
- Comienzo este texto y me acompaña la música del disco Dr. Joe del trío de Chick Corea al Piano, John Patituci al bajo y el mexicano Antonio Sánchez a las batacas. De ese nivel comienza el buen jazz aquí y ahora. Y seguirá aquí en vivo y a todo calor humano con el dúo de Paloma Ledgar primero y luego, el grupo Stretto porque el jazz es estudio, dedicación, improvisación y espontaneidad.
- Es difícil hacer un comentario y una presentación critica de una enciclopedia. Etimológicamente “Enciclo paideia” es el conocimiento circular, el círculo del conocimiento o la educación redonda. Y si a esto le agregamos que la enciclopedia es de discos que giran o de casettes que también lo hacen, corremos el riesgo de enredarnos, o mejor dicho de ciclarnos y reciclarnos ad infinitum. Por eso voy a proponer solo tres ideas que me surgen de la primera lectura, hecha hace 6 meses cuando me llegó el libro, y la de esta tarde en que preparo este texto.
- Primera propuesta: Esta enciclopedia es un trabajo monumental, ejemplar, antropológico y al mismo tiempo inacabado.
Digo monumental no sólo por su tamaño y peso, sino esencialmente porque este libro, de 350 paginas, es solo del tomo 1, que va de jazzistas cuyo nombre va de la letra A la E. Lo que quiere decir que nos esperan mil páginas más hasta legar a la Z, más lo que se acumule.
Insisto en que es ejemplar, no solo por su calidad literaria y de edición así como del cuidado editorial y de imágenes, sino además porque la idea que me surge es que algo similar debe de hacerse para un atlas de la pintura mexicana, del teatro, de la danza, de la literatura, de la arquitectura o el diseño, en fin de todas las artes en México. Nosotros, en literatura estamos acostumbrados a las “antologías”, pero en una enciclopedia se trata de abarcar más, de conocer profusamente, de buscar en todos los lugares de la patria y exponer con esta calidad para conocer con amplitud. O sea debe ser un ejemplo a seguir.
Es antropológico porque, tal vez sin saberlo muy bien, Antonio Malacara hizo lo que todo buen Malinowsky o Bateson haría: ir a las fuentes directas, conseguir los materiales y preguntar cómo se hizo. En qué circunstancia, cómo se logró este disco o casette. Pero del propio autor, o del intérprete principal. Hasta donde se pudo. Y eso, es precisamente el trabajo etno-artístico musical. Tal vez no al nivel de la fonoteca del INAH o de la UNAM, pero casi.

Para cerrar esta primera propuesta refiero que este texto es, a la vez, un trabajo inacabado, porque el arte, el jazz, se está y sigue produciendo hoy mismo en este 2021. O está por descubrirse. Para nuestra sorpresa, tal vez encontremos mañana o pasado un disco de 78 revoluciones, todo quebradizo y en su forro de cartón, de una banda de jazz que comenzó con el estilo Chicago o el New Orleans en México y lo grabaron en la década de los 30s del siglo pasado en Zacatecas o Puebla. Y hoy mismo en este 2021 hay veinte grupos de jóvenes jazzistas que están en proyectos, no ya de casetes o LPs, sino de CDs, sus canales de youtube, streaming, spotifai, o alguna parafernalia futura de estas. Y entonces lo tendrá que incorporar, en una nueva edición corregida y aumentada, a la enciclopedia.
- Segunda propuesta. Este tomo no solo es una enciclopedia fonográfica del jazz en México sino sobre todo es un libro de arte. Reconozco que personalmente me gustaba comprar enciclopedias de pintura y conseguí, además bellos libros de Frida Kahlo, María Izquierdo o Leonora Carrington. Por eso con la calidad de edición de este libro uno se deleita con las fotografías de los y las compositores, músicos e intérpretes. Y sobre todo las imágenes de las portadas de los discos son deliciosos, unas verdaderas maravillas. Además de la irreverencia como estética plástica en cada disco. Por ejemplo la portada del disco “modular” de Cristóbal Martínez, (Pag. 235) es de una sencillez franciscana, porque es como el dibujo de la portada de un edificio hecho por un estudiante de arquitectura. Y de ahí partir a las complejidades surrealistas de las portadas de los discos del grupo Banda Elástica (pag 154 y 155), o la portada literalmente “fresa” totalmente sesentera con chica en bikini amarillo tendida al sol en la playa del disco de Chilo Morán y sus Acapulco Brass (pag 203), o los fractálicas portadas del grupo de Alex Otaola (pag. 78, 80 y 81).
- Tercera y última propuesta. Una enciclopedia nos sirve para corroborar y confirmar lo que sabemos, y por eso lo buscamos, porque ya sabemos y nos sentimos seguros y satisfechos de ese saber. Tal como los museos a los que uno va. Nada extraño, es una tesis de Pierre Bourdieu lo que estoy diciendo. Pero al igual que en los museos en los que uno descubre mil cosas que desconoce o ni siquiera sabía de su existencia, pasa aquí lo mismo con esta enciclopedia fonográfica. ¡Coño! ¡Qué bárbaro! Uno que se precia de conocer jazz se viene a dar cuenta que no conoces ni la tercera parte de los discos que aquí se presentan. Claro que uno dice, bueno Chilo Morán, Eugenio Toussaint, Antonio Sánchez, Calatayud, Roberto Aymes, Alejandro Corona, y cree uno que conoce del jazz en México. Pero para nada, esta enciclopedia nos muestra, y qué bueno, la amplitud de la producción jazzística nacional y lo que aún nos falta por conocer, por saber, por disfrutar, por degustar.
Bienvenida la Enciclopedia, esperamos los otros tres tomos. Gracias Antonio Malacara.
Ver:
https://www.facebook.com/contratiempo.jazz/videos/179992193318468
