La zona norte de Rio de Janeiro vivió el 28 y 29 de octubre la peor masacre del Estado contra sus periferias urbanas. En las llamadas “operaciones policiales”, que sería mejor denominarlas “operaciones de guerra genocida”, los conjuntos de favelas Alemão y Penha vivieron horas de terror y aún estamos lejos de comprender toda la dimensión de esa violencia, cuyo responsable pol´tiioco es el gobernador Claudio Castro. Para sus gobiernos, para él, es que con cada cuerpo puede ganar votos en la próxima elección, y cuanta más sangre se haya derramado, mayor será su fama entre las clases medias y altas que desean ver cuerpos de jóvenes favelados, negros y pobres en el suelo.

Hasta el momento sabemos de más de 120 muertos a manos del Estado. Mientras los medios del sistema intentan humanizar a los cuatro policías que también murieron, relatando sus historias de vida, los más de 120 jovenes van a ser tachados unánimemente como “bandidos que merecen morir”. Los gobiernos de Rio de Janeiro siempre fueron genocidas en relación a las favelas y su población, pero Claudio Castro consiguió ganar en brutalidad y terror a todos sus antecesores. Por detrás de la violencia, más allá del proyecto político inmediato, lo que está en juego no es poner fin al control territorial violento de las favelas, sino quién ejerce ese control. El “Estado miliciano” se mostró con su cara fatal, queriendo ampliar su territorio de influencia para extraer más valor económico y capital político de las periferias de Rio. El racismo territorial y el genocidio fueron asumidos en los videos que propaga el propio estado, donde la “operación” es exaltada como fruto de mucha planificación y trabajo de inteligencia, pero oculta que no hace falta mucha inteligencia para reunir 2.500 policías armados a guerra para salir a asesinar.

Las favelas entramos en una nueva etapa de luto, y no olvidaremos quiénes son los responsables por la masacre de nuestros jóvenes.

Video del gobernador asumiendo la masacre:


Publicado originalmente en http://Desinformemonos