Luis Arturo Ozuna Vázquez, trabajador de 53 años que enfermó después de exponerse a los gases liberados por el derrame de hidrosulfuro de sodio de un tren de Ferromex en Naco, murió el lunes 14 de septiembre, tras permanecer aproximadamente mes y medio hospitalizado.

La familia confirmó su fallecimiento después de semanas de deterioro y graves complicaciones pulmonares y neurológicas. En entrevista con Libera Radio, familiares de Luis Arturo relataron que los médicos que lo atendían les explicaron que su estado de salud estaba relacionado con lo que había inhalado tras el derrame.

Aunque hasta ahora no se ha hecho público un dictamen médico o pericial que establezca oficialmente la causa de su muerte, los primeros síntomas aparecieron después de aquella exposición y su condición se agravó hasta requerir hospitalización.

El accidente ocurrió durante la noche del 25 de julio, cuando descarriló un tren de Ferromex en el tramo Cananea-Agua Prieta, cerca del ejido Cuauhtémoc. El convoy transportaba concentrado de cobre y un carro tanque con hidrosulfuro de sodio, sustancia corrosiva empleada, entre otras actividades, en la industria minera.

Las primeras estimaciones difundidas por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente hablaban de aproximadamente 59 mil litros derramados. Información posterior de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales elevó el volumen a cerca de 70 mil 300 litros vertidos en el cauce de un arroyo y estimó una afectación inicial de 1.7 kilómetros cuadrados.

En aquellos primeros días, las autoridades informaron que el derrame no representaba un riesgo inmediato para la población. La enfermedad de Luis Arturo, sin embargo, comenzó poco después.

De acuerdo con el relato de su familia, trabajaba como guardia de seguridad en una empresa situada aproximadamente a tres kilómetros del lugar del descarrilamiento. Al día siguiente acudió a trabajar sin haber recibido, según sus familiares, información suficiente sobre los riesgos de la sustancia liberada.

Posteriormente comenzó a padecer dolor de cabeza, náuseas y otros malestares. Su condición se agravó hasta requerir hospitalización y traslado a Nogales, donde permaneció en estado delicado. Su familia informó entonces a Libera Radio que los médicos habían detectado graves afectaciones pulmonares y neurológicas y les habían advertido sobre la gravedad de su condición.

La muerte de Luis Arturo obliga ahora a esclarecer cuál fue su grado de exposición, qué información recibieron los trabajadores y habitantes cercanos, qué medidas de protección se adoptaron después del accidente y si las autoridades ambientales, sanitarias y laborales actuaron con la rapidez necesaria.

También queda pendiente conocer el resultado de los estudios ambientales, la situación actual del suelo y el agua afectados, así como las posibles responsabilidades de Ferromex, empresa ferroviaria perteneciente a Grupo México.

La muerte de Luis Arturo ocurre, además, bajo una sombra conocida en Sonora: la de Grupo México y las consecuencias humanas y ambientales que han acompañado algunos de los episodios más graves relacionados con sus operaciones.

En 2014, Buenavista del Cobre, subsidiaria de Grupo México, derramó 40 mil metros cúbicos de sulfato de cobre acidulado en los ríos Bacanuchi y Sonora. Años después, la propia Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales concluyó que aquel desastre fue producto de negligencia de la empresa y sostuvo que las acciones de remediación no fueron satisfactorias.

Doce años después, habitantes de la cuenca continúan denunciando afectaciones a su salud y contaminación del agua y del suelo. Investigadores, médicos, especialistas, abogados y pobladores consultados por Libera Radio han documentado y denunciado la persistencia de daños y la falta de una reparación integral para las comunidades afectadas.

Fuera de Sonora, el nombre de Grupo México también está ligado a Pasta de Conchos, Coahuila, donde en 2006 murieron 65 trabajadores tras una explosión en la mina. Dos décadas después, aquella tragedia continúa formando parte de la discusión sobre seguridad laboral, responsabilidades empresariales y justicia para las familias.

Ahora es Ferromex, también perteneciente a Grupo México, la empresa obligada por las autoridades ambientales a remediar los daños provocados por el descarrilamiento en Naco, donde se derramaron alrededor de 70 mil 300 litros de hidrosulfuro de sodio.

Tras el accidente, las autoridades informaron rápidamente que no había personas lesionadas y que el incidente no representaba un riesgo inmediato para la población. Poco después, Luis Arturo comenzó a enfermar.

La ausencia hasta ahora de un dictamen público que establezca oficialmente la causa de su muerte no borra lo documentado durante su hospitalización ni las preguntas que deja el caso: cuántas veces puede una misma corporación aparecer vinculada a desastres laborales o ambientales antes de que las medidas de prevención, vigilancia y rendición de cuentas estén a la altura del riesgo que representan sus operaciones.

Luis Arturo no viajaba en aquel tren. No operaba la maquinaria ni transportaba sustancias peligrosas. Era un trabajador de 53 años que acudió a cumplir con su jornada cerca del sitio del derrame. Su familia contó a Libera Radio que los médicos atribuyeron las graves afectaciones que presentaba a lo que había inhalado después del accidente Un mes y medio después, murió.

Establecer oficialmente la causa de su muerte y las responsabilidades que pudieran derivarse corresponde ahora a las autoridades. Pero también queda por responder qué falló antes, durante y después del derrame, y por qué un trabajador ubicado a kilómetros del descarrilamiento terminó gravemente enfermo después de una emergencia que inicialmente fue presentada como un incidente sin lesionados y sin riesgo inmediato para la población.