412-w

Thorell, L. B., Burén, J., Ström Wiman, J., Sandberg, D., & Nutley, S. B. (2024). Longitudinal associations between digital media use and ADHD symptoms in children and adolescents: A systematic literature review. European Child & Adolescent Psychiatry, *33*(8), 2503-2526. https://doi.org/10.1007/s00787-023-02276-6

Vasconcellos, R. P., Sanders, T., Lonsdale, C., Parker, P., Conigrave, J., Tang, S., … & [autor final] (2025). Electronic screen use and children’s socioemotional problems: A systematic review and meta-analysis of longitudinal studies. Psychological Bulletin, *151*(5), 513-543. https://doi.org/10.1037/bul0000456