Luis Enrique Ortiz
Judith Armenta, presidenta de MORENA en Sonora debió ser consultada -en corto- por su superior jerárquico, Ariadna Montiel, sobre la pertinencia de imponer a Célida López Cárdenas como candidata a la presidencia municipal de Hermosillo, asiento de los poderes públicos, un tercio de los habitantes de la entidad y domicilio legal de la oligarquía más reaccionaria y entreguista del noroeste de México, representada no sólo dentro del partido del gobierno sino en el PRIANMCRD y varios que falta mencionar.
La compañera y colega dirigente estatal, que posee una privilegiada capacidad de análisis y que promedia en buena posición en el “honestómetro”, hubiera podido advertir de las consecuencias de una decisión que ya probó que le va a costar militantes, operadores políticos, votos y todo el tipo de cosas que suceden cuando Célida López pierde una elección.
Ya se tiene el dato de que en efecto, es la más conocida en las encuestas pero no precisamente la que concita la opinión más favorable del electorado potencial, o sea que su grado de rechazo es alto a nivel estatal, cuanti más donde ya perdió y por paliza, donde las razones para su rechazo siguen vigentes incluso cuando ha sido superada por su verdugo, Antonio Astiazarán, en algunos temas como el drenaje y los baches.
La Célida Teresa, sabe que va a perder y no le importa porque Ella viene a hacer negocios con las cuantiosas inversiones hidráulicas que el Gobierno de México proyecta para la sedienta capital de Sonora.
Y si Dios no quiera, gana, amasará un enorme poder y pretenderá ser gobernadora en 2030, no porque sea la más popular, sino por el enorme presupuesto público que le podrían asegurar la compra de miles de votos “en caso de una emboscada”, como dicen en Navojoa. Igual como le están haciendo el Toño Astiazaran y la Flor Ayala Robles Linares, los candidatos más probables a gobernador y presidenta municipal de Hermosillo -por la alianza de facto PRIAN- respectivamente.
Para los ojos del electorado Flor Ayala y Célida López son espejos que se miran de frente, lo mismo, no hay ideales, valores o derechos antes que el “leiv motiv”, el dinero.
Así las cosas, ante una base morenista ofendida que en el mejor de los casos se abstendrá de salir votar y al estilo de Wendy Briceño, le dará de paso la espalda a la abanderada al gobierno estatal, Lorenia Valles, no descarten efecto dominó, como cuando en 2021 no sólo perdió la reelección, sino que sus candidatos a diputados locales hicieron lo propio, casos Armando Moreno y Bernardeth Ruiz, precisamente en Hermosillo.
La designación de Célida fue realizado al más puro estilo del viejo y autoritario PRI: Madruguete, destape y dedazo.
Fue un madruguete, porque la convocatoria salió y a las dos horas el propio presidente del Consejo Nacional de MORENA y gobernador Alfonso Durazo Montaño, anunció que la coordinadora de la 4T en Hermosillo, sería la mujer que gusta de llorar en público. La presidencia nacional del partido, corroboró el edicto del poder horas más tarde que lo hizo el titular del Ejecutivo.
Fue destape porque no hubo ninguna otra opción, sino que sin mediar procedimiento, competencia y mediciones, el también jefe político dijo, no se hagan bolas, es Célida.
Y Dedazo porque no hubo proceso de consulta, ni fueron considerados mediante un proceso democrático otros perfiles.
Así que mientras las prácticas priistas prevalezcan en MORENA, no puedes motivar a tus bases con el discurso de que la Cuarta Transformación significa la lucha por desaparición del PRIAN, que tanto daño ha hecho al país.
Para ganar Hermosillo, revertir los efectos negativos del dedazo, se va necesitar mucho dinero, de dónde lo sacaría Célida, es una pregunta que debe responderse antes de que la pifia de Ariadna Montiel, siga avanzando como tormenta tropical, de por sí las bases de Javier Lamarque (el Bernie Sanders tropical), andan encabronadas y no son pocos.
Para la gran mayoría de Lamarque Cano, derrotado en el proceso interno por la gubernatura de MORENA, andan emputados y no se creen los resultados de las encuestas definitorias, la estulticia de la cúpula morenista en el caso Hermosillo sólo viene corroborar que las mediciones fueron cuchareadas y que la democracia interna es simple y llano puro pedo.
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