Texto publicado en colaboración con el área de Difusión del Colegio de Sonora.

Por Doctora Marlene Fierro Fimbres.*

Nos acercamos al día internacional de la mujer en la minería, fecha que tiene lugar cada 15 de junio y que fue impulsada por la organización International Women in Mining en el año de 2022, con el propósito de visibilizar la participación y contribuciones de las mujeres dentro de la industria minera. A pesar de que la conmemoración fue establecida recientemente a nivel internacional, la incorporación femenina en el sector se remonta desde hace siglos. En el caso concreto de México, han estado presente de distintas formas y en diferentes épocas de la historia del país. No es que hayan estado ausentes, sino que se les había asignado un lugar fuera de las labores propias de la cadena productiva, además de que su presencia no había recibido el reconocimiento que se merece.

Haciendo un recorrido histórico de la mujer en la minería mexicana, se observa que su participación está estrechamente vinculada a las condiciones socioeconómicas y políticas de cada época del país, las cuales influyeron en el tipo de actividades que desempeñaron. Es desde el periodo de la Nueva España, principalmente en los estados de Zacatecas, Guanajuato y San Luis Potosí, que se tiene registro de la presencia femenina en el sector y de las diversas tareas que ejecutaban; como las “galereñas o pepenadoras”, quienes se dedicaban a la limpia y separación del mineral útil, y que, aunque no era considerado como un oficio especializado, requerían conocimientos técnicos para la recuperación de los metales. Por otro lado, en los centros mineros se utilizó la fuerza laboral femenina de diversos orígenes étnicos para la separación de la plata del mercurio; y también en labores secundarias relacionadas con la preparación de alimentos para los trabajadores, y actividades de limpieza en las zonas de trabajo.

En esta época, también se destacó la participación femenina en actividades relacionadas con la esfera empresarial o de gestión. Eran mujeres pertenecientes a la élite que adquirieron un patrimonio heredado y se dedicaban a la administración de propiedades mineras. Sin embargo, la tradición obligatoria de heredar las propiedades a los hijos varones exigió a que la presencia femenina en el panorama empresarial fuera disminuyendo. Asimismo, se vio reducido el número de mujeres en los centros mineros, los cuales experimentaron un notable declive hasta casi desaparecer debido a la disminución de la producción de mineral durante la guerra de Independencia.

Es en el periodo del Porfiriato donde nuevamente aparece la mujer en este sector, principalmente en los estados de Sinaloa, Sonora y Baja California. La modernización de instalaciones y la mejora de condiciones de trabajo permitieron la contratación de mano de obra femenina en labores operativas de la industria. Aunque sus actividades eran las menos calificadas y las más artesanales, recibían una retribución salarial, dando lugar a la “trabajadora asalariada”.

Durante esta época, las labores de las mineras en posición de obreras, y de aquellas en actividades domésticas y de cuidado surgidas desde la Nueva España, siguieron hasta finales del siglo XIX y principios del XX, cuando en 1937 entró en vigor en México el Convenio Internacional del Trabajo C045 sobre el trabajo subterráneo, que dictaba la prohibición del ingreso y participación de las mujeres en labores mineras o subterráneas. Este convenio nunca fue denunciado por el país, sino que fue derogado por decisión de la Conferencia Internacional del Trabajo en 2024, por ser una normativa obsoleta que choca con los principios actuales de igualdad de género en el ámbito laboral y los derechos fundamentales de no discriminación.

Pareciera que este recorrido histórico termina aquí; evidentemente, la incorporación femenina en la minería continua en el México contemporáneo, donde denota que su participación se ha incrementado con lentitud en los diferentes procesos productivos; aspecto que será abordado con mayor detalle en una segunda parte, a fin de profundizar en su relevancia.

*Egresada de la VIII generación del doctorado en Ciencias Sociales de El Colegio de Sonora.