Luis Enrique Ortiz
Al parecer una forma de darte cuenta de que te estás haciendo viejo, es cuando empiezas a creer que algunas soluciones a grandes problemas como el Cambio Climático, pueden estar en cosas tan sencillas como cambiar de hábitos y tener un huerto de traspatio o de azotea, en suelo directo, hidroponia o en macetas, la cosa es arrebatarle espacio a los agrotóxicos desde la comodidad de tu casa.
Pero antes… qué hábitos se pueden cambiar y no depende sino de nosotros decidirlo, para reducir la huella humana en la producción de gases de efecto invernadero, la deforestación a escala global y el despojo de recursos naturales a las comunidades indígenas, para convertirlos en mercancía.
Reducir el consumo de carne de res, sin duda deber ser el número uno de todos. La ganadería no sólo es contaminante “per se”, sino que la degradación ambiental que provoca se da a lo largo de toda la cadena que hace posible llevar una carne asada a la mesa.
Igual la carne de cerdo, aves o peces, nuestro apetito de proteínas de origen animal, produce al menos la tercera parte de los gases de efecto invernadero que provocan el calentamiento global e importantes cambios en el comportamiento del estado del tiempo, las estaciones del año, los huracanes, etcétera.
Dejar de usar botellas desechables para todo, reutilizar y reciclar (en ese orden), es un hábito que sin duda debe sustituir al hecho de hacer lo contrario.
Otra conducta que se torna utópico modificar en ciudades como Hermosillo, es el uso del coche personal. Nuevos o de segunda, derechos o ingresados al país de manera ilegal, los carros nos ahogan por todos lados, en especial aquellos a los que por negocio o un ingreso pasajero, se les ha extraído el convertidor catalítico.
Sin un buen sistema de transporte colectivo y suficientes calles transitables, seguiremos persiguiendo la quimera en carro.
Comer más vegetales incluso pueda no ser una solución mejor, debido a que si se torna en negocio, pronto habrá algunas decenas de empresas globales que controlen la producción de “orgánicos” en el mundo y seguiremos siendo dependientes, pagando caro lo que se puede producir en el patio a una pequeña fracción de lo que cuesta comprarlo y empacado para una gran cadena comercial tipo Costco.
Pues aunque Usted no lo crea, producir de manera sana u orgánica media docena de hortalizas en casa, puede tener también impactos positivos similares a los de comer menos carne, usar menos el carro o dejar de ser esclavo cautivo de marcas como Coca cola o similares.
Tomates, chiles, cebollas, cilantro, repollo, lechugas y al menos una docena de plantas para alimentación humana se pueden producir en cualquier casa, incluso las en las diminutas pagadas con crédito Infonavit.
La producción propia en alguna de estas, desde la comodidad del hogar, reduce el uso de pesticidas con los que son tratados, legal o ilegalmente, la mayoría de los alimentos que consumimos, sean de origen vegetal o animal.
Pero no sólo es eso, sino que a nadie le van a quitar el agua para producir la sandía que nos vamos a comer después de la carne asada del domingo.
En tu casa puedes producir sandías e intercambiarlas con el vecino que produce melones, no sé, piénsalo. Lo puedes hacer incluso reutilizando aguas grises y la condensación del mini Split.
Si cultivas -estás a tiempo- los rábanos y el cilantro que vas a necesitar en diciembre para tus atracones tipo antigua Roma, estarás seguro de que tus hortalizas no fueron regadas con aguas negras o adicionadas con pesticidas que matan plagas, pero que también producen al menos media docena de enfermedades crónico-degenerativas en seres humanos.
Si le haces al “micro farmer”, llegará un día en que te vas a reír a carcajadas por ver que en el super mercado el kilo de tomate está en 50 pesos o el cebolla en 70. Ahorrarás mucho y serás menos dependiente de los vaivenes del mercado.
Si tus hijos cultivan contigo serán mejores ciudadanos y cuidarán mejor de lo que les dejemos como medio ambiente.
Los viejos vivirán más y más sanos si se involucran en un huerto y en las escuelas públicas se pueden usar sus grandes extensiones ociosas para enseñar a cuidar el suelo y el agua, los dos factores cada vez escasos pero que sin ellos dejarían de producirse el 95% de nuestros alimentos en el mundo.
Publicado originalmente en: https://www.facebook.com/luisenrique.ortiz1
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