Días de revuelta, días de combate

POR: JORGE TADEO VARGAS

Hace unos días el alcalde de Hermosillo, anunció un proyecto para desalinizar agua en la Bahía de Kino y así garantizar el agua para los pobladores de esa localidad. Aquí vale hacer una pausa y mencionar que estas comunidades hasta hace unos años no tenían problemas de agua, se mantenían con una población estable y aunque algunas semanas el flujo del turismo mayoritariamente local causaba un desequilibrio, los impactos no eran significativos.

Esto ha cambiado con el paso del tiempo, principalmente al boom inmobiliario que se ha venido dando y un crecimiento poblacional – o al menos de casas de fin de semana – que ha venido creando una necesidad de más agua, especialmente para la zona conocida como Kino Nuevo, lo que crea de cierta forma un espejismo de crisis hídrica, la cual el gobierno municipal de Hermosillo tiene que responder y de ahí las declaraciones del alcalde Antonio Astiazarán Gutiérrez hace unos días.

Antes de entrarle a los aspectos técnicos de porque esta proyecto es una mala idea visto desde la perspectiva socio-ecológica, además de ser una insensatez del gobierno, buscando una solución de final de tubería, hay que recalcar que proyectos como este, han sido presentados también por el gobierno del estado en su plan hídrico estatal, donde los municipios de Puerto Peñasco y Guaymas-Empalme tienen proyectos, desaladoras como solución a las problemáticas de abastecimiento de agua, con esto lo que quiero decir es que todo el estado de Sonora está apostando por políticas hidráulicas que van a continuar agravando la problemática, poniendo a sus cuencas en jaque hasta llegar al colapso.

Ahora bien, Bahia Kino pertenece a la cuenca del Río Sonora, que es una cuenca exorreica, que tiene su delta – aunque no sea visible – en la costa agrícola de Hermosillo, de ahí su nombre, por lo que la crisis hídrica es mucho más compleja y no se puede solucionar con una planta desaladora, eso es una solución de final de tubería que a mediano plazo causará más daños socio-ecológicos que beneficios.

Si bien, desde hace muchos años se viene manejado a las plantas desaladoras, principalmente aquellas basadas en la ósmosis inversa (SWRO) como la solución tecnológica frente al estrés hídrico extremo que se vive en más de la mitad de las ciudades en el mundo, lo que ha venido pasado en que este estrés se ha ido socializando con las costas, los ecosistemas marinos y las comunidades locales que viven generalmente de la pesca artesanal o de un turismo local de bajo impacto. Lo que las desaladoras han causado es compartir los costos de la crisis hídrica río abajo, pero no solucionarla.

Los impactos los podemos medir, primero con el vertido de salmuera y es que por cada litro de agua potable que se extrae, tenemos litro y medio de todas las sales y minerales que componen la salmuera, duplicando con esto la salinidad de las costas, asfixiando a las comunidades de especies bentónicas, las praderas de pasto marino (zostera), así como los manglares y los arrecifes coralinos. Importante mencionar que más de ochenta y cinco por ciento de las especies que tienen un valor comercial en la pesca principalmente familiar o artesanal, por lo que una desaladora pone en riesgo, la vocación de las costas en las que se instala una planta de este tipo.

Por otro lado, las membranas que se usan para el proceso de desalinización se les tiene que dar un mantenimiento constante, para lo que usan químicos que son altamente tóxicos como lo son algunos compuestos clorados – precursores de cáncer – , ácido sulfúrico, polifosfatos y poliacrilatos, dejando graves impactos a la salud ambiental de las costas que se puede reconocer con lo que se llama marea roja que no es sino un nivel de toxicidad asociado a las plantas desaladoras entre otros factores.

Por si no fuera suficiente los cambios en la salinidad del agua de mar, de la toxicidad de los compuestos químicos que terminan en las costas, la captación de agua para el proceso de desalinización, conocido como entrampamiento en toma de aguas abiertas, es una trampa mortal para algunas especies que terminan dentro de estas trampas, que va desde la macrofauna como peces, tortugas, crustáceos, hasta zooplancton y larvas de especies comerciales, de nuevo, la desaladora se contrapone a las formas de vida de las comunidades humanas. A esto le sumamos los cambios en la morfología costera con la construcción de la planta y el edificio para el proceso, fragmentando la vida en la costa, no solo en términos de pesquería, sino también en el turismo local, algo que por muchos años ha sido parte de la economía de los habitantes de Bahía de Kino.

Aunque en la declaración del alcalde de Hermosillo, no hubo mucha información al respecto de los costos y las formas operativas de la planta, dejó muy claro que esta sería operada por energía solar, es decir construirán otro proyecto que fragmentara a la bahía para intentar pintar de verde la planta desaladora. Esta insensatez es aún más peligrosa que la propia planta pues el espacio que se necesita para que una planta como la que se necesitaría para garantizar que el proyecto sea sostenible – más allá de los impactos socio-ecológicos – impactará a toda la región en términos ecosistémicos y aumentaría la problemática climática, con lo que el estrés hídrico aumentaría, es decir, entrarían en un círculo de impactos socioambientales, parecido a un loop hasta llegar al colapso.

Y bueno, en todos los párrafos anteriores ya he mencionado que la planta se contrapone a la economía local que ya funcionaba previo a la presión urbana de la que está siendo atacada la bahía, con la cantidad de fraccionamientos y otro tipo de proyectos urbanos. Se pone en riesgo la pesca artesanal/familiar, el turismo local, además de que esta planta no garantiza una verdadera justicia hídrica para los habitantes permanentes. El costo es otro tema que poner sobre la mesa. El agua desalada es cara, por lo que crea o agrava las injusticias hídricas.

Sonora se ha caracterizado por apostar por políticas hidráulicas que no resuelven el problema, no solo este proyecto que no se sabe si fue una ocurrencia del alcalde Antonio Astiazarán Gutiérrez o una realidad que consultara con las dependencias correspondientes, lo que si es que – de nuevo – las soluciones para la crisis hídrica pasan por ocurrencias o por políticas que más que resolver perjudican.

¿Cuáles serían las verdaderas alternativas? No hay una receta mágica, pero tienen que pasar por hacer Ordenamientos Ecológicos, Territoriales, Urbanos que tengan como base un enfoque ecosistémico que ayude a garantizar el equilibrio entre el agua que necesitamos y la que necesita la naturaleza, de lo contrario, no hay cómo avanzar.

Desde el autoexilio en las montañas de Klatch City

Profesor, escritor, traductor, exactivista y panadero casero.