LUIS ENRIQUE ORTIZ
En la reciente guerra por el agua en Sonora ya van dos movimientos sociales que ganan en la defensa del vital líquido, ambos en tiempos de la Cuarta Transformación y sin saldo rojo que lamentar.
Primero, en 2024, fueron los rancheros de la cuenca de río Bacoachi, quienes detuvieron el saqueo y abatimiento del acuífero por parte de Grupo México, mediante un acueducto ilegal y también con pipas.
Ahora, son los defensores del río Sonora cuya lucha sacó del presupuesto federal alrededor de 8 mil millones de pesos que estaban destinados a la construcción de la presa Puerta del Sol, en Ures, la cual todo parece indicar que se cancela o al menos ha sido diferida su edificación.
Al parecer y por palabras del propio gobernador, Alfonso Durazo Montaño, las manifestaciones de municipios enteros aguas arriba de la capital del estado, “echaron a perder” una importante inversión para Ures, cuna y sosten de la oposición al Plan Hídrico, estatal y federal.
Ganaron compañeros defensores y es lo que se debe decir con insistencia “cuasi guebeliana”, que los movimientos sociales organizados son capaces de detener más de un sinsentido como lo era la presa Puerta del Sol y la extracción ilegal a la cuenca del río Bacoachi.
Si ustedes no se oponen, ya estuvieran tronando las cargas de dinamita para construir el multi rechazado embalse.
Pero el objetivo principal no era Ures, sino Sinoquipe, que si la logran hacer, más que para dar o quitar agua a tal o cual municipio, sería -eventualmente- la presa de jales más grande de Grupo México producto de su explotación cuprífera en Cananea.
Alguna vez el tecleador habría pensado, incluso comentado en alguna parte de El breve espacio, que lo de Ures era una distracción en la que incluso ceder estaba calculado.
Uno de los principales dirigentes del primer movimiento en defensa del agua, que le ganó a Grupo México y al gobierno estatal al mismo tiempo, Fernando Ramírez, le dijo no hace mucho tiempo al tecleador, que de lo que se sabe de la parte técnica de la cortina de la presa Sinoquipe, es que está diseñada para contener derrames, varias veces más grande que el de agosto de 2014, que contaminó de Cananea hasta Hermosillo todo el río Sonora.
Aquí está el primer reto para los defensores del agua, impedir que se construya presa alguna.
En especial la de Sinoquipe, porque esa sí es para favorecer a Grupo México.
Pero regresando al hecho de que los de Ures le ganaron al gobierno del estado, aquí es donde de implacable en la batalla, se debe ser generosos en la victoria y concederle al gobernador Durazo que no se los mandó decir.
Tal vez sí, con la molestia de perder una inversión de infraestructura hidráulica de 8 mil millones, pero fue a dar la cara y aguantó vara. Ya le ganaron, qué necesidad hay de bailarle encima.
El hecho mismo de que no haya habido represión cómo sí estuvo a punto de darse en el caso de Bacoachi, marca un antes y un después en el tratamiento de estos novedosos pero muy importantes movimientos en defensa del agua como derecho humano.
Ambos movimientos son importantes porque al menos por el momento impiden saqueo, despojo y contaminación del vital líquido en zonas muy específicas de la entidad, con positivo impacto para el medio natural y esperanza de las nuevas generaciones.
Y así como al fin y al cabo, la buena relación de los movimientos con sectores de avanzada del Gobierno de México, frenó obras y saqueos, una mejor relación con Durazo en materia ambiental podría ayudar.
Los tiempos en los que se les mandaba a las patrullas de la judicial para intimidar a los del río Bacoachi, o que se les dejaba plantados a los de Ures, ya han quedado atrás, al menos en la presente coyuntura.
Esa forma de despreciar a las luchas sociales independientes, la amenaza, la descortesía y lo que resulte, tan propio de la Secretaría de Gobierno, deberá quedar fuera del manual si se desean resultados diferentes.
#NoALasPresas
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