“Si no se puede reducir, reutilizar, reparar, reconstruir, renovar, refinanciar, revender, reciclar o compostar, entonces debería restringirse, rediseñarse o eliminarse de la producción” — Pete Seeger.

POR: JORGE TADEO VARGAS

Hace unas semanas, la cámara alta finalmente aprobó la Ley General de Economía Circular. Una propuesta que se presenta como un instrumento de protección ambiental, principalmente en temas que competen a la gestión de los residuos, por lo que podríamos decir que dicha protección se alarga hasta la salud ambiental/humana. En el papel, nadie que esté preocupado por la salud del planeta en general y del país -es decir de todas las comunidades que conforman México- podrían estar en desacuerdo en esta ley.

Dejando fuera lo que ya se ha dicho al respecto de las fallas que tiene la propuesta de Economía Circular, de la cual ya escribí en este mismo espacio hace algunos meses (https://liberaradio.com/la-cuadratura-de-la-economia-circular/) y que no es más que una forma de maquillar -aun más- de verde un modelo que tiene como base la extracción y la privatización tanto de territorios, como de ecosistemas. También pasando de esa idea de que al ser la naturaleza cíclica es fácil hacer que el modelo económico repita esa forma de interactuar, una idea bastante reduccionista que no tiene base en un enfoque ecosistémico, sino en una retorcida teoría sin lógica alguna, aquí me quiero centrar en algunos puntos de porque la ley es mucho más peligrosa que lo que tenemos actualmente.

Lo primero es que la ley parte poniendo criterios económicos como la base de todos sus fundamentos, es decir parte de reforzar la economía, maquillando los costos socio-ecológicos que causa el modelo de producción-consumo, incluso desde el mito del reciclaje -incluido el que ellos llaman reciclaje energético o químico que no es más que incineración disfrazada- donde la base principal de su ley tiene como argumento este mito. Es decir, reciclar todo aquello que se pueda -tanto convertir en un nuevo producto, como el quemarlo- y aquello que no se puede reciclar, que pase a los hornos cementeros, al fin y al cabo, la valorización térmica en estos hornos por ley no debe considerarse incineración -aunque la física diga lo contrario- es decir por donde se vea, el final de los residuos es reciclaje químico como su máxima representación. De entrada eso ya no puede considerarse “circular”.

Aquí vale la pena mencionar que desde la SEMARNAT, se están proponiendo varios parques de economía circular que serán instalados en regiones estratégicas que tanto esta secretaría como la de economía están revisando para -en palabras de ellos- poner en marcha programas de restauración, remediación y recuperación económica. No por nada pusieron en marcha por un par de años sus Programas Nacionales Estratégicos (PRONACEs) desde donde sentaron las bases para lo que ahora pretenden. Estos parques tienen como agenda oculta procesar y producir el combustible derivado de residuos (CDR) para usarse principalmente en los hornos cementeros, aunque las cinco incineradoras de Waste to Energy que funcionan en México también pueden adquirirlo si pretende aumentar su producción.

Esto se suma a otro de los aspectos negativos de la ley, que se basa en el posconsumo, es decir, poco o nada tiene sobre la obsolescencia programada -menos la percibida- que da como resultado una ley pensada para el aprovechamiento de los residuos -no hay planes de reducción de estos-. No se plantea nada sobre el rediseño, ni de la reutilización. Mucho menos sobre la poca o nula información que los consumidores tenemos para decidir sobre aquello que consumimos; es decir que esta ley por ningún lado promueve el consumo responsable, por el contrario fomenta el consumismo, basado en la falsa premisa del reciclaje.

Sin embargo un punto que ha causado una división importante entre activistas socioambientales, defensores del territorio y aquellos que viven de la pepena, es que a estos últimos se les ha dado un papel dentro de la economía circular, digamos que por primera vez se les reconoce su trabajo y se les menciona dentro de la ley. Esto no quiere decir que sea algo bueno per se, al contrario, al no tener claro cuál es su función real, quedan sujetos a las secretarías de economía y del trabajo, por lo que en pocas palabras quedan a merced de quienes administren los rellenos sanitarios, los parques industriales, los centros de reciclaje, sin ningún tipo de protección. En términos laborales, aunque parezca una buena idea, quedan a merced de aquellos que tienen un mayor poder económico.

Esta ley está hecha a medida de las necesidades de aquellos que están pensado en mantener el negocio de los residuos más allá de los rellenos sanitarios, no en balde las reuniones que se llevaron a cabo para lograr su aprobación fueron entre gobierno e iniciativa privada, haciendo oídos sordos a las propuestas o las peticiones de la sociedad civil, los activistas e investigadores. Como ha pasado en todas las iniciativas ambientales presentadas por este gobierno, no se sostienen, al contrario es más que claro que lo que se busca es mantener el maquillaje verde a un modelo de producción-consumo.

¿Qué queda por hacer desde las ONGs y los colectivos ciudadanos? Detener sus proyectos de parques de economía circular, como ya lo hicieron en el Valle del Mezquital. Pero esta resistencia debe ser más integral para que estos proyectos no solo sean cambiados de estado o municipio, sino que se desechen y así poder frenar al menos un poco lo que se viene en materia de residuos, donde, el tema de la llegada de plástico producido fuera del país y nuestros propios residuos están pasado a convertirse en un serio riesgo de salud ambiental, que se suma a todo lo que ya tenemos encima.

Desde el exilio de Ankh-Morpork

Profesor, traductor, escritor, ex activista, anarquista y panadero.

Fotos tomadas de: https://www.no-burn.org/es/organizaciones-alertan-ley-economia-circular-es-licencia-para-contaminar-mexico/