Texto publicado en colaboración con el área de Difusión del Colegio de Sonora.

Por Doctora Marlene Fierro Fimbres.*

Desde las últimas décadas del siglo XX y principios del XXI, la mujer ha estado más activa en la industria minera en comparación con un siglo anterior.

Fue a finales de la década de 1990, en el estado de Sonora, donde aparecieron las primeras trabajadoras mineras en diversas funciones operativas; desde el uso de maquinaria pesada, hasta los procesos químicos para obtener el resultado final. Según la Cámara Minera de México, la incorporación de la fuerza laboral femenina se dio en ese periodo por la falta de varones disponibles para la contratación debido a la alta migración a Estados Unidos; y también, porque se percibió que las aptitudes consideradas intrínsecas de las mujeres (cuidadosas, limpias, meticulosas, etc.) aportan ventajas en la productividad. Aunque este es un discurso que el propio sector enaltece cada que se puede, su solidez comienza a desvanecerse cuando se incorporan datos adicionales, que normalmente permanecen fuera del registro oficial; como son los siguientes puntos:

En primer lugar, la primera empresa minera en incorporar personal femenino en sus operaciones se ubica en Caborca, Sonora, un municipio históricamente de predominio agrícola, donde el sector minero se estableció hace relativamente poco tiempo (28 años); y, desde que inició esta actividad, la fuerza de trabajo empleada ha sido conformada por personal operativo con poca experiencia laboral, y sin una tradición del trabajo minero. Este hecho sugiere que la contratación femenina no se dio por la falta de varones; más bien, no había mano de obra especializada en la región para laborar en esa industria.

En segundo lugar, la empresa responsable presentó en 1996 el Manifiesto de Impacto Ambiental ante la SEMARNAT, para obtener la autorización del cambio de uso de suelo con finalidad minero-industrial; en él se estableció como una condicionante que la contratación de mano de obra provenga de los ejidos y poblados de Caborca, circundantes a la unidad minera; por lo que las primeras trabajadoras residían de los poblados aledaños. Sin embargo, no fue un determinante que definió la pauta para la contratación femenina, sino que, y como tercer lugar, esta empresa adoptó la idea de conformar una fuerza laboral más heterogénea, influenciada por la cultura de trabajo y la diversidad en la mano de obra que una compañía norteamericana manejaba en sus unidades mineras en los Estados Unidos. La influencia no fue causal, ya que la primera era parcialmente propiedad de la segunda.

En cuarto lugar, valorar las aptitudes intrínsecas de la mujer en formas útiles para la industria, tiende a homogenizar su trabajo y a ellas mismas, infravalorar sus habilidades, y ubicar la fuerza laboral femenina basada en estereotipos.

 Dejando de lado el discurso oficial, la participación femenina en la minería del Mexico contemporáneo se dio en un contexto que el propio sector considera favorecedor a nivel global y nacional, en cuanto a la producción de minerales se refiere. Su ingreso formal fue facilitado por la entrada en vigor de las reformas neoliberales orientadas por la lógica del sistema global del mercado, y la modernización tecnológica basada en la progresiva disminución de la fuerza de trabajo física por el uso intensivo de maquinaria, contribuyendo a una mayor productividad, y minimizando los riesgos laborales.

Por otro lado, su ingreso al sector se encontró inmerso en el contexto de flexibilidad laboral que proporcionó dinamismo en el mercado de trabajo; se expresó en cambios de las políticas de los gobiernos, de la regulación de las relaciones laborales, en las formas de organización del trabajo, en políticas de empleo, salarios y formación profesional.

El incremento de mujeres en la minería se acompaña por el acceso de ellas a carreras universitarias, aumentando su nivel de instrucción y con ello también la elección femenina por carreras denominadas “duras”. Y, con la entrada en vigor de legislaciones internacionales y nacionales en materia de la promoción de igualdad de oportunidades y la no discriminación de la mujer, que la minería contemporánea del siglo XXI adoptó, se reconoce que la trabajadora femenina tiene facultad legal para participar en actividades que anteriormente eran permitidas sólo a los hombres.

Aunque lo anterior pareciera un contexto alentador, la presencia femenina en el sector continúa siendo muy reducida. Además, aún existen obstáculos que dificultan el acceso a las mismas oportunidades de desarrollo que los hombres; aspecto que se revisará con mayor detalle en una tercera parte.

*Egresada de la VIII generación del doctorado en Ciencias Sociales de El Colegio de Sonora.

Imagen principal: Tajo de la mina La Herradura, en Caborca, Sonora / Marlene Fierro Fimbres.