Días de revuelta, días de combate

POR JORGE TADEO VARGAS

Hace unos años me tocó ir a una charla que dio Mario Molina (+) en el senado, donde hablaba sobre cambio climático y transición energética, donde su perspectiva es la de muchos investigadores: las renovables aún están en pañales, por lo tanto los combustibles fósiles deben de verse como parte de esta transición y aquí el gas natural es el caballo de batalla de estos investigadores, además de muchos gobiernos que como es el caso del gobierno mexicano actual, quieren convencer a la ciudadanía de que este energético no solo es limpio, sino que nos puede dar la tan cacareada soberanía energética de la que se viene  hablando en estas dos administraciones federal con MORENA y los chiqui-partidos controlando las políticas públicas en el país.

No me voy a detener a hablar de lo absurdo de su soberanía energética y el como sus propias acciones las contradicen. Esto es algo de lo que ya se ha hablado. En esta columna quiero hablar del fraude del gas natural como el camino hacia la transición energética y el como por décadas nos han venido vendiendo una idea, una mentira que por fin salió a la luz.

En un reciente informe publicado por el Center of Climate Integry, titulado The Fraud of “Clean” Natural Gas, muestran una investigación que documenta cincuenta años de estrategias elaboradas por la industria del petróleo y el gas para posicionar el gas natural como un combustible limpio y de transición. Estrategias que involucran entre otras cosas, gastarse millones de dólares en medios, investigadores y ONGs para asegurar que este discurso fuera aceptado como una verdad absoluta, haciendo que muchos gobiernos apostaran por este combustible, lo que ha generado impactos socio-ecológicos en muchos ecosistemas y territorios.

Más allá de eso hay que mencionar que el gas natural tiene en el metano el principal componente, un gas que desde la década de los sesenta se sabía del impacto en la atmósfera. Documentos internos revelan que corporaciones como Shell (1966) y el American Petroleum Institute (1968) ya sabían que las fugas de metano de sus campos petroleros eran masivas y que este gas tenía un impacto de calentamiento global muy superior al dióxido de carbono. Estos datos, la industria decidió ocultarlos y construir una narrativa que iba en dirección contraria de lo que la ciencia estaba observando con respecto a los daños del metano, llevando a que en la década de los setenta, organizaciones como la American Gas Association y la agencia de publicidad J Walter Thompsonm armaran toda una campaña para vender la idea de que este combustible no solo era la mejor opción para la transición energética, sino que es amigable con los ecosistemas, el medio ambiente y las comunidades. Promovieron el gas como el “puente” ideal hacia un futuro renovable, invisibilizando el impacto de su producción, transporte y fugas.

Una vez que la maquinaria mediática comenzó a trabajar a favor del fraude, se tenía que dar un “respaldo científico” fue así que crearon centros de investigación como el Gas Research Institute para generar estudios con apariencia de objetividad científica, citando selectivamente a investigadores para contrarrestar la evidencia sobre el calentamiento global, con esto presionaron y colaboraron estrechamente con reguladores (como la EPA en EE. UU.), aprovechando la falta de recursos técnicos independientes de las agencias para evitar normativas sobre emisiones de metano. En México y gran parte de Latinoamérica, el Centro Mario Molina es quien más ha trabajado para ocultar la verdad de este fraude, incluso apoyando prácticas como la fractura hidráulica, que ha llevado a que se cree un discurso donde no solo se dice que el gas natural es un buen combustible de transición, sino que la fractura hidráulica es un procedimiento sustentable y amigable con los territorios y los ecosistemas.

Este reporte deja muy clara la inversión millonaria que ha hecho la industria del petróleo y el gas para ocultar las verdades del impacto y el riesgo que se genera con el gas natural, inversión que no solo se ha usado para crear una campaña mediática, sino que ha pagado a investigadores, ONGs, activistas para que sean ellos los principales cabilderos de esta idea de transición energética basada en el gas natural. Saca a la luz cincuenta años de fraudes que si los comparamos con la realidad que estamos viviendo con una crisis climática histórica, lo único que nos deja en claro es que este retraso en políticas globales para frenar la crisis siempre ha tenido en la propia industria al principal enemigo, lamentablemente es la industria quien se ha encargado de callar las voces disidentes.

La importancia de este informe para México es que en la actualidad con la cantidad de proyectos que se tienen planeados para aumentar el uso de gas natural bajo el pretexto de combustible de transición, de soberanía energética, los riesgos de seguir contribuyendo a las injusticias climáticas y ecológicas van en aumento. Los datos del informe son claros y de ser ignorados por el gobierno federal, específicamente por la SENER y la SEMARNAT los convierten en cómplices del colapso que tenemos enfrente.

Me gustaría pensar que este reporte servirá para que las comunidades en resistencia echen abajo los proyectos relacionados con el gas natural, lamentablemente, la industria hará lo imposible por continuar con su campaña de que el gas natural es lo mejor que nos pudo haber pasado.

Desde el autoexilio en los bosques de Klatch City

Profesor, traductor, escritor, exactivista, anarquista y panadero.