Texto publicado en colaboración con el área de Difusión del Colegio de Sonora.
Por Doctora Marlene Fierro Fimbres.*
En México, a pesar de que la industria minera contribuye con el 2.77% del producto interno bruto (PIB) nacional, no ha sido un sector económico que se distingue por la alta generación de empleo, pues sólo involucra el 0.59% del personal ocupado con respecto a la estructura ocupacional del país. A su vez, se ha caracterizado por tener poca presencia femenina, pese a que se ha observado un incremento progresivo en todos los niveles de producción.
Al examinar la participación de mujeres en la minería, la información proporcionada por el INEGI demuestra que en el año 2004 ellas representaban el 9.8% de la fuerza de trabajo ocupada, mientras que en 2024 figuraron con el 12.63%. En contraste, los datos que presenta el Informe de Sustentabilidad de la Cámara Minera de México (CAMIMEX) refleja una situación diferente, pues registró en el año 2025 el 18.5% del personal femenino en el sector; sin embargo, este último dato corresponde solamente a las empresas afiliadas a la Cámara.
Aunque la información presentada por ambas organizaciones coincide en el incremento paulatino de la participación femenina en la industria minera, los datos que señala el INEGI no muestran un incremento real en términos absolutos, sino que el número de mujeres se ha mantenido similar, o menor, a lo registrado en 2014. Esto sugiere que hay un decremento de trabajadoras en este sector estratégico; además, su ingreso estable no se ha encontrado asegurado, en parte porque están inmersas en un contexto laboral cambiante donde la remuneración y la disponibilidad de los puestos están influenciados por los precios internacionales de los minerales; la mano de obra depende de los topes salariales y políticas de flexibilidad que propician el surgimiento de altos niveles de subcontratación; y la digitalización de la industria, que se ha adentrado muchísimo más rápido y en poco tiempo, en comparación a la propia mano de obra femenina, ha provocado la disminución de puestos de trabajo, limitando las oportunidades laborales.
Por otro lado, la cultura organizacional a la que ellas se enfrentan reproduce desigualdades de género. Los elementos simbólicos, las prácticas, las formas de trabajo y las normas que han consolidado la “cultura minera”, sostienen la idea de que las mujeres, quienes laboran en este sector altamente masculinizado, sean ubicadas en una postura subordinada, experimenten desigualdades y discriminación por el ejercicio del poder masculino, atraviesen presiones que el entorno laboral les plantea, y pasen por prácticas y procesos organizacionales que dificultan su incorporación y sus trayectorias una vez que están insertas en la industria.
Ante una cultura organizacional que reproduce desigualdades de género, se ha puesto en marcha la discusión sobre la necesidad de transformarla para promover la equidad. Es así como, empresas mineras en México, han desarrollado políticas institucionales, y han diseñado estrategias organizacionales que promueven mejores prácticas con el fin de reducir las brechas de género. La mayoría de ellas adoptan las legislaciones laborales nacionales en sus políticas internas; algunas otras, principalmente de origen extranjera, sus acciones se derivan de las políticas públicas implementadas en sus respectivos países; y otras más han promovido mejores prácticas que, por más pequeñas que sean, son sumamente valiosas y fundamentales para la entrada de una mano de obra más diversa.
Y es que más allá de promover una agenda centrada en las mejores prácticas, o en la adopción de las legislaciones laborales nacionales e internacionales en las políticas internas de las empresas mineras (y el mercado laboral en general), se requiere que estas transiten de la igualdad formal a una que priorice y garantice “derechos sustantivos”. Asimismo, se requiere cambios estructurales relativos a la equidad de género en sindicatos, empresas y legislación laboral para asegurar la empleabilidad, y de reconocer los pesos de los roles de género fuera del trabajo remunerado, que definitivamente impactan de forma diferenciada a hombres y mujeres.

*Egresada de la VIII generación del doctorado en Ciencias Sociales de El Colegio de Sonora.
Imagen principal: Participación de la mujer en la minería / Marlene Fierro Fimbres.



