Por: Mérida P. Baltazar Beltrán /Diana Isabel Espinoza Morales / Escamilla Isiordia Erick Reymel/ / Juan Antonio Lugo Machado
Han pasado varios años desde que el COVID-19 cambió nuestras vidas. Para muchas personas, la pandemia ya parece un recuerdo lejano, pero sus efectos siguen presentes en miles de familias sonorenses. Perdimos seres queridos, cambiamos nuestra forma de trabajar, estudiar y convivir, y descubrimos que una enfermedad no afecta por igual a todas las personas.
La pandemia nos dejó una enseñanza muy clara: la salud no depende únicamente de los hospitales o de los médicos; también depende de las condiciones en las que vivimos. Quién tiene acceso a una vivienda adecuada, agua potable, alimentación saludable, seguridad social e información confiable tiene muchas más oportunidades de enfrentar una emergencia sanitaria que quien vive en condiciones de pobreza o marginación (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2023; Álvarez-López et al., 2024).
En Sonora, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Sonora encontró que la mayoría de las personas que fallecieron por COVID-19 presentaban enfermedades crónicas como diabetes o hipertensión, y casi tres cuartas partes de las muertes ocurrieron en zonas urbanas. Además, muchas familias señalaron dificultades para acceder oportunamente a la atención médica y expresaron deficiencias durante el proceso de atención de sus familiares (Álvarez-López et al., 2024).

La desigualdad también enfermó
Durante la pandemia escuchábamos que “el virus nos afecta a todos por igual”. Sin embargo, con el paso del tiempo quedó claro que eso no era completamente cierto.
Las personas con empleos informales no podían quedarse en casa porque necesitaban salir a trabajar para llevar comida a sus familias. Muchos adultos mayores vivían con enfermedades crónicas sin un control adecuado. En comunidades con menor acceso a servicios médicos, el diagnóstico y el tratamiento llegaron demasiado tarde. La desigualdad social terminó convirtiéndose también en una desigualdad en las posibilidades de sobrevivir (OMS, 2023; Álvarez-López et al., 2024).
Por eso, cuando hablamos de prepararnos para futuras epidemias, no basta con construir hospitales. También es necesario disminuir la pobreza, mejorar la educación, fortalecer la atención primaria y garantizar que todas las personas tengan acceso a servicios de salud de calidad.
La otra pandemia: la desinformación
Además del virus, hubo otro enemigo silencioso: la información falsa.
En redes sociales circularon miles de publicaciones recomendando medicamentos “milagro”, remedios caseros o tratamientos sin evidencia científica. Muchas personas comenzaron a consumir antibióticos, ivermectina, hidroxicloroquina, vitaminas en exceso y otros medicamentos sin indicación médica, convencidas de que así evitarían enfermar gravemente.
Hoy sabemos que esa decisión pudo haber puesto en riesgo la salud de muchas personas.
Un estudio realizado en el noroeste de México encontró que al menos la mitad de los participantes consumieron medicamentos durante la pandemia sin receta médica, y observó que quienes tenían una mejor percepción del riesgo y seguían las recomendaciones sanitarias eran menos propensos a automedicarse (Torres-Soto et al., 2022).
A nivel internacional, una revisión sistemática que reunió información de más de 56 mil personas reportó que aproximadamente una de cada dos personas (48.6%) practicó la automedicación durante la pandemia. Los autores concluyen que es indispensable fortalecer la educación en salud para disminuir los riesgos asociados a esta práctica (Kazemioula et al., 2022).
La automedicación no solo puede retrasar el diagnóstico correcto. También puede provocar efectos secundarios graves, intoxicaciones, interacciones entre medicamentos e incluso favorecer la resistencia a los antibióticos.
La ciencia salva vidas
Una de las grandes lecciones del COVID-19 es que la información basada en evidencia científica salva vidas.
La ciencia fue la que permitió identificar el virus, desarrollar pruebas diagnósticas, producir vacunas en tiempo récord y mejorar los tratamientos conforme aparecía nueva evidencia.
En cambio, cuando las decisiones se tomaban con base en rumores, cadenas de WhatsApp o publicaciones de redes sociales, el riesgo aumentaba.
Eso no significa creer ciegamente en todo lo que se publica, sino aprender a consultar fuentes confiables como la Secretaría de Salud, el Instituto Mexicano del Seguro Social, las universidades, la Organización Mundial de la Salud y los profesionales de la salud.
No olvidar para estar mejor preparados
Quizá la enseñanza más importante sea que nadie enfrenta solo una pandemia.
Cuando protegemos a las personas más vulnerables, también nos protegemos a todos. Ayudar a un adulto mayor a acudir a consulta, acompañar a quien vive solo, compartir información confiable o evitar difundir noticias falsas son acciones pequeñas que pueden tener un enorme impacto.
Las futuras emergencias sanitarias llegarán tarde o temprano. La diferencia estará en lo que aprendamos de esta experiencia.
Si algo nos enseñó el COVID-19 es que la solidaridad, la ciencia y el compromiso social son tan importantes como cualquier medicamento.
Porque una sociedad mejor informada, más empática y con menos desigualdad siempre estará mejor preparada para enfrentar cualquier desafío.
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Referencias
Álvarez-López, D. I., Álvarez-Hernández, G., Espinoza-Molina, M. P., Millanes-Campa, B. J., Aranda-Gallegos, P., & Candia-Plata, M. C. (2024). Distribution of COVID-19 related deaths in municipalities from Sonora, Mexico, 2020. Salud UIS, 56, e24020. https://doi.org/10.18273/saluduis.56.e24020
Kazemioula, G., Golestani, S., Alavi, S. M. A., Taheri, F., Gheshlagh, R. G., & Lotfalizadeh, M. H. (2022). Prevalence of self-medication during COVID-19 pandemic: A systematic review and meta-analysis. Frontiers in Public Health, 10, 1041695. https://doi.org/10.3389/fpubh.2022.1041695
Organización Mundial de la Salud. (2023). Coronavirus disease (COVID-19): Overview. https://www.who.int
Torres-Soto, N. Y., López-Franco, G., Torres-Soto, N. A., Rojas Armadillo, M. L., Aray Roa, A., Monzalvo-Curiel, A., & Peña-Torres, E. F. (2022). Percepción del riesgo ante la COVID-19 y su efecto sobre las prácticas de la automedicación en población del noroeste de México. Acta Universitaria, 32, e3189. https://doi.org/10.15174/au.2022.3189


